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Concordia, la tragedia que 12 personas no podrán contar

Por: DARÍO MENOR TORRES | 11:26 p.m. | 21 de Enero del 2012

Cuando la turista colombiana Sandra Marichal vio a los miembros de la tripulación con los chalecos salvavidas puestos, entendió que todo el tiempo les habían mentido y que, como era evidente, algo muy grave estaba pasando.

Para entonces, los pasajeros ya corrían desesperados de un piso al otro, mientras que los tripulantes, presos de un pánico mudo, no acababan de ponerse de acuerdo sobre qué hacer.

Era el viernes 13 de enero, casi a las 10 de la noche, y el crucero de lujo Concordia, el barco más grande jamás hecho en Italia, y el orgullo de la compañía Costa, acababa de chocar contra los escollos rocosos de la isla del Giglio, en la zona de la toscana italiana. Un boquete de casi 70 metros no tardó en dejar entrar miles de toneladas de agua que consiguieron que el barco se inclinara como una ballena que encalla en una playa para morir.

Poco antes, en uno de los cinco comedores del gigante de mar, Steve Franco, otro turista colombiano, empezaba a degustar el plato fuerte de su cena, cuando el barco empezó a inclinarse hacia la izquierda. "Al principio pensé que era una ola. Luego dijeron que había sido un fallo eléctrico, pero se empezó a virar más y todo el mundo se puso nervioso. El barco vibraba y, a continuación, se fue la luz. Los platos caían, la gente gritaba, los niños lloraban. Entonces nos pusimos a correr. Nadie te decía nada. Ya estaba entrando agua en el barco, pero el capitán no dio ninguna alerta. Sólo nos pedía que mantuviésemos la calma, porque decía era un problema eléctrico".

La angustia para la familia de Teresa Corbelo, su esposo Benito González, y su hijo Pablo, de ocho años, fue incluso peor. "Estábamos el comedor. Tras el primer entremés, empezó a temblar el barco. Se oyó como un estruendo. Fue horrible. Era como el Titanic. Mi hijo había ido al baño, así que mi marido fue a buscarlo. Fue entonces cuando nos separamos", dice.

"Llevábamos meses planeando las vacaciones para esto. Yo trabajo siete días a la semana para tener ocho días de descanso en todo el año. Y mira lo que me ha pasado. Me merecía esas vacaciones. ¿Y ahora qué?", se queja Benito. "Esto ha sido muy dramático. Hemos pasado momentos muy malos, sobre todo por el niño y porque no encontraba a mi mujer".

Tras ir a buscar a su hijo, este empleado de hostelería perdió a su esposa en medio del caos. "La tripulación me decía que esperase en el camarote, que no pasaba nada, pero no había quien se lo creyese. El niño no paraba de decir que quería ver a su mamá", cuenta.

"Yo estaba muy angustiada de haberlos perdido. Le decía a todo el que conocía que si había visto a mi marido y a mi hijo. Tras un rato, conseguimos encontrarnos". Una vez reunida, la familia sufrió lo que para ellos fue ineptitud por parte de la tripulación. "No sabían lo que había que hacer. Meterse en las barcas de salvamento fue muy difícil, pues el barco estaba tan escorado que era complicadísimo bajarlas", explica Teresa.

En la misma situación estaba la colombiana Marichal. "Estábamos en la tercera planta y nos sacaron por una escalera muy pequeña hasta el noveno. Tuvimos que ayudarnos unos a otros. Había gente mayor a la que le echábamos una mano los más jóvenes. Fue muy difícil, pues el barco estaba muy inclinado. Luego nos pidieron que nos pusiésemos todos en el lado contrario a donde se estaba inclinando el barco para hacer contrapeso. Era ridículo, un ejemplo de aquel desastre", dice.

"Al momento de que nos convencimos de que nuestra vida estaba en peligro, decidimos tomar otra vez las escaleras y bajar hasta el piso cuarto, donde estaban los botes salvavidas. Conseguimos como pudimos meternos en uno, aunque no teníamos chaleco salvavidas".

Ya a salvo, en la isla del Giglio, fueron acogidos por los vecinos. "Nos trataron muy bien". No ha ocurrido lo mismo con la naviera, Costa Cruceros. "No nos han informado nada y, en mi opinión, tienen la culpa de lo que ha ocurrido". Teresa dice que va a demandar a la compañía y al comandante, pues los considera responsables de la tragedia. Otros muchos pasajeros también opinan lo mismo, por lo que están preparando ya una denuncia conjunta.

"No estaban preparados para una situación así. Ha sido un caos total. Eso de que las mujeres y los niños deben ser salvados primeros debe ser sólo de las películas. Aquello era el sálvese quien pueda", comenta Teresa.

El absoluto desastre que fue la evacuación del Costa Concordia lo corrobora la pasajera española Mercedes Torrero: "He hecho dos cruceros más, y lo primero que haces al entrar en el barco es un simulacro de emergencia. En esta ocasión, nada más entrar nos dieron unas tarjetitas rojas que tenías que enseñar a tu guía cuando hacías el simulacro. El encargado de la seguridad con los pasajeros de lengua española, llamado Jairo, nos dijo que se las entregásemos aunque no lo hubiéramos hecho. Decía que en el barco nunca pasa nada. Fue un desastre total, desde el capitán hasta el último responsable".

Juan Quevedo también critica la actuación de Jairo. "Este hombre llegó de los primeros a la isla y, cuando le pedí información, se quitó la chapa de la compañía como diciendo que no quería saber nada y que era uno más, como nosotros".

Darío Menor Torres
Para EL TIEMPO
Roma

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