Se reabre debate sobre la libre tenencia de armas en EE. UU.
Por: SERGIO GOMEZ MASERI CORRESPONSAL DE EL TIEMPO WASHINGTON |
No es la primera vez que pasa. Siempre hay voces en contra y silencio de quienes apoyan la política.
Sucedió el año pasado cuando un desconocido en Arizona le disparó en la cabeza a la representante a la Cámara Gabrielle Giffords y cuatro años antes, en la Universidad de Virginia Tech, cuando otro joven dejó 32 muertos antes de quitarse su propia vida.
Algo similar ocurrió en 1999 tras la masacre de Columbine y lo mismo está ocurriendo ahora con el atentado en Aurora, a las afueras de Denver, donde un hombre de 24 años les quitó la vida a 12 y dejó heridas a 58 personas.
En medio del luto y todavía en shock, el país se ha vuelto a enfrascar en el viejo debate sobre el control a las armas de fuego.
Un debate que pocos en el exterior entienden pues les resulta inconcebible que en un país como Estados Unidos, literalmente cualquier persona pueda comprar en una tienda -que las hay en todos los Estados- hasta un rifle de asalto AR- 15 como los que se usan en las guerras.
El tema, como se esperaba, fue el eje de las emisiones de las principales cadenas de televisión y objeto de editoriales y columnas de opinión en diarios.
Y como siempre, con este caso surgieron las dos posiciones que han enmarcado la discusión por décadas.
Los que defienden a muerte la Segunda Enmienda de la Constitución, que otorga a los ciudadanos el derecho a adquirir armas, y los que creen que se requieren controles más estrictos o, incluso, la prohibición general.
"Es claro y simple. Las armas de guerra no pueden estar en las calles. Esta era un arma muy poderosa y no debería ser vendida a un ciudadano del común. Estas no son armas para defenderse sino para matar gente en el curso de un un conflicto", decía la senadora Diane Feinstein a la cadena Fox.
Hablando con la cadena CNN, el senador republicano John McCain, dio el otro lado de la historia. "Quizá debamos tener una conversación. Pero llegar a la conclusión de que eso fue causado por que no tenemos más controles es algo que no se ha demostrado", dijo McCain.
A lo que añadió John Hickenlooper, gobernador demócrata de Colorado: "un persona tan perturbada como John Holmes, el asesino de Aurora, hubiese llevado a cabo sus planes así existieran todos los controles del mundo".
Y aunque quizá ambas partes tienen algo de razón, se trata de un debate que es muy explosivo y que pocos políticos quieren enfrenar. Especialmente en un año electoral como el presente.
Aparte de condenar los hechos, ni el presidente Barack Obama ni su rival Mitt Romney se han pronunciado al respecto. Obama ni si quiera ha tocado el tema sobre el control de armas en sus tres años y medio de gobierno mientras Romney, que en el pasado fue procontrol, sin duda teme irritar a sus simpatizantes, muchos de ellos republicanos proarmas.
Y su temor es entendible. En Estados Unidos, según una encuesta reciente de la CNN, el 66 por ciento de los estadounidenses dice estar a favor del derecho a portar armas.
Según otra muestra de Gallup, el 49 por ciento opina que es más importante defender ese derecho, frente a un 45 por ciento que se inclina por controles más estrictos.
Esos números, como es de esperarse, suelen variar tras eventos como el del viernes pasado.
A pocos días de la masacre de Columbine en el 99, el 66 por ciento opinaba que había que instituir más controles. Un año después, según un estudio del centro Pew, el péndulo había fluctuado de nuevo en favor del porte.
Y lo mismo ha pasado tras cada una de estas tragedias. Y los políticos los saben.
Por su puesto, tras el debate hay varias fuerzas que lo influyen. La más poderosa de todas es la temida Asociación Nacional del Rifle, que representa a la industria de las armas en EE. UU. y, de paso, uno de los mayores contribuyentes a las campañas políticas.
Con sus cofres llenos de dinero, la ANR se ha encargado de volver el tema casi intocable, y, como dice la congresista Carolyn McCarthy, legislador que se atreve a desafiarlos, es castigado como una masiva campaña en su contra que suele causarle la derrota en las elecciones.
"La mayoría de los legisladores sabe que los controles son lo correcto. Que una prohibición a la venta de rifles de asalto es lo lógico. Peor han perdido su espina dorsal. Se arrodillan ante los que tienen la plata", dice McCarthy, cuyo esposo murió en una de estas maacres y que pese a todo, asegura, seguirá empujando leyes en el Congreso para vetar la venta de armas.
Sergio Gomez Maseri
Corresponsal de EL TIEMPO
Washington


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