"No tengo cigarrillos, pero... tengo claveles"
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"No tengo cigarrillos, pero... tengo claveles"

Cada 25 de abril, desde 1974, Portugal recuerda la revolución de los claveles.

Revolución de los Claveles

El presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa, antes de ofrecer un discurso durante el homenaje del 43 aniversario de la Revolución de los Claveles

Foto:

Miguel A. Lopes / EFE

25 de abril 2017 , 04:26 p.m.

¿Disculpe, tiene un cigarrillo?, preguntó el soldado a la mujer. Esta contestó: “No tengo cigarrillos, no fumo, pero tengo claveles”, y puso uno de ellos, rojo, en la punta del fusil del militar. Había comenzado la Revolución de los claveles.

Era un día de primavera, el 25 de abril de 1974, en Portugal. La mujer se llamaba Celeste Caeiro. El soldado hacía parte de un contingente liderado por capitanes de las fuerzas armadas portuguesas que se habían propuesto derrocar un régimen autoritario que había asfixiado al país por más de cuatro décadas. El grupo de los llamados posteriormente “capitanes de abril” se componía de oficiales de rango mediano, a los cuales se habían unido algunos generales como Antonio de Spínola, que sabían que el futuro del país tendría que pasar por dos pilares fundamentales, las dos “D”: la Descolonización y la Democracia. ¿Cómo se había llegado a esto?

No tengo cigarrillos, no fumo, pero tengo claveles

El académico Adolfo Cuento enfatiza que “Portugal logró construir un imperio colonial en África tan notable como desajustado a las aparentes capacidades del país”. Por otro lado, los movimientos independentistas africanos, en escenarios tales como Angola, Mozambique y Guinea-Bisáu, no aceptaban la argumentación de Salazar, el primer ministro luso, quién al instituir el Estado Novo (Estado Nuevo) en 1933, había señalado que dichos territorios no eran colonias, sino “provincias ultramarinas”. La guerra colonial, inevitable, comenzaba en 1961 y la lucha armada independentista se intensificaba en 1970.

Mientras tanto, Salazar, que había sido exitoso en controlar el gasto público, la inflación y el déficit de la balanza de pagos, no iba a lograr hacer de Portugal un país competitivo, si su economía se estancaba. Además, los opositores políticos serían perseguidos y las elecciones dejarían de ser libres.

Frente a un pujante 'milagro alemán' y a una Europa occidental en franco progreso, muchos portugueses emigraron, no solo en busca de oportunidades laborales, sino para escaparse de la guerra colonial

Alejado del poder en 1968 por motivos de salud, Salazar sería sustituido por Marcelo Caetano, un profesor universitario de Derecho, en quien muchos habían depositado sus esperanzas de cambio. Pero la guerra colonial seguiría y las reformas no serían dignas de esa caracterización. Frente a un pujante “milagro alemán”, y a una Europa occidental en franco progreso, muchos portugueses emigraron, no solo en busca de oportunidades laborales, sino para escaparse de la guerra colonial. Finalmente, en abril de 1974 la Revolución de los claveles derrumba un régimen desgastado y obsoleto.

Fueron liberados los presos políticos y retornaron del exilio los líderes de la oposición. Se convocaba a elecciones libres y se establecía una democracia parlamentaria. Finalizaba la guerra colonial y se garantizaba la independencia de las colonias africanas, antes de finalizar 1975. La revolución también había dado relevantes derechos a las mujeres, tales como el derecho al voto sin restricciones.

En cuanto al movimiento de los “capitanes de abril”, este no lograría, después del 25 de abril, la cohesión que lo había llevado a concretar de manera tan firme la Revolución de los claveles. Sin embargo, lo cierto es que un grupo de oficiales, con el trasfondo de la guerra colonial, había recuperado el futuro para los jóvenes del país.

En España, la experiencia sería diferente, con un golpe de Estado fallido, que había intentado regresar al pasado autoritario, y había frenado el proceso de democratización, aunque solo temporalmente

En Portugal, en los años 70 y 80, el camino de la modernización sería duro. Como lo recalca el académico Fernández Sánchez, la nación necesitaba de una reintegración a la economía mundial, de nuevos modelos económicos, salir de relaciones tradicionales proteccionistas (antes con las colonias) e impulsar nuevas formas de productividad.

Portugal reinventa su identidad europea, primero con la adhesión, en 1986, a la Comunidad Económica Europea. Asimismo, como lo enfatizaría el ministro de exteriores Gama, pasaría a reivindicar su condición de país-puente, trabajando por la unión “entre Europa, América y África y Asia”.

La Revolución de los claveles, la cual se había dado sin un baño de sangre, había devuelto la esperanza a un país estancado y periférico, a cuyos jóvenes solo les había quedado una posibilidad: salir al extranjero.

GISELA DA SILVA GUEVARA
Docente-investigadora de la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad Externado

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