La muerte de migrantes en el Mediterráneo se convirtió en paisaje

La muerte de migrantes en el Mediterráneo se convirtió en paisaje

Los miles que intentan llegar a Europa, aun a costa de su vida, ya no tienen atención mediática.

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Un migrante es rescatado de las aguas del Mediterráneo por un miembro de la ONG Proactiva Brazos Abiertos, unas 20 millas náuticas al norte de Libia.

Foto:

Aris Messinis / AFP

16 de octubre 2016 , 04:23 p.m.

Siguen llegando. La inmensa mayoría de los europeos ya no los ve en sus televisores y desaparecieron de las tapas de los principales diarios, pero siguen llegando.

No son tantos como hace un año –un 42 por ciento menos– y ya no caminan en grupos de miles por los Balcanes, pero de enero a septiembre llegaron a Europa más de 300.000 migrantes y refugiados, y en dos días a principios de esta semana buques italianos y de varias ONG rescataron en el Mediterráneo a más de 10.000. Más de 3.200 dejaron la vida en el intento en lo que va de año.

Europa parece haber escondido la llegada de migrantes y refugiados tres años después de la primera gran tragedia, cuando casi 400 personas murieron al hundirse un inestable buque de madera a pocos cientos de metros de la isla italiana de Lampedusa.

De enero a septiembre llegaron a Italia 130.000, mientras que en el mismo período del año pasado fueron 132.000.

(Opinión: ¿Capitulará Europa o hará lo que debe?)

En marzo de este año, tras firmar el acuerdo con Turquía para cerrar la principal vía –un acuerdo tildado de ilegal incluso por la Organización de las Naciones Unidas porque permite a los países europeos incumplir su obligación legal de dar asilo a quien huye de la guerra y la violencia–, el presidente del Consejo Europeo, el polaco Donald Tusk, dijo que la ruta de los Balcanes “está cerrada”. Como quien ordena que deje de llover.

Sergio Maydeu, analista de conflictos internacionales, explica que para los medios de comunicación la llegada de refugiados y migrantes “se ha convertido en una repetición de noticia y no ha habido últimamente naufragios grandes”.

Las instituciones europeas venden esa reducción en las llegadas como un éxito, pero los números que maneja la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) –y que son similares a los de la agencia europea de fronteras Frontex– muestran otra realidad. Siguen llegando, pero no se les ve llegar.

Un informe del instituto británico Overseas Development Institute (ODI) publicado a mediados de septiembre asegura que, aunque Europa espera este año la llegada de algo más de 300.000 personas, las peticiones de asilo podrían alcanzar las 900.000.

Esa diferencia de más de medio millón se debe, según a este estudio, a que el cierre de la ruta de los Balcanes y del Egeo, la construcción de vallas y los pactos con terceros países solo están sirviendo para “invisibilizar” la llegada de personas, no para impedir que lleguen.

(Además: Siria, uno de los crímenes de guerra más flagrantes de la historia moderna)

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drama invisible de los refugiados en europa

Foto:


Philippe Ricard, editor adjunto de Internacional del diario francés 'Le Monde', explicó a EL TIEMPO que su diario, como ejemplo de un gran periódico europeo, “sigue cubriendo la crisis, pero las llegadas desde Turquía a través de Grecia y los Balcanes se han reducido con fuerza”.

Ricard estima que “la urgencia es menor para el continente europeo”, aunque “aparecen nuevas rutas, desde la costa egipcia y libia, pero deberían atraer a menos candidatos este año”. Los datos de llegadas controladas –como esos rescatados en el Mediterráneo– descienden con respecto al año pasado, pero las solicitudes de asilo aumentan.

El informe del ODI asegura que cada vez llegan más personas “de forma encubierta”: usando documentos falsos para volar a aeropuertos europeos, pagando sobornos a los guardafronteras, escondidos en vehículos o en manos de traficantes de personas.

Según este estudio, de ese más de medio millón de personas que estaría llegando este año a Europa de forma “encubierta”, más de 200.000 provendrían de Ucrania, Rusia y los Balcanes, unas 200.000 de Oriente Próximo, poco más de 100.000 de Asia y números menores de África.

Los datos de Europol –que coordina a las policías de los 28 países de la Unión Europea (UE)– concuerdan con los de este informe y aseguran que los traficantes se adaptan rápidamente a los controles fronterizos con “nuevas rutas y nuevos modos de operación”.

El mismo informe explica que mientras en el 2015 esa diferencia entre llegadas y solicitudes de asilo alcanzó el 35 por ciento, este año podría irse hasta el 60 por ciento.

(También: Antonio Guterres, de voz de los refugiados a líder de la ONU)

Siguen viniendo, pero escondidos, sin las imágenes tremendas de hace un año. A la vez, corren más peligros porque muchos dependen de las mafias de traficantes.

Lo que no para es el diluvio de discursos xenófobos contra su llegada, en parte porque algunos gobernantes han descubierto que esa retórica les da votos, como el primer ministro húngaro, Viktor Orban, quien mandó a construir cientos de kilómetros de vallas en el sur de su país –que era una estación de paso para los refugiados, no de destino– y quien hace dos semanas llegó a decir que la “solución” era deportarlos en masa en algún lugar deshabitado al norte de África.

Nueva vigilancia

El nuevo cuerpo europeo de guardias fronterizos y guardacostas, puesto en marcha la semana pasada, permitirá a la Unión Europea controlar sus fronteras marítimas y terrestres para evitar en un futuro una crisis migratoria como la del pasado año, informó la AFP.

El cuerpo recientemente creado reemplazará a Frontex. Sus efectivos permanentes aumentarán progresivamente hasta las mil personas, más del doble que los de Frontex.

Una reserva de 1.500 guardias fronterizos y guardacostas nacionales podrá ser movilizada rápidamente, así como equipos técnicos, que los países europeos tendrán la obligación de poner a su disposición a partir de diciembre del 2016.

La nueva agencia podrá también adquirir su propio material, frente a la situación de Frontex, que debía sistemáticamente solicitar contribuciones a los países del bloque, en algunas ocasiones muy poco animados a responder.

IDAFE MARTÍN PÉREZ
Para EL TIEMPO
Bruselas.

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