París lucha por dejar atrás los ataques del 13-N

París lucha por dejar atrás los ataques del 13-N

La capital francesa recordará este domingo que su principal enemigo es el terrorismo.

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Al frente del Bataclan decenas de personas llegaron para dejar flores conmemorativas.

Foto:

Philippe Lopez / AFP

12 de noviembre 2016 , 10:52 p.m.

Un año después de los ataques perpetrados el 13 de noviembre del 2015 (13-N, como ahora se le conoce a esta fecha), a la capital francesa le ha costado retomar ese aire de confianza que tanto la definía. Sus habitantes viven con el temor y las secuelas que dejó uno de los atentados más sangrientos de la oleada terrorista que ha sacudido a Europa recientemente.

Tres comandos yihadistas asesinaron en la noche del 13-N a 130 personas en varios sitios de la Ciudad Luz, incluyendo entre ellos la sala de conciertos Bataclan –en la que murieron 90 personas–, un café y un restaurante en cercanías del Estadio de Francia, en Saint-Denis. Más de 400 también resultaron heridas, de la cuales 20 continúan recibiendo tratamiento médico y 600 siguen recibiendo ayuda psicológica.

Esa noche marcó un antes y un después en la vida cotidiana de los habitantes de la bella ciudad. París vive ahora en una constante alerta.

Luego de este ataque, el terror yihadista tomó dirección hacía la Costa Azul, en Niza, un 14 de julio (el día de la Bastilla) y acabó con la vida de 86 personas, incluyendo varios niños. Era el escenario que más temían las autoridades, el terrorismo atacaba en los momentos en los que había un mayor grupo de personas congregadas y ni más ni menos que en el Día Nacional.

“Después de los atentados de París comencé a evitar los lugares con mucha gente o los monumentos emblemáticos”, cuenta Yhoan, de 31 años, quien confiesa “sentir ansiedad” cada vez que escucha el sonido de las sirenas.

Desde los ataques del 13-N, los policías y los militares han invadido el día a día de los franceses, lo que exacerba el sentimiento de amenaza. Unos 100.000 policías, gendarmes, militares y reservistas fueron desplegados en todo el país. “Aunque están allí para hacernos sentir seguros, su presencia termina siendo agobiante porque nos confronta a un peligro potencial”, señala Julie Subiry.

Bajo extrema vigilancia

Gracias a esto, otros gestos han pasado a ser comunes en Francia, tales como pasar por un detector de metales o abrir el bolso a un guardia al entrar a un cine, un café o un museo. “Si hace unos años me hubieran dicho ‘abra el bolso para ver qué hay dentro’ me habría sorprendido. Ahora soy yo la que lo abre de forma natural”, cuenta Isabelle, una parisina de 53 años.

Otra consecuencia inmediata de la masacre del 13-N fue la instauración del estado de emergencia, una medida de excepción bajo la cual las autoridades pueden realizar registros y aplicar el arresto domiciliario sin necesidad de una orden judicial. La Policía ha realizado más de 4.000 redadas bajo este régimen y 89 personas siguen bajo arresto domiciliario. Algunas asociaciones denuncian un retroceso de las libertades individuales en el país.

Por otra parte, los atentados agravaron la estigmatización de la comunidad musulmana francesa, que cuenta con unos cinco millones de personas. Según cifras de la Liga Internacional contra el Racismo y el Antisemitismo en Francia (Licra), los actos antimusulmanes aumentaron en un 223 por ciento entre el 2014 y el 2015. “La comunidad francesa vive una situación inédita para las sociedades occidentales desde la Segunda Guerra Mundial”, estima el sociólogo Gérôme Truc.

“Una situación ‘ni de guerra, ni de paz’ de la que necesitará un tiempo para salir y medir sus consecuencias”. A esto se le debe sumar el auge de los grupos políticos de ultraderecha, que a raíz de los ataques han ganado un mayor número de aceptación, como en el caso de la líder Marine Le Pen.

¿Y los terroristas?

Nueve de los atacantes de esa noche fueron dados de baja por las autoridades, sin embargo aún hay ocho sospechosos retenidos. Brahim Abdeslam participó en la preparación de los ataques, pero afirma que desistió antes de accionar su cinturón de explosivos. Igual que su hermano Salah; Mohamed Amri y Hamza Attou, dos hombres que ayudaron a Abdeslam a huir a Bélgica están detenidos, junto con Ali Oulkadi, que lo ayudó durante su fuga. El argelino Adel Haddadi y el paquistaní Mohamad Usman, que debían participar en la matanza, fueron extraditados a Francia desde Austria. A estos se suman Jawad Bendaoud y Mohamed Soumah, que facilitaron una vivienda donde se escondió uno de los grupos de atacantes.

Este sábado, después de un año, el Bataclan esperaba abrir nuevamente sus puertas para el concierto del artista británico Sting, exintegrante de la banda The Police, quién donará los ingresos del evento a dos organizaciones de víctimas. Hoy se celebra una ceremonia en la que se pondrá una placa conmemorativa en la fachada del local.

París y sus habitantes luchan por despertar de la pesadilla, y cada día que pasa es un paso hacia adelante en ese propósito.

Turismo, uno de los más afectados

El museo del Louvre, el más frecuentado del mundo, ha visto caer su número de visitantes en un 20 por ciento. Según Frédéric Valletoux, presidente del Comité Regional de Turismo. Las pérdidas se estiman en cerca de 1.000 millones de euros y podrían alcanzar los 1.500 millones para finales de año. El turismo es vital para Francia –esta industria representa el 9 por ciento de su PIB–, el país más visitado del mundo.

INTERNACIONAL*
*CON AFP Y EFE

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