‘Todos somos descendientes de Mayo del 68’

‘Todos somos descendientes de Mayo del 68’

El escritor francés Pascal Bruckner habló con EL TIEMPO sobre el significado de esta fecha.

Mayo del 68

El Movimiento del 22 de marzo de 1968 fue el precursor de la revuelta estudiantil que dos meses después paralizó a Francia.

Foto:

EFE

01 de mayo 2018 , 11:17 p.m.

Pascal Bruckner no tiró piedra en las barricadas del Barrio Latino ni escribió grafitis en los muros de la Universidad Sorbona en las protestas que sacudieron a París desde marzo de 1968.

Pero el escritor y ensayista, ganador de dos importantes premios literarios (Médicis, en 1995, y Renaudot, en 1997), sí disfrutó los dos meses de foro permanente y desorden simpático, experimentaciones y sociedad sin barreras, que caracterizaron lo que se conoce hoy como ‘mai 68’ (mayo del 68).

Bruckner no deja de lado las sombras del movimiento, pues el simpático y en apariencia libertario mayo francés también legó, paradójicamente, algunas consignas inhumanas y autoritarias.

En el siguiente inventario de esos acontecimientos que hace para EL TIEMPO medio siglo después, el destacado intelectual francés estima que Mayo del 68 “no inventó nada”, pero todos somos en cierto modo sus “descendientes”.

Usted tenía 19 años en Mayo del 68, era estudiante del prestigioso colegio Henri IV, situado a un par de cuadras de la Sorbona. ¿Cómo vivió esos acontecimientos?

En esa época yo no estaba politizado. No era comunista ni maoista ni troskista ni castrista. Era un simple testigo que salía del colegio y se dirigía directamente a la Sorbona para ver lo que estaba pasando.

De hecho, en ese momento no entendí muy bien lo que estaba pasando. En cierto modo pasé a un lado de los acontecimientos. Me limité a disfrutar dos meses de vacaciones muy agradables.

Se discutía todo el tiempo. Todo el mundo hablaba con todo el mundo. El país se había convertido en una inmensa ágora. Francia era un vasto foro. De repente se habían derrumbado todas las barreras; las barreras de clase, edad, generación, etc. Fue un momento simpático y de una gran calidez humana.

En Mayo del 68 fueron fructíferas varias consignas. Una de las más recordadas fue: ‘Disfrutar sin obstáculos’. Sin querer ser indiscreto, ¿practicó usted en el 68 eso de ‘disfrutar sin obstáculos’?

No, en ese momento no. Después sí, un poco. Pero quiero precisar que esa consigna me parece inhumana. Vivir sin tiempos muertos y disfrutar sin obstáculos es lo que hacen los personajes del Marqués de Sade que van hasta el crimen. Eso es algo inhumano en el plano de los sentimientos, excepto en las novelas de Sade o en las de otros autores eróticos.

Esa consigna libertaria se ha vuelto legendaria ¿Por qué?

Yo no diría que es libertaria. Solamente lo es en apariencia. En realidad es una consigna publicitaria. Solo en el universo del consumo y de la comunicación se puede disfrutar sin obstáculos y vivir sin tiempos muertos.

La vida amorosa, incluso aquellas historias de amor que son plenas, experimentan tiempos muertos, interrupciones, esperas. Dicho esto, reconozco que es un bonito lema.

¿Cuál es el balance positivo que usted hace de Mayo del 68?

Lo positivo... Que yo era joven. Hablando en serio, creo que la cuestión va más allá y no se puede plantear en términos de positivo y negativo. En realidad, todos somos descendientes de Mayo del 68. Tenemos derecho a hacer un inventario de ese periodo, pero es innegable que en ese momento se hizo una especie de síntesis de la revolución de la moral, de la ecología moderna, del feminismo, del individualismo democrático. Mayo del 68 no inventó nada, pero fue una muy buena síntesis de todos los movimientos anteriores.

¿Cuáles?

Entre otros, la ecología que nació con Rousseau; el feminismo que nació en el siglo XIX; el individualismo democrático que estaba en ciernes en Europa desde el Renacimiento, y el hedonismo, que es una vieja reivindicación de los libertinos contra la Iglesia católica.

