Terrorismo, marca registrada de un mundo en ebullición

Terrorismo, marca registrada de un mundo en ebullición

El 2016 marcó un declive de Al Qaeda y EI en Oriente Próximo, pero impactantes atentados en Europa.

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Un hombre se sienta junto al cuerpo sin vida de su pareja luego de que un yihadista embistió con su camión a una multitud que celebraba el día nacional de Francia en Niza.

Foto:

Eric Gaillard / Reuters

10 de diciembre 2016 , 11:14 p.m.

El desafío terrorista que enfrentó el mundo en el año que termina, que no es nuevo, y que se pronostica seguirá golpeando diversos lugares, tiene dos claros vectores que de no controlarse seguirán sembrando de dolor y muerte las sociedades donde el fenómeno siga vigente.

El primero tiene que ver con el terrorismo que se desarrolla en países del mundo islámico que viven severos conflictos internos o abiertas guerras civiles, como el caso de Siria, Irak, Afganistán y Pakistán. Esto incluye todos sus ecos regionales, que involucran, por ejemplo, a la cercana Turquía, que vivió un año con múltiples factores de inestabilidad, desde un frustrado intento de golpe de Estado hasta varios ataques de naturaleza terrorista, algunos responsabilidad del Estado Islámico (EI) y otros de las reivindicaciones independentistas kurdas.

En el trámite de estas guerras fueron habituales este año los ataques contra la población civil, desde un mercado repleto de niños y mujeres, hasta en las filas de jóvenes que intentaban enlistarse en los cuerpos de policía, siempre con un elemento relacionado con las luchas entre sectas musulmanas (suníes contra chiíes) que han dominado la conflictividad en Oriente Próximo.

“Los conflictos en Irak y Siria han generado una gran cantidad de atentados terroristas, la mayoría locales. El 99 por ciento del terrorismo ocurre fuera de Occidente y se produce dentro de un conflicto violento más amplio, como en el caso de una guerra civil, pero algunos traspasan las fronteras, como en el caso de Turquía, junto con Europa occidental y Estados Unidos. Este tipo de terrorismo está inspirado en EI o Al Qaeda en lugar de estar dirigidos directamente por ellos”, dice a EL TIEMPO Benjamin Friedman, investigador en estudios de defensa y seguridad nacional del Instituto estadounidense Cato.

Y el segundo vector está relacionado con los problemas que sociedades abiertas en Europa y Estados Unidos están teniendo con la adaptación, si es que así se le puede llamar, de jóvenes de familias musulmanas, de segunda o tercera generación, que no se sienten ni de la tierra de sus ancestros, ni de la tierra de promisión que les pintaron a sus padres o abuelos cuando tomaron la decisión de emigrar de sus lugares de origen. (Lea también: Muertes por terrorismo caen en el mundo y suben 650% en países de Ocde)

Atentados como el de Bruselas (Bélgica), de marzo, o el de Niza (Francia), del 14 de julio, o incluso el perpetrado contra una discoteca de Orlando (Estados Unidos), en junio, podrían entrar en esta clasificación que se podría resumir en una frase que los medios de comunicación franceses han acuñado para ilustrar la bomba social que ha venido explotando en algunos de los barrios de las periferias de las principales capitales de Europa y que se ha traducido en ataques terroristas tan inauditos como mediática y políticamente estremecedores: “Es más fácil en Francia conseguir trabajo si te llamas Didier, a si te llamas Mohammed”.

No importa si ese Mohammed es nacido en Francia, y estudia en colegio público –como todos– y desde pequeño le enseñan La Marsellesa, el himno nacional de ese país.

“Problema imputable no solo a la actuación o ausencia de ella por parte de Gobiernos y sociedades civiles, sino a dinámicas de intencionada autosegregación introducidas dentro de las comunidades musulmanas por dirigentes y congregaciones de orientación salafista o similar”, analiza Fernando Reinares, director del Programa de Terrorismo Global del Real Instituto Elcano, de España.

“El factor desencadenante de todo esto no está en los países árabes, sino en Europa. Es un problema identitario”, le dijo a EL TIEMPO el experto español Ignacio Cembrero. “Los jóvenes musulmanes en España me decían: ‘Ya no soy del país de mis padres porque vamos muy poco allá, no hablo bien el idioma, no entiendo las claves del país. Pero tampoco soy de donde vivo porque me consideran extranjero, me miran raro, porque cuando llega el Ramadán no bajo al comedor de la Universidad o del instituto porque ayuno. ¿Qué me queda? Ser musulmán, ya que eso resuelve mi problema de identidad, abrazo mi religión con mucha fuerza, aunque algunos abracen versiones extraviadas’ ”.

Células durmientes

Esto es lo que ha llevado a fenómenos como las pequeñas células terroristas durmientes que empezaron a ser usadas por Al Qaeda en Madrid y Londres en 2004 y 2005, respectivamente, y que revivieron con los atentados en París el 13 de noviembre de 2015 y luego en Bruselas en marzo pasado, aunque con ciertas diferencias.

Pero de la misma forma que dieron a luz a los ‘lobos solitarios’, ese oscuro fenómeno muy difícil de detectar por los organismos policiales y de inteligencia, con mínimos recursos y escasa logística puede causar enormes daños, como sucedió con el atentado de Niza en julio pasado, en el que un hombre con un camión atropelló a la multitud que celebraba el Día Nacional matando a 85 personas y dejando heridas a más de 300.

