Las causas del creciente apoyo a los movimientos antiestablecimiento

Las causas del creciente apoyo a los movimientos antiestablecimiento

Investigadores del Real Instituto Elcano de España analizan fenómenos como Trump y el Brexit.

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Algunas de las causas del rechazo de la globalización.

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EFE

28 de noviembre 2016 , 01:34 p.m.

El mundo ha estado viviendo en los últimos tiempos varios cambios que se expresan en el rechazo al ‘establecimiento’ y la globalización, bajo argumentos de que las crisis económicas, que ocasionan más pobreza, se deben a esas realidades.

Y recientemente, con el triunfo de Donald Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos, la salida del Reino Unido de la Unión Europea (Brexit) tras una votación que sorprendió a muchos, y la gran popularidad que han adquirido tendencias de extrema derecha en varios países europeos como por ejemplo Francia, esos fenómenos parecen confirmar lo dicho.

Los investigadores del Real Instituto Elcano de España, Miguel Otero-Iglesias y Federico Steinberg acaban de presentar un documento (Causas del rechazo a la globalización: más allá de la igualdad y la xenofobia) en el que analizan estos fenómenos que se han estado presentando, especialmente este año.

En el trabajo los investigadores plantean cinco hipótesis que explican el apoyo a partidos y movimientos anti-establishment y anti-globalización.

La primera de ellas está sustentada en lo que algunos “sostienen que la revuelta populista se alimenta de votantes de clase media y baja que ven como sus ingresos están estancados y que están convencidos de que sus hijos vivirán peor que ellos”. Así, dicen los investigadores del Real Instituto Elcano, “estos son los perdedores de la globalización. Se trata en su mayoría de trabajadores poco cualificados de los países occidentales, que no se están pudiendo adaptar a la nueva realidad económica y tecnológica global y que, al perder sus empleos por la competencia de los productos de países con salarios bajos y ver cómo el Estado del Bienestar no les ayuda lo suficiente, optan por dar su apoyo a quienes prometen protegerlos cerrando las fronteras”.

Para Miguel Otero-Iglesias y Federico Steinberg esa hipótesis “explicaría por qué, por ejemplo, el Frente Nacional francés se nutre cada vez más de votantes socialistas, de clase trabajadora o incluso de clase media, desencantados con las políticas económicas de Hollande, o por qué muchos trabajadores en paro (desempleo) o mal pagados de zonas en declive industrial, tradicionalmente laboristas, apoyaron el Brexit con la esperanza de que una Gran Bretaña fuera de la UE y con mayor margen de maniobra político podría protegerlos mejor de la competencia exterior”.

Otro argumento

El estudio de Otero-Iglesias y Steinberg también considera que “los votantes no se están yendo a la derecha por cuestiones económicas, sino por elementos identitarios y culturales. Así, el racismo y la xenofobia latentes que siempre han existido en Occidente (pero cuyas expresiones eran políticamente incorrectas desde el final de la Segunda Guerra Mundial) estarían saliendo del armario debido al impacto social y cultural del aumento de la inmigración de las últimas décadas”.

Por este motivo, consideran, “los votantes apoyarían así a partidos con líderes fuertes (cuyos postulados rozan el autoritarismo, como vemos en el caso de (Viktor) Orbán en Hungría) que ofrecen recetas para proteger la “identidad nacional” y frenar el proceso de cambio y disolución de los valores y la cultura tradicionales que la apertura y el multiculturalismo han traído”.

También consideran que el “miedo a los ataques terroristas de grupos islámicos extremistas facilita este discurso porque permite concentrar el odio al extranjero en el inmigrante de origen musulmán (que se mezcla con el debate sobre los refugiados en Europa) colocando a la seguridad en el centro del debate político, algo que no sucedía desde hace mucho tiempo en Europa”.

El informe también menciona que el auge de las nuevas tecnologías y aplicaciones normalmente vistas como grandes avances para la sociedad “asusta a mucha gente” pues “reduce empleo en el corto plazo, sobre todo el rutinario que no requiere de una alta cualificación”. “Esto lleva a muchos ciudadanos de clase obrera, pero también cada vez más de clase media, a mirar con desconfianza o incluso resistirse a la modernidad y los grandes cambios tecnológicos que promueve el orden liberal”, menciona el estudio.

El análisis considera que “esta división explica en parte por qué el medio rural haya votado a favor de Trump y el Brexit mientras que las grandes ciudades se hayan decantado por Hillary Clinton y la pertenencia del Reino Unido a la UE. En este caso, el temor que se expresa en el voto de protesta no refleja tanto un rechazo a los empleos perdidos, sino el miedo a perder los empleos del futuro o a entrar en la categoría de los trabajadores pobres”.

El estudio de los investigadores del Real Instituto Elcano de España dice que “otra posible causa del descontento de una gran parte del electorado es la apuntada por Robert Gilpin en los años 80: que el progresivo aumento del Estado del Bienestar puede crear grupos de interés proteccionistas”.

Por ejemplo, con el debate sobre la necesidad de aumentar la edad de jubilación o el monto del ahorro en los países europeos, donde la expectativa de vida ha aumentado, este debate genera una “resistencia es enorme. En muchos países europeos la mayoría de la población considera las pensiones como un derecho adquirido irrenunciable. Para protegerlas, se plantea como solución levantar aranceles a los productos provenientes de Asia, introducir controles de capital para retener la riqueza dentro el país y aumentar los impuestos para sufragar el gasto social”.

Los empleados públicos, profesores y estudiantes del Estado, así como los opositores a los acuerdos de libre comercio, menciona el estudio, son otros grupos de interés que están en contra de la globalización, la apertura a la competencia foránea y en cambio reclaman más fondos públicos para la educación.

Finalmente, la quinta causa que puede explicar el rechazo al orden liberal, dice el estudio, “es la creciente desconfianza que amplios grupos de la población tienen en las instituciones democráticas. Esto se debe a varios factores. Por un lado, en muchos países occidentales se ha desarrollado una especie de partitocracia, principalmente de los partidos de centro-izquierda y centro-derecha, que ha dominado excesivamente la vida política. Para muchos electores, este centro liberal se turna en el poder, pero sus políticas son muy parecidas. Además, existe cada vez más la sensación de que esta partitocracia está a merced de una plutocracia, formada por grandes intereses económicos, que se beneficia desproporcionadamente del funcionamiento del sistema. Esto hace que haya una falta de conexión y confianza entre las elites y el resto de la población. El principio de autoridad mismo está en entredicho. Muchos ciudadanos piensan que la clase política no los representa, que no tienen voz (ni altavoces para expresar sus ideas como lo hacen a través de las redes sociales) y además piensan que los expertos forman parte de esa elite que se beneficia del sistema actual, por lo que no ofrecen soluciones que vayan a favor de la mayoría”.

Redacción Internacional

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