Lo que le cuesta a España el interinato del Gobierno

Lo que le cuesta a España el interinato del Gobierno

Después de casi nueve meses sin presidente en propiedad hay un Estado paralizado.

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Mariano Rajoy es, por ahora, presidente en funciones. Una de sus limitaciones es no poder presentar un nuevo presupuesto.

Foto:

Susana Vera / Reuters

11 de septiembre 2016 , 01:50 a.m.

La situación de anormalidad política en la que se encuentra sumergida España desde hace ya casi nueve meses es algo inédito en la historia de esta monarquía parlamentaria.

El hecho de que el Congreso de los Diputados haya fracasado en cuatro oportunidades en encontrar el consenso para elegir al presidente del Gobierno es la muestra más clara del estancamiento en el que se encuentra la política española, tras dos elecciones en las que el ganador, el Partido Popular (PP), no logra la mayoría de escaños necesaria.

Como consecuencia de todo este panorama, se paraliza la actividad legislativa, se deteriora la imagen del Estado, y la expectativa de que el presupuesto público no pueda modificarse y tenga que repetirse el del año pasado es casi una certeza.

Sin Gobierno en propiedad, el Estado entra en una especie de ‘piloto automático’, en el que no habría cambios en la inversión, gasto y en el volumen de los recursos destinados a su funcionamiento, lo que afectaría las contrataciones públicas y las pensiones.

Los salarios de los funcionarios públicos, por otra parte, quedarían igualmente congelados. Mientras los pagos a los jubilados deberían incrementarse en 0,25 por ciento, los de los empleados del Estado subirían un uno por ciento.

La situación para las comunidades autónomas es también complicada. Las 17 regiones casi con seguridad se verán obligadas a mantener los mismos gastos, lo que podría dar lugar a una crisis, sobre todo en el cumplimiento de los compromisos de endeudamiento y en los objetivos de estabilidad económica y financiera. Incumplirían así la reducción del déficit, exigencia impuesta por la Unión Europea (UE) para el 2017.

Evolución económica

No obstante, hasta la fecha el bloqueo político no ha afectado la evolución de la economía nacional, que mantiene un buen comportamiento, comparado con las cifras de decrecimiento que se presentaron a partir del 2008.

Mientras en el 2014, cuando se presentaron los últimos efectos de la depresión, España solo creció un 1,4 por ciento, se calcula que este año lo hará un 3,1. En el 2015 creció un 3,2 por ciento del PIB, pero las previsiones para el 2017 apuntan a un crecimiento inferior. En el 2017 se verán los efectos del ‘brexit’ sobre los países de la UE. Los vientos a favor de la situación económica se deben a los bajos precios del petróleo para un país netamente importador del crudo; un crecimiento continuo en los ingresos por turismo y, al tiempo, debilitamiento de los competidores; y una política fiscal expansiva.

Necesidad

Críticas, como las del sector inmobiliario, han apuntado que la falta de un Gobierno en propiedad impide que se aprovechen las buenas circunstancias actuales para mejorar aún más.

Por su parte, un informe técnico del banco BBVA señaló esta semana que, para evitar efectos negativos de la política sobre la economía en el 2017, “es necesario que se forme un Gobierno que ofrezca estabilidad y prosiga con la agenda de reformas”.

Hasta ahora la interinidad institucional, con Mariano Rajoy como presidente en funciones, ha provocado, sobre todo, efectos de naturaleza política: una merma de la presencia de España en los foros europeos, descontento de la sociedad frente a la clase política y estancamiento de las misiones militares y diplomáticas en el extranjero.

No se ha entrado, sin embargo, a debatir el costo de lo que han supuesto dos elecciones en menos de un año (20 de diciembre del 2015 y 26 de junio) y probablemente una tercera jornada electoral, posiblemente el 25 de diciembre. Cada vez que los españoles van a las urnas se gastan alrededor de 100 millones de euros.

Tras un compás de espera, en los próximos días el rey Felipe VI nuevamente llevará a cabo una ronda de conversaciones con los líderes políticos para buscar un candidato a presidente y, si así fuera, se realizaría otra sesión de investidura antes de dos meses.

De no presentarse una candidatura viable, se disolverá el Congreso, y los españoles tendrán que ir de nuevo a pronunciarse en los centros de votación.

JUANITA SAMPER OSPINA
Corresponsal de EL TIEMPO
Madrid

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