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¡Aliste la cámara, que están sin ropa!

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¡Aliste la  cámara, que están sin ropa!

En Francia, la revista 'Closer' publicó el 'topless' de Kate, la esposa del príncipe William, con el título: '¡Oh, Dios mío!'. AFP

Daniel Samper Pizano hace un análisis de la invasión periodística en la vida de la familia real.

PREGUNTA: ¿Qué tiene un personaje desnudo de la realeza británica que no tenemos los demás?

RESPUESTA: Prensa.

Es fácil suponer que los miembros de la familia real británica se preocupan por cerrar cortinas, apagar luces y evitar conversaciones telefónicas relevantes por temor a que alguien los vea, oiga, fotografíe, filme, grabe y ponga en evidencia. No les falta razón. Desde hace muchos años padecen el asedio de la prensa sensacionalista de su país, enorme verruga amarilla enquistada en una de las culturas informativas de mayor nivel en el mundo.

Las últimas semanas revelaron un nuevo atentado contra la intimidad de la peculiar familia. Las víctimas son esta vez los dos hijos del príncipe Carlos y Diana de Gales, quien huía de unos paparazis (insaciables fotógrafos espías) cuando pereció en un accidente parisino hace quince años. El menor, Harry, fue fotografiado jugando cuclí sin ropa con una muchacha en un hotel de Las Vegas; las gráficas salieron en The Sun, publicación del grupo Murdoch, donde se impuso la fórmula del todo vale a la hora de conseguir informaciones. (Lea también: Demanda de William y Kate a Closer no es la primera de la familia real).

¿Quién tomó las fotos? Cualquiera de los presentes en la orgía, pues ahora bastan un celular y un descuido para atrapar imágenes y enviarlas en segundos a cualquier destino. Diferente es el caso de su hermano Guillermo, nieto de la reina y virtual heredero del trono, pillado cuando se asoleaba con su joven esposa, Kate Middleton, en una villa privada de la costa francesa. El depredador fue el tradicional sabueso profesional que se instala en un árbol o un promontorio lejos de la casa, apunta hacia la piscina con una poderosa cámara telescópica... y espera con paciencia. Si tiene buena suerte, venderá el fruto de su intromisión por cientos de miles de dólares, pues el oficio de paparazzo no solo es uno de los menos nobles del periodismo sino tal vez el más retributivo.

En las fotografías de Guillermo y Kate, publicadas ya por varias revistas y diarios en Irlanda, Suecia, Francia, Italia y Dinamarca, pero ninguna en Inglaterra, la hermosa trigueña de 30 años aparece sin la parte superior del bikini. Se asegura que hay otras más, donde tampoco tiene la de abajo.

Sorpresas te da el teléfono

Los afectados demandaron al autor de las instantáneas y a Mondadori, la empresa que las compró, y al menos obtuvieron ya que las autoridades francesas detuvieran la edición. En otros tiempos, esto era suficiente para atajar la difusión de lo vetado.
Pero con Internet, las redes sociales y las redes antisociales, la pobre víctima aún no se ha vestido cuando ya camina en cueros por todo el planeta: es como vaciar una alberca con una coladera.

El combate entre la casa real británica y los tabloides ingleses es un clásico cuya intensidad aumenta a medida que los descendientes de la reina pretenden ejercer los derechos de cualquier ciudadano -divertirse, asolearse, jugar cuclí- y la tecnología para fotografiar y grabar es cada vez más eficaz, pequeña y refinada. Como resultado, han salido al aire muchos trapos sucios de la realeza que liquidaron su condición de intocable. (Siga este enlace para leer: Justicia francesa prohibió volver a publicar fotos de Kate Middleton).

En agosto de 1992 se publicaron fotos de Sarah Fergusson, esposa de Andrés, hijo de la reina, cuando retozaba a pecho descubierto con un millonario tejano. Escenario, el esperable: piscina veraniega, villa privada del sur de Francia, hormonas alborotadas.

Por la misma época, The Sun transcribió trozos de una conversación íntima de Lady Di con su amante, y el diario montó una línea telefónica donde cualquier curioso podía oír la cinta completa pagando 15 dólares. En un solo día llamaron 40.000 morbosos que se condolieron con el adorno que acaba de poner Diana Spencer en la testa de su cónyuge.

Pero también a Carlos lo esperaba su sorpresa: en enero de 1993 la prensa sensacionalista alemana e inglesa transcribió seis minutos de amorosa charla telefónica entre el agraviado príncipe y su novia clandestina -hoy esposa- Camila Parker-Bowles. Carlos hervía de pasión y juraba a su amada, en metáfora de dudoso lirismo, que querría ser un tampón para tenerla más cerca.

Lo grave es que a los otrora recatados ingleses no preocupó mayormente que fuera ilegal, infamante y violatoria de la ética periodística la manera de obtener las fotos nudistas y las grabaciones eróticas. "Las clases medias -escribió en 1992 el ensayista Paul Johnson- son cada vez más selectivas en lo que condenan y perdonan". A Sarah no le aceptaban nada; a Lady Di le toleraron todo.

Lo público y lo privado

Otros sociedades y otras coronas también han sufrido la invasión periodística de la intimidad. Son memorables las escenas de sexo acuático entre Estefanía de Mónaco y el músico Ron Bloom. También las de Sofía Loren semidesnuda en una playa, Brigitte Bardot como la vimos en cine, y las historias románticas sobre el rey Juan Carlos de España que aparecieron en la prensa italiana.
La madre de todas las invasiones fueron, por supuesto, las escenas nudistas de Jacqueline Kennedy cual estatua griega en la isla de Skorpios con su segundo esposo, Aristóteles Onassis. Un fotógrafo, un teleobjetivo y una lancha permitieron en 1971 que quedaran en ridículo todas las medida de seguridad del multimillonario.

Nada, sin embargo, como la familia real británica. De los chismes no se han escapado sino Isabel y su marido, porque aun a la Reina Madre la acusaron de haber tenido una aventura con un soldado durante la II Guerra. Para mayor sonrojo, un soldado socialista. Hay que decir, sin embargo, que a veces los propios miembros de la realeza manipulan la prensa para librar batallitas y ofrecen chivas a cambio de buen trato. "Con muy mal gusto, Carlos y Diana han aprovechado la sed de noticias para su propio beneficio", señaló en 1993 el columnista Peter Millar.

Los ingleses se indignan periódicamente cuando el atropello desborda la raya y entonces proponen leyes y normas de autorregulación que acaban en poco o nada. Solo en el caso de Murdoch, cuando reporteros inescrupulosos jaquearon el contestador de una niña secuestrada, se abrieron para ellos las puertas de la cárcel. (Lea acá: La pareja real británica, 'afligida' por fotos de Kate en topless).

La ley protege en general la intimidad y pone límites a la prensa cuando topa con la vida privada de los ciudadanos. En principio, todo personaje público en sitio público es público, pero será público en sitio privado solo si prevalece el interés general. Ejemplos: Juan Manuel Santos y señora en la playa: público; JMS y señora en la piscina de su finca: privado; JMS y 'Timochenko' en la piscina de su finca: público.

Las normas son más laxas con los personajes públicos, pero siempre acotan un rincón inviolable. Allí se asoleaban Kate y Guillermo cuando los asaltó el intruso.

Daniel Samper Pizano

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