Lo que define hoy al centro

Lo que define hoy al centro

El enfoque político del centro no puede darse el lujo de ser frío y tecnocrático.

Macron

Emanuel Macron, presidente de Francia.

Foto:

Patrick Kovarik / AFP

03 de junio 2017 , 11:51 p.m.

A la prensa internacional le ha resultado difícil etiquetar las posturas políticas de Emanuel Macron, el ganador de las presidenciales en Francia. Algunos lo han llamado ‘liberal’ y otros, ‘moderado’, pero la mayoría se decantó por ‘de centro’.

Opción comprensible, pero que no deja de tener problemas, pues sugiere un punto medio, como si las ideas de centro fueran solo una combinación de las de la derecha y las de la izquierda.

En realidad, los movimientos políticos de centro que han tenido éxito forman parte de lo que el sociólogo Anthony Giddens llama el ‘centro radical’: tienen una ideología clara e ideas propias. Macron y otros liberales, como el primer ministro canadiense Justin Trudeau, o el nuevo partido Ciudadanos en España, están todavía en proceso de definir lo que defienden. He aquí mi opinión de lo que una agenda política de centro, liberal y moderna debería incluir.

Comencemos con algo de filosofía política. A la derecha le gusta afirmar que defiende la libertad. Pero su idea de libertad corresponde a lo que Isaiah Berlin ha llamado libertad negativa: estar libre de coerción por parte del gobierno, de regulaciones excesivas o de tributación punitiva. Sin embargo, puesto que un niño que creció en la pobreza, asistió a escuelas mediocres y fue objeto de discriminación carece de lo que Berlín llama ‘libertad positiva’ para convertirse en astrofísico o en magnate de Wall Street, los centristas creen que para que los ciudadanos sean verdaderamente libres, las políticas gubernamentales deberían asegurar oportunidades básicas para todos.

La izquierda, por su parte, sostiene que defiende la igualdad. Pero ¿qué tipo de igualdad? ¿De ingresos, de riqueza, de felicidad? Y como carece de respuestas precisas a estas preguntas, la izquierda tradicional tiende a abarcar demasiado –permitiendo que el gobierno se expanda sin límites– o termina enfocándose más en los medios que en los fines. Por ejemplo, los izquierdistas insisten en que la educación universitaria debería ser gratis para todos, en lugar de ocuparse de la calidad de dicha educación.

En contraste, los centristas modernos abogan por un gobierno que sea del tamaño que requiere la tarea de asegurar la libertad positiva –no más, no menos–. La académica estadounidense experta en filosofía política Elizabeth Anderson llama ‘igualdad democrática’ a este estándar. El gobierno debería garantizar (y, de ser necesario, costear) una educación que sea suficientemente buena como para entregar los conocimientos que permiten a los ciudadanos interactuar como iguales. Un nuevo centro liberal debería ser promercado en lugar de proempresa. Y debería partir del hecho de que ninguna economía ha crecido de modo sostenido sin utilizar el mercado y el libre intercambio. Sin embargo, a diferencia de los libertarios, los centristas no creen que los mercados pueden curar todos los males; por el contrario, en algunos casos (las finanzas son el ejemplo más obvio), los mercados no regulados pueden ser fuente de inestabilidad. Y, a diferencia de los conservadores, amigos de los empresarios, los centristas no creen que la competencia caiga del cielo: se la debe promover a través de potentes leyes y políticas antimonopolios.

El tamaño del gobierno y la naturaleza de los mercados son dos cuestiones claves. La globalización es otra. El libre movimiento de personas, bienes y servicios a través de las fronteras aumenta la eficiencia y ayuda a los países a lograr prosperidad. Pero los seres humanos no vivimos solo de la prosperidad material. Prosperamos espiritualmente cuando nos sentimos parte de una comunidad, de una empresa humana compartida. Hoy, ese sentido de comunidad se encuentra enraizado con frecuencia en la nación-Estado.

La forma de lograr la cuadratura de este aparente círculo es observando que no amamos a nuestra patria a causa de un erróneo sentido de superioridad étnica o racial, sino porque ella representa valores que son universales y nobles. Esta postura filosófica tiene implicaciones prácticas. Como principio general, los centristas liberales están fuertemente a favor del movimiento internacional de personas y bienes, pero deberían estar dispuestos a considerar límites cuando esté en juego la cohesión nacional. En lugar de oponerse a la inmigración, tendrían que ofrecer una política de migración inteligente.

Otra implicación es que el enfoque político del centro no puede darse el lujo de ser frío y tecnocrático. El amor por las instituciones democráticas liberales no es espontáneo, se lo debe cultivar. Para ello sirven los ritos republicanos y la retórica política persuasiva. Esto es algo que comprenden los líderes políticos de éxito.

Por último, no menos importante, los centristas liberales deberían ser antipopulistas. Los populistas son demagogos que prometen lo inasequible; están dispuestos a incurrir en déficits y deudas que nuestros nietos tendrán que repagar. En contraste, los liberales comprenden que la macroeconomía sólida es buena para la política. No obstante, una economía sólida no es suficiente para dar al liberalismo una ventaja en la lucha contra el populismo. Los populistas complacen, dicen lo que ellos creen que los votantes quieren oír, y manipulan miedos y ansiedades de estos. En contraste, los centristas deberían tratar a votantes como adultos y decirles la verdad, y nada más que la verdad.

A través de su campaña, Macron les dijo a los franceses cosas que algunos de ellos probablemente no querían oír: que Francia ha perdido competitividad, que sus industrias ya no lideran al mundo, y que para prosperar los franceses tendrán que adquirir nuevos conocimientos, innovar más, y abrir más –no menos– su economía al mundo. No fue un mensaje fácil de entregar. Pero los franceses lo comprendieron. Las políticas radicales no sirven, pero sí sirve la verdad radical. Políticos centristas del mundo: ‘¡en marche!’

ANDRÉS VELASCO
Excandidato presidencial y exministro de Hacienda de Chile. Profesor en Columbia University
© Project Syndicate
Santiago de Chile

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