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Este es el político que EE. UU. quiere ver sin camisa

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Paul Ryan, fórmula vicepresidencial de Mitt Romney

Paul Ryan, fórmula vicepresidencial de Mitt Romney.

Paul Ryan es el hombre elegido por Mitt Romney como su 'número dos' para derrotar a Barack Obama.

Aunque muchos estadounidenses no tenía ni idea de quién es Paul Ryan, coinciden en que no tiene ni un pelo de feo. Este sábado, cuando el candidato republicano a la Presidencia de EE. UU., Mitt Romney, lo mostró al mundo como su fórmula vicepresidencial, la segunda palabra más buscada en Google junto a su nombre fue 'sin camisa'.

Millones de personas tuvieron curiosidad al escuchar que Ryan está obsesionado con mantenerse en forma y se llevaron la desilusión de ver que la imagen de ese torso desnudo no existe, al menos en la red.

Cuando Ryan era solo un adolescente de 16 años, su padre (de 55) murió de un ataque cardiaco. Su abuelo y su bisabuelo ya habían repetido esa historia al llegar al 'quinto piso'. "Él creció más rápido de lo que un joven debería", dijo Romney al presentarlo en Norfolk, Virginia.

Y pese a que era el menor de cuatro hermanos que quedaron solos con su madre y su con abuela enferma de Alzheimer, nunca les faltó un dólar. La acomodada familia es dueña de una constructora y ayudó a fundar Janesville (Wisconsin), la pequeña ciudad de 64 mil personas que lo vio nacer y de la que, al sol de hoy, no se separa. Aún vive en el barrio en el que se crió.

La dolorosa pérdida de su padre, según sus colaboradores cercanos, lo llevó a tener más conciencia sobre su salud. Sus rutinas diarias de ejercicio se inician a las 6 de la mañana y él mismo ha descrito su régimen como "cercano a la demencia".

Es fanático del ambicioso programa P90X, que combina ejercicios cardiovasculares, yoga, pilates y karate. Allegados a Ryan, que mide 1,88 y está siempre orgulloso de mantener el porcentaje de grasa de su cuerpo en un dígito (entre 6 y 8 por ciento), han dicho que sus abdominales no tienen nada que envidiarles a los de ningún atleta. Es más, sube y baja las escaleras con la misma energía del presidente Barack Obama, también famoso por su amor al deporte.

De joven, tuvo una encrucijada que definió el rumbo de su vida: una carrera en el gobierno o practicar esquí profesional. Una periodista de CNN le preguntó si ha lamentado esa decisión. "A veces", reconoció. Hoy, su peor hábito, admite, es "beber dos tazas de café cada mañana".

Su imagen es la del típico estadounidense de familia tradicional. Es aficionado a la caza de venados y a las actividades al aire libre, al punto de que le propuso matrimonio a su novia y actual esposa, Janna Christine, no en un restaurante sofisticado sino mientras pescaban en el norte de Wisconsin.

Entró a la política gracias a la pasantía que hizo en las oficinas del senador de Wisconsin Bob Kasten, quien lo introdujo por primera vez al Capitolio. Luego, trabajó como redactor de discursos para el candidato republicano a la vicepresidencia, en 1996, Jack Kemp (fórmula con Bob Dole), experiencia que se refleja en su actitud cuando está en tarima.

Discreto, sin escándalos en su haber y prudente con sus opositores, parece tener las cualidades de un candidato casi que blindado en su pasado. En su anuario de secundaria (1988), fue nombrado como 'el más atractivo' y 'el más propenso a triunfar'. Era bastante 'nerdo' desde pequeño. Las fotos de esa época lo muestran como presidente estudiantil, en el club latino, en el club de historia y en la Sociedad Internacional de Geografía.

Hoy, a los 42 años, Ryan es más que una cara bonita que le dio un buen empujón a Romney para obtener la atención de los medios.

Tras semanas de especulaciones, el pasado primero de agosto, el aspirante republicano tomó esta crucial decisión. Sobre la mesa había favoritos como Marco Rubio, joven senador por Florida de origen cubano que, a pesar de su poca experiencia, podía atraer votos latinos. Incluso sonó el nombre de Condoleezza Rice, exsecretaria de Estado de George W. Bush.

