La crisis de la economía europea incrementó la xenofobia en España
Por: JUAN TAFUR | 10:08 p.m. | 22 de Noviembre del 2011
Inmigrantes de Marruecos y del África subsahariana a España.
Foto: AFPSe repiten estereotipos, como que los inmigrantes no trabajan, pero quitan puestos de los españoles.
Desde el 2008, de 400.000 extranjeros nuevos por año, se pasó a 6.000.
Hace unos días, el Instituto Nacional de Estadística español anunció que en la próxima década España perderá medio millón de habitantes. La cifra puede parecer insignificante (es el 1,2 % de una población de 46 millones), pero, en el mismo período, en Colombia habrá cinco millones más de colombianos (un 10% más), en Brasil otros 20 millones de brasileños y en India, otros 150 millones de indios.
Incluso países como Francia o Alemania crecerán en pequeños porcentajes. España no. Se irá despoblando y además será un país de gente mayor: un tercio de la población tendrá más de 65 años.
El envejecimiento poblacional preocupa a los gobiernos europeos por la calamidad que se cierne sobre sus sistemas de pensiones: si cada vez trabaja y aporta menos gente, es imposible sostener a cada vez más pensionados.
En España, este proceso se vio amortiguado desde los 90 por la llegada de inmigrantes de Latinoamérica, Marruecos y Europa del este.
Sin embargo, a partir del 2008 la inmigración cayó en picada: de 400.000 extranjeros nuevos por año se ha pasado a un incremento de 6.000. Los pocos que llegan son menos que los que vuelven a su tierra o emigran a terceros países. Se calcula que para el 2014 a España ya no inmigrará nadie.
Para Rafael López, economista y profesor de la Universidad Complutense, en el origen de esta desbandada sigue estando la crisis inmobiliaria del 2008.
Pese a que fue un fenómeno global, España se vio especialmente golpeada: hasta el 2007, se edificaban en el país más obras que en Alemania, Francia e Inglaterra juntas. Miles de inmigrantes encontraron trabajo en las urbanizaciones desmesuradas que se levantaron en estos años.
Otros tantos -junto con miles de españoles- firmaron hipotecas más allá de sus posibilidades, atraídos por la ilusión de tener casa propia. "Todo el mundo se hipotecó, sin pensar en que el precio de las casas era irreal y los intereses del préstamo eran variables. Es decir, que podían quedar debiendo mucho más de lo que valían las propiedades".
La debacle de este "sueño español" se hizo patente en las pasadas elecciones, en las que el partido socialista del presidente Rodríguez Zapatero perdió cerca de la mitad de sus votantes. El cometido del nuevo gobierno de Mariano Rajoy no parece sencillo: en la calle hay 5 millones de personas sin empleo y 300.000 familias embargadas.
Se estima que más de la tercera parte son familias de inmigrantes.
Las organizaciones vinculadas a la inmigración, entre las que se encuentra América España, Solidaridad y Cooperación (Aesco), promueven ante los bancos la dación en pago, que cancela la hipoteca con la entrega de la propiedad. Bajo la legislación actual, el banco tiene derecho a quedársela por la mitad de su valor comercial y a seguir reclamando el resto del préstamo.
El monto promedio de estas deudas está en torno a los 250.000 dólares, casi 500 millones de pesos colombianos.
Para la mayoría de los inmigrantes, saldar una cuenta de este calibre supone trabajar toda la vida para el banco. El problema es de tal magnitud que el Gobierno de Ecuador ha asumido públicamente la defensa de sus nacionales, el colectivo más numeroso de la inmigración.
"Mis amigos españoles me envidian porque dicen que puedo irme a Ecuador -cuenta J. G., un ex obrero de Guayaquil que pide el anonimato-. Pero ya ni de eso estoy seguro". En los últimos meses, el Banco Pichincha, uno de los más grandes de Ecuador, ha comprado miles de millones de dólares en hipotecas de ecuatorianos a los bancos españoles. Muchos embargados dudan ahora de volver a su país, por temor a que sus deudas impagables recaigan sobre sus familiares ecuatorianos.
Curiosamente, en estos años tormentosos las remesas de la inmigración no han disminuido. Incluso han repuntado entre algunos colectivos, como los chinos o los rumanos. El repunte habla de la necesidad que reina en los países de origen y de la infinita capacidad para el rebusque de los afectados. Otros, sin embargo, como el profesor Rafael Pampillón, del Instituto de Empresa, lo atribuyen al abuso de los subsidios al desempleo: los inmigrantes, según esta hipótesis, siguen cobrándolos después de volver a sus países, a costa de los impuestos de los españoles.
Cuesta imaginar cómo los cobran exactamente, dadas las dificultades que los propios españoles tienen para cobrarlos.
Las autoridades se precian de que la actual crisis no ha dado pie a una ola de xenofobia. No obstante, los medios de comunicación registran un sensible deterioro en la imagen del inmigrante.
Lo corrobora Juan Carlos Durán, un economista que dicta cursos de formación para desempleados que conviven con la inmigración.
"La mayoría de las críticas son estereotipos que se repiten sin pensar. Por ejemplo, se dice que los inmigrantes tienen casa gratis porque de todos modos nunca pagan el alquiler. O que son vagos y no trabajan, pero les quitan puestos de trabajo a los españoles. O que el Gobierno firmó un acuerdo con China y por eso los chinos no pagan impuestos y se hacen ricos en España".
En mayo pasado, un estudio de la Fundación La Caixa reveló que los inmigrantes aportan a España tres veces más de lo que reciben: sus contribuciones representan el 20% de los ingresos de la Seguridad Social y solo cobran el 6% de las prestaciones.
Una mirada a los foros de Internet sobre la inmigración basta para constatar que no hay evidencia seria para estos prejuicios, alimentados por el temor al otro y la incertidumbre sobre el futuro.
Solo rara vez se recuerda que, desde 1492 hasta la muerte de Franco, España fue un país de desterrados, exilados y emigrantes y que hoy en día miles de jóvenes españoles buscan otra vez mejores horizontes en Europa y en Latinoamérica. Muchos de sus conciudadanos parecen olvidar que también son inmigrantes en otra parte.
Un fantasma recorre España. Es marroquí, ecuatoriano, colombiano, rumano, guineano, chino. Vino en otro tiempo a recoger la fresa o a cuidar ancianos o a desempeñar cualquiera de los oficios que ya no querían hacer los españoles.
Hoy, es sospechoso de ser islamista o ladrón o, como mínimo, de abusar de las ayudas estatales.
Tiene la desvergüenza de ir al hospital cuando está enfermo y de llevar al colegio a sus hijos. Dentro de un par de décadas, incluso podría ocurrírsele cobrar una pensión. Para entonces, es probable que en España ya no existan pensiones ni ayudas ni hospitales públicos. Es una suerte que este inmigrante impensable sea una fantasma y ya no viva aquí hace años.
Sobre el autor
Colombiano. Ha publicado 'La pasión de María Magdalena', 'El viajero de dos mundos' y '99 lugares para hablar con Dios' (Planeta).
JUAN TAFUR
ESPECIAL PARA EL TIEMPO
MADRID




