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La máquina del Big Bang que comenzó a funcionar en Suiza

Los científicos quieren saber cómo se creó el universo y pueden estar próximos a averiguarlo con este inédito 'monstruo'.

La máquina más grande del mundo comenzó a funcionar el miércoles pasado, a las 9:30 a.m., hora de Suiza. Los pocos periodistas que pudieron estar presentes cuando la encendieron, en el Consejo Europeo para la Investigación Nuclear (CERN, por su sigla en francés), se confesaron después un poco decepcionados de que no se haya usado un botón rojo, al estilo de las películas.

Porque, por donde se le mire, el Gran Colisionador de Hadrones (LHC, por su sigla en inglés) es un mecanismo prodigioso que evoca escenas del mejor cine de ficción. Si quien se para a su lado no sabe qué está mirando, probablemente no note que el tubo que se extiende hasta perderse en un túnel a 100 metros bajo tierra es, en realidad, parte de un colosal círculo de 27 kilómetros de largo.

Pero la máquina más grande del mundo se construyó para ocuparse de las formas más pequeñas que se conocen: los quarks, que a su vez componen partículas subatómicas como los protones y los mesones, llamadas hadrones.

El LHC permite acelerar estas partículas hasta un 99,9999 por ciento de la velocidad de la luz (unos pavorosos 299.792 kilómetros por segundo) y luego -de eso se trata el experimento- hacerlas chocar unas contra otras. Se estima que una partícula acelerada al máximo dará diez mil vueltas al circuito en un segundo, antes de impactar contra otra. A esa velocidad, un haz subatómico tiene la misma energía que la de un auto a 1.600 kilómetros por hora.

Los científicos quieren observar, mediante una red de sensores a lo largo del tubo, qué pasa inmediatamente después del choque. 'Inmediatamente' quiere decir en la siguiente milbillonésima parte de un segundo. La máquina más grande del mundo también se ocupa de examinar lo que ocurre en lapsos infinitesimalmente pequeños.

Porque en esos diminutos periodos ocurre algo sobre lo cual hasta ahora solo se ha teorizado. Desde las afueras de Ginebra (Suiza), donde está ubicado el CERN, la española Mar Capeáns, investigadora del Departamento de Física, le explicó a EL TIEMPO: "Usando la fórmula de Einstein, energía es igual a masa por la velocidad de la luz al cuadrado, (E=mc2), en las colisiones entre partículas, la energía disponible se convierte en masa y, por lo tanto, se crean nuevas partículas cuya estructura se estudiará con detalle".

La ciencia de Dios

Los científicos del CERN tienen la esperanza de que sus observaciones en el LHC arrojen luz sobre los misterios del Big Bang, el gran choque cósmico con el que se supone nació el universo.

Esto, por supuesto, ha suscitado toda clase de lecturas sobre las implicaciones espirituales de un experimento que recrea el origen -o al menos una de las versiones- de todo lo que existe. ¿Están los científicos, como han afirmado ciertos sectores, invadiendo arrogantemente los terrenos de Dios o estamos, por el contrario, ante un horizonte compartido de la ciencia y la religión?

Fabián Salazar, coordinador del Centro de Estudios Teológicos y de las Religiones de la Universidad del Rosario, explica: "Hay muchas preguntas espirituales sobre los puntos medios entre masa y energía. Por ejemplo: ¿dónde termina el cerebro y empieza la mente? ¿Dónde acaba el cuerpo y empieza el alma? Son preguntas de siempre para el ser humano. Y, claro, las que tienen que ver con la lógica de la Creación... Pero es interesante ver que en lo científico también existe una fe. Estamos hablando de un grupo de personas que tratan de ver algo en lo que creen, a pesar de que hoy son solo teorías".

"La pregunta crítica es: Bueno, ¿experimentos como este,qué beneficios traen? ¿Cómo hacemos para que esta ciencia se convierta en fuente? ¿Por qué todo esto que se invierte en ciencia no se destina a investigaciones de enfermedades tropicales, por ejemplo?".

La comunidad científica cree que los efectos no solo se verán, sino que deslumbrarán a muchos. Marta Losada, directora regional de la escuela CERN Latinoamérica, en Bogotá, dijo: "Más allá del experimento, es la tecnología que se tuvo que desarrollar para poner en marcha el colisionador. Con la tecnología de detección que se ha desarrollado ya hay una aplicación que, en unos años, permitirá construir un detector que haga posible que una persona ciega pueda volver a percibir los fotones y, en ese sentido, volver a ver de alguna manera".

Para quienes reclaman aplicaciones prácticas, agregó: "Cuando descubrimos los electrones no sabíamos para qué servían. Hoy el mundo gira en torno de la electrónica. Cuando Wilhelm Röntgen descubrió los rayos X estaba haciendo exactamente lo que hace el LHC: mover la frontera del conocimiento. ¿Y usted sabe cuantas vidas se han salvado con diagnósticos que hoy en día se hacen con rayos X?".

Algunos de los beneficios de mover esa frontera ya se pueden vislumbrar.

A pesar de que al CERN se le reconoce haber creado, en 1989, la World Wide Web, el volumen de datos necesario para este tipo de mediciones muy seguramente habría hecho colapsar la Internet, porque requiere un vasto poder de computación, que no existía hace 15 años, cuando el LHC comenzó a construirse. Para dar una idea de cuán vasto es, el CERN estima que, una vez en marcha, el LHC generará el uno por ciento de la información que se produzca diariamente en el mundo. Para administrar semejante volumen de datos se construyó 'The Grid', una superred de cables de fibra óptica y más de 50.000 servidores.

Un dato para los amantes de la banda ancha: el día en que la tecnología usada en 'The Grid' se masifique, el usuario promedio podrá bajar de Internet en cinco segundos información que hoy tomaría casi cuatro horas descargar.

Mar Capeáns anota: "El valor más claro del LHC es su capacidad de hacer avanzar el conocimiento y entrenar a generaciones de científicos. (...) El LHC ha llevado la tecnología al límite de lo que podríamos imaginarnos y se puede aplicar directamente al desarrollo de nuevas tecnologías médicas, industriales y de consumo. El LHC simboliza también el triunfo de la tecnología y de la comprensión humana".

Y, hasta ahora, lo único que han hecho es encenderlo.

WILSON FERNANDO VEGA RIVERA
REDACTOR INTERNACIONAL

 

 

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