Pero Romney decidió escoger a un hombre de números con quien pudiera focalizar la pelea contra Obama. Lo último que quería era otra Sarah Palin, a quien le achacan parte de culpa del fracaso electoral de John McCain en la campaña del 2008.

¿Atractivo? Sí. Pero lo que pesó para Romney a la hora de tomar esta decisión fue que su 'vice' fuera un hombre brillante.

Ryan fue elegido representante de su estado cuando tenía solo 28 años, pero nunca se mudó a Washington D. C. ni compró propiedades allá. Cuando tenía que presentarse en el Capitolio, prefería, la mayor parte del tiempo, dormir en su despacho. Se dice que esa obsesión por terminar su trabajo en un nuevo plan presupuestario lo hizo, incluso, posponer su luna de miel.

Esta disciplina, sumada a un título en Ciencias Políticas y Economía, influyó en que Romney, hombre de negocios, eligiera a un estadista como su 'número dos'.

Fue reelecto cuatro veces como presidente del Comité del Presupuesto en la Cámara, donde siempre dejó claro su intento por reducir el déficit fiscal. El año pasado, la iniciativa no pudo abrirse paso en el Senado, de mayoría demócrata, pero sí pasó en la Cámara y lo convirtió en uno de los ideólogos más reconocidos dentro del partido.

La periodista de CNN Christiane Amanpour le preguntó el año pasado cómo se sentía cuando lo calificaban como el 'hombre presupuesto'. Él se limitó a responder: "No sé, la verdad no pienso en eso. Yo duermo bien en las noches".

No todos ven con buenos ojos la escogencia. Para la columnista de Bloomberg Margaret Carlson, el representante de Wisconsin es útil para Romney porque "es un hombre con un plan", sin importar cuál. "Ryan es para la política doméstica lo que Dick Cheney fue para la política exterior (de Bush hijo), un recipiente fresco para las viejas ideas adoradas por el ala ultraconservadora del partido".

Ryan es también un católico activo. Aunque sus debates fuertes son con cifras, ha dejado clara su posición conservadora en otras discusiones del Capitolio. El aborto, el uso de células madre, el matrimonio gay o restricciones temporales para comprar armas son propuestas por las que siempre ha votado o se ha manifestado en contra. Aunque no es militante del Tea Party, sus ideas le hicieron ganar el favoritismo de ese movimiento ultraconservador.

'Es el déficit, estúpido'

Se prevé que este año el abultado déficit presupuestario de EE. UU. concluya en 1,2 billones de dólares, lo que representa un 7,8 por ciento del producto interno bruto.

Salir de este embrollo tiene de trasfondo una discusión ideológica de la que Ryan ha tratado de zafarse: ¿cuál debe ser el papel del Estado? En el 2003, el congresista dijo que la razón por la cual se involucró con el servicio público fue por la rusa Ayn Rand, escritora que, en su novela 'La rebelión de Atlas' (1957) aboga por un "egoísmo racional", por un capitalismo salvaje y una mínima influencia del gobierno, pensamiento que definió como objetivismo.

Ryan se ha alejado de esa historia diciendo que se trata solo de una "leyenda urbana" y que la filosofía de Rand es "atea". Sin embargo, se sabe que pide que quienes trabajen con él lean el libro e incluso lo regala de Navidad.

La afición por este tipo de pensamiento de un hombre al que el diario español 'El Mundo' apodó 'Manostijeras' afianza la noción entre los analistas de que Ryan podría recortar los programas de asistencia social, con tal de reducir la deuda pública.

Más allá de los cálculos políticos, la pregunta que está latente detrás de todo es: en caso de que el presidente muriera, ¿está Ryan capacitado para dirigir el país?

El pitazo de la carrera para llegar a la Casa Blanca sonó y solo quedan tres meses para las elecciones. Los republicanos necesitarán mucho más que la conquistadora sonrisa de Ryan para convencer a los electores necesarios para lograr esa meta.

* Con información de Efe

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