‘La criminalización del uso de drogas es dañina’: Michel Kazatchkine

‘La criminalización del uso de drogas es dañina’: Michel Kazatchkine

Para Kazatchkine es hora de que los gobiernos piensen en una ‘regulación legal’.

Según Kazatchkine, la guerra contra las drogas no ha funcionado

Según Kazatchkine, la guerra contra las drogas no ha funcionado, pues el número de personas que consumen ha subido, como también la cifra de sustancias en el mercado.

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Reuters

14 de julio 2017 , 12:38 p.m.

Después de 50 años de lucha contra las drogas, la criminalización de su uso ha sido una estrategia “inefectiva y dañina”.

Así lo aseguró en diálogo con EL TIEMPO Michel Kazatchkine, comisionado de la Comisión Global para la Política de Drogas, quien señaló que es hora de buscar nuevas alternativas como la descriminalización del consumo, algo que debería ir de la mano con una regulación legal de las drogas.

Kazatchkine, exenviado Especial del Secretario General de la ONU para el VIH/sida en Europa oriental y Asia central, señaló que en el mundo siempre habrá demanda de drogas, razón por la cual se debe dar un “consumo seguro”.

En el último reporte de la Comisión Global para la Política de Drogas se habla de la descriminalización del uso de las drogas. ¿Cómo se llegó a ese punto?

En dos pasos. El primero fue observar los efectos de la criminalización, ver si eran efectivos y si eran útiles. Y la conclusión fue que es inefectiva y dañina.

Es inefectiva porque han sido ya 50 años en los que la mayoría de los países del mundo han tenido leyes represivas contra las drogas, basadas en la prohibición, la criminalización, la implementación de la ley y la represión, y el número de personas que consumen drogas sigue aumentando, así como el número de las nuevas drogas que aparecen en el mercado, particularmente con las nuevas drogas sintéticas.

Entonces, la criminalización no ha sido efectiva para controlar las drogas.

Lo segundo es que esta ha sido dañina porque ha generado una epidemia de sida y hepatitis. Esto se debe a que la gente –no tanto en América Latina– en Europa, Europa del Este, Rusia y Asia, que se inyecta drogas, tiene temor a la policía.

Entonces, se esconde, se mete en subterráneos y se inyecta en condiciones que no son seguras, o de afán. Así es como se comparten las jeringas.

Además, en países con políticas represivas y sin programas de reducción del daño no se puede encontrar fácilmente una aguja o una jeringa limpia. Y en países como Rusia no hay programas de Metadona (opioide usado en el tratamiento de la dependencia a la heroína). Entonces, se ha propagado una epidemia. Ahora, una de cada cinco personas que consume drogas está infectada con VIH y dos de cada tres están infectadas con el virus de la hepatitis.

Cuando se compra una droga en la calle no se sabe qué se está comprando. Al consumidor le pueden decir que es heroína, pero ahora las drogas están contaminadas con sustancias como el Fentanilo y, a menos que el consumidor tenga a alguien que le diga qué está consumiendo, puede consumir un producto más dañino o más adictivo.

¿Hay más consecuencias de la criminalización del uso de las drogas?

Otro de los efectos contraproducentes de la criminalización es que las personas son arrestadas y puestas en prisión y hay una epidemia de encarcelamiento en el mundo.
EE. UU., uno de los campeones, tiene el cinco por ciento de la población mundial y tiene un 25 por ciento de la población mundial en la cárcel. La mitad de ellos están en prisión por delitos relacionados con drogas.

Lo otro son los abusos de derechos humanos. Todavía hay países donde hay pena de muerte por delitos relacionados con la droga, así sean menores, lo que va en contra de derechos humanos.

En México, y en otros países de Centroamérica, la guerra contra las drogas con la militarización –en Colombia se ha visto eso– ha llevado a violencia y muertes violentas.

En México son más de 100.000 las personas que han muerto de manera violenta en los últimos diez años.

En Asia, en el nombre de proteger a la gente, la envían a centros de tratamiento obligatorios, donde no hay tratamiento. Y, finalmente, con un récord criminal, la vida se vuelve más complicada. No se puede acceder por educación, ir a un banco y pedir un préstamo y si es una mujer seguro la van a separar de su familia. Su vida es prácticamente arruinada porque un día lo arrestaron con un gramo de algo que no le hace daño a nadie.

Todo eso nos llevó a decir que necesitamos descriminalizar y reducir los daños. Como dijo Kofi Annan (exsecretario general de la ONU), “las drogas pueden haber destruido un gran número de vidas, pero las malas políticas contra las drogas de los gobiernos han destruido más”.

El primer paso en nuestro pensamiento es que se deben evitar los daños de la criminalización. Y el segundo paso, que es más reciente, es preguntarnos si hay alguna razón para castigar a la gente que usa droga para uso personal. Esa pregunta es fundamental.

Es un derecho humano hacer cualquier cosa que uno quiera hacer a menos de que esté causando daño a alguien más.

MICHEL  KAZATCHKINE

Kazatchkine dice que la regulación legal de drogas permite controlar qué se vende, en dónde se vende y quién lo vende.

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Guillermo Legaria / EFE


Nosotros creemos que el derecho a la privacidad es una piedra angular de la autonomía humana y de la dignidad. Y en el nombre de la autonomía humana y de la dignidad, no vemos ninguna razón por la cual la gente debería ser castigada por consumir si no hacen daño a los otros.

