Una salida negociada se hace cada vez más difícil: Fernández-Albertos

Una salida negociada se hace cada vez más difícil: Fernández-Albertos

El experto explica las claves de la crisis tras la realización del referéndum que se tornó violento.

Referendo independentista en Cataluña

Las cancillerías del bloque ven el nacionalismo como un problema porque va contra la naturaleza esencial de la UE.

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Alberto Estévez / EFE

03 de octubre 2017 , 12:00 a.m.

José Fernández-Albertos, doctor en Ciencia Política de la Universidad de Harvard e investigador del Centro Superior de Investigaciones Científicas, en España, explicó a EL TIEMPO las claves de la crisis catalana, tras la realización de un referéndum que se tornó violento.

¿Qué siente tras lo sucedido en Cataluña?

Tristeza. Profunda tristeza. Por las escenas presenciadas, en primer lugar, pero más porque me parece que una salida negociada y compartida al conflicto se hace cada vez más difícil; las brechas aumentan de tamaño.

¿De quién es la responsabilidad?

Estamos aquí por culpa de todos, y no quiero entrar en el debate de repartir porcentajes de culpa. Es un debate, además, envenenado, porque detrás de cada relato sobre responsabilidad hay una toma de posición sobre la salida al conflicto. En todo caso, los errores no se retrotraen al último mes, pero dadas las condiciones de partida y la correlación de fuerzas, fue muy irresponsable por parte de la Generalitat romper la legalidad para poder convocar el referéndum, y fue muy irresponsable, dado el apoyo popular de la consulta, y su dudoso carácter vinculante desde el punto de vista de las garantías, proceder de esta manera tan torpe contra ella.

¿Qué podemos esperar los próximos días?

No lo sé. Veo que las presiones, para escalar vía declaración unilateral de independencia en el campo soberanista son enormes. Creo que es una estrategia muy arriesgada, con costos seguros en el corto plazo para la convivencia en Cataluña, y que dificulta aún más una solución pactada en el mediano plazo. El soberanismo podría intentar fortalecer su posición actual renunciando temporalmente a la unilateralidad, como pide Mas-Collel (exconsejero de Finanzas del gobierno catalán). Creo que sería más sensato para sus intereses, pero es una estrategia que no agrada a los más movilizados, que son los que están al mando de la nave ahora. Desde el punto de vista del gobierno central, sigue siendo costosísimo, en términos políticos, cambiar el discurso y mover algo el tablero, y tampoco veo líderes con altura ni el capital político para imponer costos para su partido a cambio de responsabilidad colectiva en el largo plazo. Ojalá me equivoque, pero veo la desescalada aún lejos.

¿Rajoy puede verse tentado a adelantar las elecciones?

Es una posibilidad, no es descartable. Dependerá en buena medida de la actitud de otras fuerzas parlamentarias, y de la reacción de la opinión pública.


¿El bloque independentista puede sufrir grietas?

Sí, por supuesto. Y dados los números, su agenda necesita que esas grietas no sean visibles. Y una de las consecuencias del 1-O es que ha contribuido enormemente a eso: el bloque seguramente se ensanchó, pero sobre todo hoy está mucho más cohesionado que ayer. Aunque una declaración unilateral de independencia lo volvería a dividir, posiblemente.

¿Cuál podría ser la salida a la crisis? ¿Una reforma constitucional federalista?, ¿una reforma específica para Cataluña?

Yo siempre pensé que las demandas de mayor y más claro autogobierno, claramente mayoritarias entre la población catalana, deberían de ser asumibles por el conjunto de España. No sin conflicto, no sin cesiones, pero en última instancia canalizables. El independentismo ha crecido porque ha logrado convencer a muchos que antes no eran independentistas de lo difícil que es lograr esos cambios dentro de España. Ahora, las reformas en la línea federal, asumiendo o no asimetría, parecen más difícil de ser aceptables para unos y otros que hace unos años, pero es posible que el reconocimiento de que las alternativas son seguramente peores las vuelva a poner en la mesa.

¿Qué papel podría jugar Europa?

Seguramente se han magnificado las ganas de Europa de intervenir de forma activa en el conflicto: la UE y la mayor parte de los gobiernos no se quieren meter en este avispero. Dicho esto, el 1-O ha sacudido a buena parte de la opinión pública europea, y los gobiernos no son del todo inmunes a esto. No está claro cómo se podrían implicar, más que en el hecho de que los actores a un lado y otro saben ahora que si llegan a acuerdos, serán “premiados” desde la UE, mientras que si permiten que aumente la escalada, desde Europa será visto como un problema.

IDAFE MARTÍN PÉREZ
Para EL TIEMPO

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