‘Brexit’, el juego en el que todos pierden, pocos ganan

‘Brexit’, el juego en el que todos pierden, pocos ganan

El Reino Unido terminará muy afectado: el 47% de sus exportaciones van a 27 países de la UE.

Brexit

La primera ministra británica, Theresa May, firmó el martes la carta que solicita la retirada del Reino Unido de la UE.

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Jay Allen / EFE

01 de abril 2017 , 09:47 p.m.

Esta semana, la UE recibió la carta más triste de sus 60 años de historia: la notificación del ‘brexit’. En dos años, el Reino Unido ya no será miembro de la comunidad política.

Con la salida británica, la Unión Europea pierde a la quinta economía del planeta, a 63,5 millones de personas –el 12,8 por ciento de su población– y a una potencia nuclear con asiento permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

A la vez, la UE también pierde al país que durante décadas impidió muchos avances en la integración política del bloque, que nunca fue un socio cómodo, que siempre vio el proyecto europeo como poco más que un mercado común y nunca tuvo interés en integrarse políticamente con sus socios.

Londres da un salto al vacío. El 47 por ciento de las exportaciones británicas van –sin arancel alguno– a los otros 27 países de la UE, de los que recibe –también sin arancel– el 51 por ciento de sus importaciones. El comercio entre el Reino Unido y el resto de la UE equivale en volumen al de la UE con EE. UU.

Ignacio Molina, analista del Instituto Elcano de Madrid, explicó a EL TIEMPO que “siendo una mala noticia para todos, lo es bastante más” para los británicos. Este experto considera que la salida británica quita trabas a políticas europeas: “El euro vuelve a ser la moneda de la UE, tiene más sentido impulsar una política migratoria común coherente y será más fácil alcanzar posiciones comunes en foros como el G20”.

La activación del ‘brexit’ arranca un período de 18 meses de negociación y seis de ratificaciones en el que los europeos tendrán una gran prioridad: “Controlar los daños” como dijo el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk. Pero, además, mostrar que dentro de la UE se está mucho mejor que afuera.

La Comisión Europea publicó el miércoles un calendario. El 29 de abril, en una cumbre sin el Reino Unido, los 27 países fijarán las líneas políticas de la negociación tras recibir un informe de la Comisión Europea. Los gobiernos darán en mayo a la Comisión el mandato negociador.

La negociación debería acordar el divorcio y la futura relación. Bruselas –y las cancillerías– quieren que se cumpla un orden en el que primero se negocie la salida y solo después, el acuerdo comercial futuro. Londres quiere negociaciones paralelas, pero por ahora no consigue su cometido.

La negociación debe cerrarse en el otoño del 2018 para dar paso a seis meses de ratificaciones antes de finales de marzo del 2019. Pero desde ya, el proceso empezó mal con la amenaza británica de que la falta de un acuerdo satisfactorio pondría en peligro su cooperación con la UE contra el terrorismo y el crimen organizado.

Las instituciones europeas tienen varias prioridades en la negociación. La primera es el estatuto legal de los 3,3 millones de europeos que viven en el Reino Unido, y con ellos el de los 1,2 millones de británicos que viven en Europa.

Si no se acuerda ese futuro estatus o si se los usa como moneda de cambio, el Parlamento Europeo ya promete vetar cualquier acuerdo. La prioridad británica es acabar con la libre circulación de personas, aunque eso –y Londres lo reconoce– le cierre la puerta al mercado común europeo.

¿Ruptura interna?

El Gobierno británico se arriesga a romper su país. Escocia votó un 55 por ciento en contra de la independencia en el referéndum de 2014, con el potente argumento británico de que salir del Reino Unido la sacaría de la UE. El ‘brexit’ cambia la ecuación.

Los escoceses –que votaron un 62 por ciento por seguir en la UE– ven ahora cómo se los empuja fuera. Su Parlamento ya votó para organizar un segundo referéndum, salir del Reino Unido y pedir la adhesión a la UE. Mientras tanto, en Irlanda del Norte crecen las voces que piden la unificación con Irlanda para seguir en la UE.

En entrevista con EL TIEMPO, el eurodiputado escocés Alyn Smith –figura ascendente del nacionalismo escocés– explicó que “no es solo por la membresía a la UE, sino por el país del que queremos formar parte.

El Partido Conservador –de la primera ministra Theresa May– quiere reducir protecciones ambientales y sociales, convertirnos en una especie de Singapur con mal clima y sacarnos de la Convención Europea de DD. HH.”.

IDAFE MARTÍN PÉREZ
Corresponsal de EL TIEMPO
Bruselas

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