Por qué el caso escocés es diferente en la Unión Europea

Por qué el caso escocés es diferente en la Unión Europea

Si Escocia quisiera separarse de la UE y lo logrará, luego debería pedir una adhesión a Londres.

Brexit

Los tratados europeos no establecen la posibilidad de que una región de un país miembro del bloque haga secesión y siga en la UE.

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EFE

09 de junio 2017 , 09:26 p.m.

“Eso es un problema de orden interno español”. Esa respuesta la repiten funcionarios y portavoces europeos cuando se les pregunta por el proceso secesionista catalán.

Cuando la cuestión es sobre el nacionalismo escocés, las respuestas son distintas en cuanto a la letra, pero llevan todas la misma música: Europa mantendrá la puerta abierta a una hipotética Escocia independiente que quiera ingresar en el club.

Cuando los británicos decidieron en un referendo el 23 de junio del año pasado que su país debía salir de la UE, casi dos tercios de los escoceses votaron por seguir. Esa diferencia animó al SNP nacionalista de Nicola Sturgeon a pedir un segundo referendo de independencia. El primero, en septiembre del 2014, resultó en un 45 por ciento de votos por la independencia y un 55 de votos por permanecer en el Reino Unido.

El brexit dejó a muchos escoceses con el sentimiento de haber sido traicionados porque cuando votaron sobre su independencia Londres les dijo que si se separaban, salían de la UE. Y legalmente así hubiera sido. Pero el brexit cambia el escenario y ahora son los ingleses los que con su voto sacan a los escoceses de la UE.

Con las leyes europeas sobre la mesa, una hipotética Escocia independiente que quisiera ingresar de nuevo en la UE tras separarse de Londres debería pedir su adhesión, que se negociaría con la Comisión Europea y debería tener el visto bueno de los otros socios del bloque. Escocia, con cuatro décadas de pertenencia a la UE como región británica, podría negociar en meses. Londres no podría evitarlo si la región ya se independizó. Bruselas abriría la puerta a un nuevo socio que además sería contribuyente neto a los presupuestos europeos.

El caso catalán se parece al escocés como un huevo a una castaña. La Constitución española no permite que una región –en este caso Cataluña– celebre un referendo de independencia y el Gobierno español tampoco está dispuesto a tolerarlo. Más allá de que la posición política de Madrid sea inteligente o no, desde Bruselas se ve como un problema interno español, un charco al cual es mejor no acercarse.

El presidente de Cataluña, Carles Puigdemont, y su antecesor Artur Mas nunca son recibidos por los presidentes de las instituciones europeas cuando viajan a Bruselas. Esos mismos dirigentes europeos sí se reúnen –y solo por citar regiones españolas– con los presidentes de Andalucía o País Vasco.

Los tratados europeos no establecen la posibilidad de que una región de un país miembro del bloque haga secesión y siga en la UE.

Así, desde Bruselas se ha repetido que una hipotética Cataluña independiente saldría de la UE y debería pedir su adhesión.

Pero al contrario del caso escocés –en el que el Reino Unido ya no sería miembro–, en el español Madrid podría vetar sine die esa entrada catalana. Los sondeos son claros desde hace años. El apoyo ciudadano a la independencia cae con fuerza si la población cree que separarse de España es salirse de la UE.

IDAFE MARTÍN PÉREZ
Para EL TIEMPO

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