Nuestra recomendación desde la Comisión es descriminalizar y levantar todos los castigos; que no haya castigo para el uso de la droga.

Pero, entonces, ¿la propuesta de la descriminalización iría de la mano de la legalización?

Hay que ser cuidadoso, no decimos que sea legalización, decimos que sea una regulación legal, que es diferente. Eso quiere decir que cuando algo es regulado se puede regular lo que se vende (la composición) y dónde.

En Canadá, por ejemplo, si usted quiere comprar tequila, no puede ir a un supermercado, como en Colombia, sino que tiene que ir a una tienda del Estado, controlada por el Gobierno.

Se puede pensar en algo similar: controlar qué se vende, a quién se le vende y quién vende. Lo que decimos es que todo lo que es potencialmente peligroso es regulado: los preservativos en la comida, químicos, alcohol, tabaco...

Entonces, las drogas deberían ser reguladas por dos razones. Primero, porque todo lo que es peligroso debería ser regulado. Segundo, porque si se trata de algo que es prohibido, el mercado se vuelve criminal. Y con la prohibición los gobiernos están dejando su responsabilidad al mercado criminal, y esas fuerzas criminales llevan a corrupción, la erosión de la democracia, violencia y represión.

¿Por qué después de 50 años de lucha contra las drogas, que ha dejado miles de muertos, todavía hay muchos países en el mundo que no piensan en una opción como la descriminalización y la regulación legal?

Creo que no son solo los gobiernos, también es frecuentemente la sociedad, que, debido a la criminalización, piensa que las drogas son malas y por eso la gente que las usa es mala.

Hay muchos conceptos erróneos que están muy metidos en la sociedad y algunos de los gobiernos usan eso. Hay filipinos, por ejemplo, que dicen que el presidente (Rodrigo) Duterte está teniendo un buen desempeño –con la política de drogas, que ha dejado más de 7.000 muertos en un año– porque se cree que hay que “deshacerse de la gente que consume drogas”, pero ellos son también ciudadanos ordinarios.
También hay algunos gobiernos que tienen ventajas en perpetuar el consumo y la represión. De hecho, en EE. UU., donde siguen metiendo a gente a la cárcel en grandes números, aquellos que sufrirían por la descriminalización serían los sectores privados que se encargan del negocio de las cárceles.

Pero, además, hay una desconexión entre la evidencia, los datos y lo que pasa, y las políticas públicas.

Es una brecha que tiene que ser cerrada y que va a tomar un largo tiempo porque esto significa explicar a la gente y a los gobiernos que las drogas pueden ser consumidas en una cantidad controlada, como se hace con el vino en el 90 por ciento de los casos, y que es un derecho de todos; que las drogas han sido consumidas a lo largo de la historia y en todo el mundo; y que la prohibición y la represión están alimentando enfermedades como el VIH y la hepatitis, llevando a más encarcelamiento, más violaciones de derechos humanos, más estigmatización. Será un camino largo…

No habrá un mundo sin drogas y siempre habrá una demanda de ellas y, si eso es así, las personas tienen que usarlas de manera segura

¿Cuál es la posición de la Comisión con relación a las estrategias de reducción de daños?

Creemos que son claves. Pensamos que no habrá un mundo sin drogas y que siempre habrá una demanda de ellas y, que si eso es así, las personas tienen que usarlas de manera segura.

Los carros son muy peligrosos, pero se puede aprender a manejarlos; se aprende a respetar la luz roja; a manejar en carril derecho, y se siguen las reglas. Nosotros creemos que la gente debería ser libre de usar drogas, si las quieren usar. Pero entonces, cuando las use, la gente debería saber cómo reducir los daños potenciales.
Sabemos, por ejemplo, que para la gente que se inyecta drogas, el intercambio de agujas y las jeringas limpias son la mejor manera para no infectarse con hepatitis o con sida.

Sabemos que si la gente que está robando o que se está convirtiendo en delincuente porque necesita dinero para comprar heroína en las calles toma Metadona no tiene que inyectarse más o salir a conseguir dinero, lo que quiere decir que hay menos desorden público.

Nuestra posición no tiene ambigüedad con relación a la reducción de daños, que no es solo una intervención, sino una filosofía. Para volver al comienzo, la descriminalización es una medida de reducción de daños porque la criminalización es dañina.

¿Cree que los países donde la criminalización es muy fuerte deberían empezar a tomar pasos como los de países como Canadá, que es tan progresivo en asuntos de reducción de daños?

Todos deberían hacerlo, es la recomendación de la ONU. La reducción de daños es recomendada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), por el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/sida (Onusida), por la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC). Entonces, la respuesta es sí, pero la respuesta también es que no se pueden imponer cosas que una sociedad no pueda aceptar fácilmente, a menos que se pase por un ciclo largo en el que se abra el debate y se le expliquen las cosas a la gente.

¿La epidemia de hepatitis en EE. UU. y de sobredosis en Canadá puede ser comparada con la epidemia de VIH hace un par de décadas?

Entiendo que el número de muertes por sobredosis en Canadá es más alto que el número de muertes por semana o por meses que la que se tuvo durante la época de la epidemia del VIH.

Es muy complicado entender por qué ellos tienen esa epidemia, pero claramente necesitan aumentar la reducción de daños y la disponibilidad de Naloxona (usado durante la intoxicación por consumo de opiáceos) urgentemente.

Sandra Ramírez Carreño
Subeditora internacional
En Twitter: @esalgosimple
*Por invitación de Harm Reduction International

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