“Los lobos solitarios son personajes impredecibles y poder identificarlos requiere de mucha investigación y seguimiento. Su perfil psicológico podría ayudar a reconocerlos, pero sin duda es muy difícil anticipar un ataque de uno de estos desequilibrados”, dijo a este diario José Luis Orozco Alcántar, profesor de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Por eso, más que las guerras en los territorios controlados por los grupos yihadistas, la principal amenaza es el mensaje de radicalización que envían a través de su sugestiva propaganda: “El mensaje difundido por grupos como EI alentando la radicalización de los jóvenes en Occidente es la mayor amenaza para la seguridad nacional, más que lo que sucede en los territorios controlados por este grupo terrorista”, dice a EL TIEMPO Andrew Mumford, profesor de la Escuela de política y relaciones internacionales de la Universidad de Nottingham y codirector del centro para el conflicto, la seguridad y el terrorismo.

Para Friedman, lo de Orlando dejó claro que “incluso cuando hay motivos para sospechar, es difícil detener todos los ataques, porque no se puede arrestar a cualquier persona de la que se sospecha por poseer un arma. Y este es otro de los problemas: la venta de armas en EE. UU., la falta de legislación y el fácil acceso a estas”.

Sobre el terreno, los grupos yihadistas como el Estado Islámico y Al Qaeda han venido perdiendo la guerra abierta en lo que denominaron su ‘califato’ debido a las ofensivas de las fuerzas gubernamentales en Siria e Irak apoyadas por Rusia y Occidente. Incluso, algunos analistas hablan del declive de estos grupos, por lo que ven que, por una parte, habrá muchas operaciones de venganza, muy probablemente en territorio europeo, y por otro se preparan para una mutación del fenómeno terrorista.

“Un montón de yihadistas se han quedado sin trabajo en Irak y Siria y por otro lado ellos han vivido por años en el ‘califato’. Estas personas vuelven a sus países donde tienen ciudadanía original e intentan vengarse y demostrarle a Occidente que viven. Así las cosas, en cuanto el EI pierda territorio van a aumentar los atentados en Europa, que es en donde ellos tienen su base fuerte de exyihadistas”, explica a EL TIEMPO Gabriel Ben Tasgal, asesor en temas de terrorismo islámico.

De ahí que los atentados en Occidente “sean llevados a cabo por ‘lobos solitarios’, mientras que en países de Oriente Próximo sean coordinados por los mismos grupos terroristas, y en algunos casos sean ordenados por los mismos líderes de los grupos”, explica Mumford, para resaltar que así como hay excombatientes que han regresado adoctrinados a los países europeos, también hay otros ‘solitarios’ que sin tener ningún contacto directo con la guerra o con algún tipo de entrenamiento o asesoría, terminan cometiendo atentados por ‘inspiración’ alentados por las redes sociales y las páginas yihadistas de internet.

En el balance final de la gestión de su lucha contra el terrorismo de los ocho años de su mandato, en su último discurso sobre temas de defensa, el presidente estadounidense, Barack Obama, dijo el martes que había logrado golpear la columna vertebral del EI, y advirtió a su sucesor, Donald Trump, que esa amenaza no desaparecerá con intervencionismo, torturas o intolerancia contra los musulmanes.

El ascenso de la ultraderecha

El terrorismo copó la agenda de su mandato así como la de su antecesor, y la de otros mandatarios de países que han visto cómo este tipo de atentados han provocado fuertes movimientos en las corrientes políticas, en especial una espectacular remontada de los movimientos de extrema derecha que quieren privilegiar la mano dura, la represión, la estigmatización de los musulmanes e incluso la tortura.

Ese es el caso de Trump, que en campaña prometió controles extremos a la llegada de musulmanes, así como reinstalar polémicos métodos de tortura como el ‘waterboarding’. Es la tentación de pasar por encima de la ley con la justificación de que los terroristas no lo hacen.

Y en países que han sufrido demoledores ataques terroristas, como Francia y Bélgica, y en general en varios países de Europa, las próximas elecciones se ven con preocupación por el ascenso de la ultraderecha y de movimientos populistas y antiestablecimiento que suelen decir exactamente lo que la gente quiere escuchar, sin medir las consecuencias.

“Cada nuevo atentado son más votos para la extrema derecha. En especial en países como Francia, Holanda o Bélgica, e incluso en el Reino Unido”, dice Cembrero, que prevé más atentados y de la misma forma una reacción de los movimientos de extrema derecha en contra de las poblaciones musulmanas.

“Hasta ahora, la extrema derecha tiene un discurso nada más, agresivo, xenófobo, racista, pero solo es un discurso. Pero también creo que va a dar un paso más, que es atacar, agredir. Ya lo decía un jefe de la inteligencia francesa: ‘aparte de perseguir a los terroristas, ahora vamos a tener que seguir muy de cerca a la ultraderecha’ ”.

Los analistas coinciden en dos elementos: así como se percibe un declive de Al Qaeda y el EI, también creen que la ‘marca’ de esta última, como multinacional del terror en que se ha convertido, va a estar atormentando a los gobiernos unos años más. Por eso el desafío para el mundo, más allá de la respuesta militar, policial o de inteligencia, es que esta ‘marca’ deje de ser tan atractiva para los jóvenes musulmanes europeos y estadounidenses.

EDUARD SOTO
Editor Internacional
Twitter: @edusot

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