'La Unión Europea debe volverse capaz de protegerse a sí misma'

'La Unión Europea debe volverse capaz de protegerse a sí misma'

El continente ya no puede confiar en que EE. UU. asumirá su defensa.

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Trump asumirá el poder el 20 de enero.

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Fotomontaje: EL TIEMPO (con foto de AFP)

26 de noviembre 2016 , 11:26 p.m.

Ahora Donald Trump es presidente electo de EE. UU., marcando el triunfo del nativismo sobre el internacionalismo. En la competencia entre sociedades abiertas y cerradas, es evidente que estas últimas van ganando y que la democracia liberal se está convirtiendo cada vez más en un movimiento de resistencia.

Con Trump en la Casa Blanca, EE. UU se obsesionará consigo mismo. Se puede decir que la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión entre EE. UU. y la Unión Europea no tiene la menor posibilidad. Pero la presidencia de Trump afectará negativamente a Europa de muchas otras maneras. Hoy está en juego la integridad territorial misma de la UE.

Trump ha dejado bastante claro que entre sus prioridades de política exterior no está la seguridad europea. No reconoce la necesidad estratégica de la Otán y solo ha mostrado algún interés en las relaciones transatlánticas cuando ha aludido a pagar cuentas pendientes. La presidencia de Trump llevará a un cambio geopolítico de inmensas proporciones: por primera vez desde 1941, Europa no puede confiar en la protección de EE. UU. para su defensa, sino que debe velar por sí misma.

Europa ha estado demasiado cómoda en ese papel. En el último siglo, las relaciones transatlánticas han seguido una dinámica perversa e implícita por la cual mientras más activo haya estado EE.UU., más inactiva ha estado Europa. Cuando los estadounidenses han intervenido en el exterior (como en Irak), Europa ha respondido con grandilocuentes sermones sobre la “extralimitación imperial”. Y cuando no ha intervenido, o lo ha hecho de forma tardía o ineficiente (como en Siria y Libia), los europeos han pedido más liderazgo estadounidense.

Esa época ya acabó. Trump sabe que Europa tiene el dinero, la tecnología y los conocimientos para ser una potencia global a la par que EE. UU., y no es problema suyo el que carezca de la voluntad política para alcanzar todo su potencial. Los europeos hemos asumido durante demasiado tiempo que es más barato y seguro dejar que Washington arregle nuestros problemas, incluso en nuestro patio trasero. Con la elección de Trump (y considerando el desigual legado de política exterior estadounidense), debemos descartar esa creencia.

La UE debería ver la elección de Trump como una llamada de atención para hacerse cargo de su propio destino. Los conflictos actuales, como la sangrienta guerra civil en Siria y la anexión de Crimea por parte de Rusia, así como su intervención en Ucrania del Este, afectan directamente la seguridad, las economías y las sociedades de los Estados miembro de la UE. Y, sin embargo, hasta ahora los rusos y los estadounidenses han determinado el destino de Ucrania y el de otros países fronterizos de Europa. Como resultado, la UE ha renunciado al control último de su propia seguridad, sus relaciones comerciales y sus flujos migratorios.

En 2014, una reveladora conversación entre la vice secretaria de Estado de EE.UU. para Asuntos Europeos y Eurasiáticos, Victoria Nuland, y el exembajador de EE. UU. en Ucrania Geoffrey Pyatt se filtró y publicó en línea. Hablando sobre la respuesta estadounidense en Ucrania, tras la huida del expresidente ucraniano Víctor Yanukovich a Rusia, Nuland dice: “Que se joda la UE”. Es una actitud que Europa ha permitido. Si bien ya era suficientemente malo escuchar que un funcionario de la administración Obama manifestara esos sentimientos, mejor ni imaginarse lo que nos encontraremos con Trump, que quizás ni siquiera se moleste en nombrar a nadie a cargo de los “Asuntos Europeos y Eurasiáticos”.

Por esta razón, la UE no puede seguir postergando la creación de su propia Comunidad Europea de Defensa y desarrollar su estrategia de seguridad. Debería comenzar por simplificar y ampliar sus relaciones bilaterales y regionales, no en menor medida entre los países escandinavos y bálticos, así como entre Bélgica y Holanda, y Alemania y Francia. Todas estas relaciones dispares se deben unir bajo un solo comando europeo que reciba financiación y un sistema de adquisiciones de defensa común.

La UE debe volverse capaz de protegerse a sí misma, o no podrá garantizar la integridad de su territorio. Se trata de una decisión difícil pero vital que ha pospuesto por demasiado tiempo. Ahora que Trump ha sido electo, ya no puede esperar más.

GUY VERHOFSTADT
Líder del grupo de los liberales del Parlamento Europeo
©Project Syndicate
Bruselas.

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