Foto: Efe
David Miliband, ministro de asuntos exteriores del Reino Unido, visitó ayer Kiev, la capital de Ucrania.
El ministro británico de Relaciones Exteriores, David Miliband, declaró que corresponde a Rusia "no iniciar una nueva Guerra Fría" y que sería contraproducente que Moscú fuera aislada por Occidente.
Este miércoles, los países europeos reiteraron su alarma por la decisión rusa de reconocer la independencia de Abjasia y Osetia del Sur.
Entre tanto, el mar Negro se convertía en un nuevo lugar de tensiones, luego de que Rusia acusó a la Otan y a Estados Unidos de emplazar fuerzas navales, con al excusa de realizar ejercicios para ofrecer ayuda humanitaria a Georgia.
"En vista del aumento de las fuerzas navales de la Otan en el Mar Negro, la flota (rusa) también tendrá la tarea de vigilar sus actividades", indicó a la televisión el jefe de Estado Mayor adjunto de las Fuerzas Armadas rusas, Anatoli Nogovitsin.
Aunque el conflicto en el Cáucaso ha llevado a evocar la posibilidad de una nueva Guerra Fría, para varios analistas eso es exagerado, y prefieren advertir que Occidente y la Otan, cuya impotencia quedó en evidencia y que ayer pidió a Moscú reversar el reconocimiento de la independencia de las dos provincias separatistas georgianas, deberán tratar ahora con una Rusia "renacida".
"Nosotros no queremos otra Guerra Fría y el presidente de Rusia tiene la responsabilidad de no desatarla, aunque diga que no la teme", dijo Miliband en Ucrania, primer país que visita para formar "la mayor coalición posible contra la agresión rusa en Georgia".
El martes pasado, tras hacer el anuncio de que su país reconocía como independientes a Abjasia y Osetia del Sur, el jefe del Kremlin, Dimitri Medvedev, declaró "no tener miedo de nada", incluida una nueva "Guerra Fría" con Occidente.
Miliband señaló que en esta nueva situación, el Grupo de los Siete países más industrializados del mundo (G-7, integrado por E.U., Japón, Alemania, Reino Unido, Francia, Canadá e Italia) tiene que revisar el grado de sus relaciones con Rusia, aunque sin procurar su aislamiento internacional. Poco después el G-7 condenó enfáticamente la decisión de Moscú.
"Aislarla no es conveniente. Rusia está muy enmarañada en la economía mundial. Aislarla sería contraproducente", dijo el jefe de la diplomacia británica, tras advertir que el mercado de valores ruso y el comercio de ese país con Europa serán las primeras víctimas de una nueva confrontación, si Moscú sigue "desafiando a la comunidad mundial y amenazando a sus países vecinos".
El martes, de hecho, poco después de conocerse el anuncio del reconocimiento de la independencia de las provincias separatistas, la bolsa de Moscú cerró con el peor índice en dos años.
Georgia anunció el miércoles que reducirá el personal de su embajada y consulados en Rusia a solo dos diplomáticos, de los más de 30 actuales, por el deterioro de las relaciones bilaterales, según la canciller georgiana, Eka Tkeshelashvili.
Mientras tanto, Medvedev se reunió con su par chino, Hu Jintao, en busca de apoyo frente a la presión occidental, pero Pekín expresó su "preocupación por los últimos acontecimientos en Osetia del Sur y Abjasia", según afirmó el portavoz de la diplomacia china, Qin Gang, citado por la agencia oficial 'China Nueva'.
Hasta ahora, China había mantenido silencio sobre el tema, y se había limitado a decir que mantenía la esperanza de que Rusia y Georgia encontrarían "una solución adecuada a ese problema mediante el diálogo".
Medvedev intenta conformar un eje con China, en vista de que Pekín atraviesa dificultades también con Occidente, pero no es claro si el gobierno de Jintao lo acompañará en esa tarea.
¿Nueva Guerra Fría?
¿La intervención rusa en Georgia y el reconocimiento por Moscú de las provincias separatistas supone el inicio de una nueva Guerra Fría?
Para los analistas, la respuesta es negativa, porque ni a Rusia ni a Estados Unidos, ni a Europa les conviene que reviva.
"No creo", afirmó Matthew Clements, editor para la región de Europa y Asia del grupo de análisis militar británico Jane's.
"Sin embargo, Occidente se ha dado cuenta de que Rusia ha cambiado (...) Lo que se ha visto es el deseo de Rusia de ser tomada en cuenta seriamente como una potencia mundial, y su reacción a lo que considera que es una invasión de Occidente en su esfera de influencia, la ex Unión Soviética", señaló el analista.
La profesora de Relaciones Internacionales del London School of Economics, Margot Light, coincidió en que es exagerado afirmar que el conflicto en el Cáucaso ha desatado una nueva Guerra Fría.
"No hay una división ideológica entre bloques, como ocurrió" entonces. Pero hay "algunas semejanzas", en particular en la forma en que se ha producido "una espiral de acción y reacción" que puede ser irreversible.
"Cada lado hace algo que dice necesitar para consolidar su propia seguridad, y luego el otro lado siente que su seguridad está siendo socavada y que necesita decir o hacer algo", explicó la experta.
Para Christopher Langton, analista del Instituto Estratégico para las Investigaciones Internacionales (IISS), al oír a Medvedev uno podría creer que estamos en una nueva Guerra Fría.
Pero Rusia, dice, "necesita ahora a la comunidad económica mundial más de lo que en el pasado, para exportar sus productos o para recibir inversiones extranjeras".
Abjasia y Osetia del Sur son vistas aún internacionalmente como partes de Georgia, y ningún país se ha sumado a Rusia para reconocer su independencia. Ambas regiones manifestaron sus intenciones separatistas tras la caída de la Unión Soviética, en 1991.
MOSCÚ y BRUSELAS (AFP-AP-Efe)
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