Las primeras víctimas de Trump / Opinión

Las primeras víctimas de Trump / Opinión

Varios interrogantes sobre la libertad se levantaron tras las órdenes ejecutivas del presidente.

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20 de febrero 2017 , 06:46 a.m.

Cuando Donald Trump fue elegido presidente de Estados Unidos, no me uní a los que salieron a protestar. Pensé que era importante respetar el proceso democrático, sin importar lo desalentador que pudiera ser su resultado, y esperar hasta que el nuevo gobierno nos hubiera dado alguna razón para protestar.

La espera no fue larga. Ocho días después de su investidura, las primeras víctimas identificables de su presidencia estaban en todos los medios. La orden ejecutiva de Trump que suspende el reasentamiento de refugiados sirios prohíbe temporalmente el ingreso de nuevos refugiados, independientemente de dónde provengan, y prohíbe toda inmigración de Irán, Irak, Libia, Somalia, Sudán, Siria y Yemen causó perjuicio inmediato a las personas que ya estaban en camino a EE. UU. La orden también impidió que muchas más personas salgan con destino a esta nación.

Al justificar su política, dijo que él “nunca olvidaría las lecciones del 11 de septiembre”.
Sin embargo, eso es exactamente lo que parece haber hecho. Los secuestradores del 11 de septiembre vinieron de Egipto, Líbano, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, países que no se ven afectados por las nuevas reglas. Por el contrario, un estudio de Alex Nowrasteh, analista de políticas migratorias del Cato Institute, concluyó que en los 40 años previos a finales del año 2015, nadie había muerto dentro de Estados Unidos a causa de ataques terroristas perpetrados por extranjeros provenientes de cualquiera de los siete países señalados en la orden ejecutiva de Trump.

Los iraníes, muchos de los cuales residen legalmente en EE. UU., están especialmente ofendidos. Según Trita Parsi, presidente del Consejo Nacional Iraní-Estadounidense, EE. UU. por su propia cuenta ha producido más combatientes de Estado Islámico (EI) que Irán. Esto no sorprende debido a que EI es una organización sunita y considera a los chiitas –que constituyen al menos el 90 por ciento de la población de Irán– apóstatas que deben ser asesinados.

La prohibición de ingreso a los inmigrantes de siete países hace que se muestre el drama por TV, pues las personas perjudicadas pueden hablar con los medios. Ese no es el caso de quienes son parte del recorte de 110.000 a 50.000 del total de refugiados por recibirse en el 2017, así como de aquellos afectados por la suspensión de todo el programa de reasentamiento de refugiados durante cuatro meses. En una crisis mundial de refugiados, el presidente Barack Obama argumentó que Estados Unidos debería, siendo fiel al espíritu de las palabras de Emma Lazarus que están grabadas en la estatua de la Libertad, hacer la parte que equitativamente le corresponde para proporcionar un nuevo hogar a las “masas hacinadas anhelando respirar en libertad”. Trump le ha dado la espalda a esa visión.

La orden ejecutiva proporcionará una prueba temprana de la medida en que los tribunales pueden refrenar a la administración presidencial. Los jueces han bloqueado temporalmente aspectos de la orden ejecutiva (por ejemplo, aquellos que fueron detenidos a su llegada a EE. UU. a consecuencia de la orden no pueden ser deportadas), pero pasará algún tiempo antes de que los tribunales resuelvan todas las interrogantes que plantean las nuevas prohibiciones.

Entre esas interrogantes, la discriminación religiosa será prominente. La orden dice que cuando se reanude el programa de refugiados, el secretario de Estado deberá, “en la medida permitida por la ley”, dar prioridad a las solicitudes que se basen en la pertenencia a una minoría religiosa perseguida. Si bien la orden no menciona ninguna específica, Trump dijo en una entrevista televisiva que quería dar prioridad a los cristianos. Teniendo en cuenta que la Constitución prohíbe al Gobierno el establecimiento de cualquier religión, queda por dilucidar si esta disposición de la orden aguantará el escrutinio judicial.

Es igualmente preocupante la amenaza que representa para la libertad de expresión una disposición que estipula que EE. UU. “no puede, ni debe, admitir a quienes no apoyan la Constitución”. Al hablar de la orden, Trump dijo: “Solo queremos admitir a aquellos que apoyarán a nuestro país y amarán profundamente a nuestro pueblo”.

Soy titular de una tarjeta verde, es decir, soy residente permanente y legal de EE. UU., sin ciudadanía. He escrito sobre los defectos en la Constitución y, aunque admiro a muchos estadounidenses, no podría decir que amo profundamente a los estadounidenses en su conjunto. ¿Significa esto que me podrían prohibir el ingreso a EE. UU.? ¿Sería esto consistente con la libertad de pensamiento?

Según Nowrasteh, la orden ejecutiva de Trump no mejorará la seguridad. El Presidente ha repetido que siempre pondrá los intereses de los estadounidenses en primer lugar. Sin embargo, ¿dará infinitamente más peso a los intereses de los estadounidenses que a los de los demás? Si se toma en cuenta el sufrimiento que está causando su decisión, está comenzando a vislumbrarse que Trump realmente sí podría ser tan falto de ética o –lo que es lo mismo– tan loco.

PETER SINGER
Profesor de ética en la Universidad de Princeton y profesor laureado de la Universidad de Melbourne.
Princeton
© Project Syndicate

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