Mayo del 68 fue una especie de precipitación química de todos esos elementos. Todos ellos fueron reorganizados de otra manera. Mayo del 68 es la matriz del mundo actual. En ese momento se organizaron todas nuestras existencias. También marcó el fin, entre otras cosas, del comunismo. Fue el fin del control del Partido Comunista sobre la inteligencia francesa y europea. Y, al mismo tiempo, fue el comienzo de un movimiento antitotalitario.

En realidad, todos somos descendientes de Mayo del 68

Si Mayo del 68 no inventó nada, como usted dice, ¿qué nombre le daría entonces a ese movimiento?

Fue un sincretismo, una especie de gran caldera, un ‘melting pot’ en el que las ideas anteriores se juntaron y se mezclaron para crear la mentalidad moderna. Fue, repito, la matriz que dio nacimiento al hombre y a la mujer contemporáneos.

En una entrevista que concedió al semanario ‘L’Express’, refiriéndose a lo que se decía en Mayo del 68 sobre el sexo, la ‘teorización del sexo’, usted citaba una frase de Chesterton: ‘El mundo moderno está lleno de ideas cristianas que se han vuelto locas’. ¿Por qué?

En Francia la población en su gran mayoría es descristianizada, no es creyente. Pero los grandes reflejos sí son los del cristianismo. Un cristianismo laicizado, pero cristianismo en todo caso.

Voy a darle un ejemplo de lo que dice Chesterton. La victimización en el mundo moderno viene directamente del cristianismo y de su culto de la víctima a través de la figura de Jesús. Al dejarse crucificar en la cruz, Jesús salva a los hombres, ya que porta sobre sus hombros los pecados de toda la humanidad. La victimización actual es una deriva loca de esa idea cristiana que no está controlada por los dogmas y la palabra evangélica. En el mundo contemporáneo podemos observar varios momentos cristianos.

¿Por ejemplo?

También podemos decir que el marxismo es una idea cristiana que se ha vuelto loca porque la clase obrera es la figura laicizada de Cristo. La clase obrera no es nada, pero se transformará en todo porque se va sacrificar por la salvación de la humanidad. En muchos aspectos de la vida de las sociedades occidentales se pueden encontrar ideas cristianas que se han vuelto locas.

La victimización en el mundo moderno viene directamente del cristianismo y de su culto de la víctima a través de la figura de Jesús

Mayo del 68 también ha sido un movimiento muy criticado. ¿Por qué?

Muy poco tiempo después, desde finales de los años 60 y comienzos de los 70, se desarrolló un completo sistema de dogmas políticos y sexuales derivados de Mayo del 68.

Poco a poco surgió una nueva doxa que varios filósofos y sociólogos se dedicaron a criticar porque se pretendía imponer un nuevo modo de vida que rompiera por completo con el de la burguesía anterior. Entre otros puntos, el individualismo que se transforma en narcisismo; la revolución sexual que termina con nuevas consignas autoritarias; la proscripción del sentimiento.

Yo mismo, con el filósofo Alain Finkielkraut, publiqué en 1977 un libro titulado ‘El nuevo desorden amoroso’ en el que denunciábamos una especie de “terrorismo del orgasmo”. Se decía por ejemplo que teníamos que gozar siguiendo nuestras pulsiones porque de lo contrario éramos unos malos ciudadanos.

¿No fue Mayo del 68 el momento en que entra en crisis la pareja, lo que hace que medio siglo después aquí en París, por ejemplo, la mitad de los matrimonios terminan en un divorcio?

No. La crisis a la que usted se refiere data al menos de la Revolución francesa, cuando aparece el matrimonio de amor, cuando las personas se casan por amor, no por obligación, y se instaura el divorcio como una posibilidad para los esposos. Creo, si mi memoria no me falla, que el divorcio fue instituido en 1791. Es una vieja idea.

¿Fue Mayo del 68 un buen momento para las mujeres?

No estoy seguro de que haya sido una buena época para las mujeres. En realidad, todo depende de qué mujeres habla usted. Porque “las mujeres” no existen. Lo que hay son mujeres ricas, mujeres pobres, mujeres con poder o mujeres explotadas.

Lo que sí puedo decirle es que fue un periodo de experimentación. Lo ensayamos todo. Además, en esos años no había enfermedades graves ni tanto desempleo. Se podía actuar sin que nuestras acciones tuvieran consecuencias dramáticas. Las cosas comenzaron a cambiar a partir del decenio de los 80 con la llegada del sida. Es ahí cuando aparece la noción de responsabilidad.

ASBEL LÓPEZ
Para EL TIEMPO
París

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