Barack Obama y Donald Trump, una 'guerra fría' que puede estallar

Barack Obama y Donald Trump, una 'guerra fría' que puede estallar

Aunque se reunieron en la Casa Blanca, en el fondo saben que el legado del demócrata está en juego.

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11 de noviembre 2016 , 08:47 a.m.

Si existiera un escalafón sobre las peores rivalidades políticas, la de Donald Trump y el presidente Barack Obama estaría en lo alto de ese conteo.

De allí lo surreal que resultó la reunión de ambos este jueves en la Casa Blanca para cumplir con un protocolo estadounidense según el cual el presidente saliente (Obama) le rinde pleitesía al presidente electo (Trump) en el recinto que muy pronto tendrá que desocupar.

Por supuesto, en el mismo espíritu de esta tradición ambos líderes salieron de la reunión ofreciendo ramas de olivo y promesas de trabajar por el bien de todos los estadounidenses.

Presidente, usted es un gran hombre y ha sido un honor reunirme con usted y espero lo hagamos nuevamente muchas veces más”, sostuvo Trump tras la reunión asegurando que pedirá consejos al afroamericano en el futuro.

Obama, por su parte, reiteró el mensaje un día antes cuando felicitó al magnate por su triunfo y prometió hacer todo lo posible por asegurar su éxito cuando tome las riendas del poder.

“Como ya lo había dicho –afirmó Obama– mi prioridad número uno en estos dos meses será facilitar una transición que garantice el éxito del presidente electo”.

Pese a los halagos, fue evidente que ambos escondieron ante las cámaras el odio profundo que se profesan y pusieron al país por encima de sus rencillas personales.

En el caso de Trump, porque sabe que la actitud del presidente le ofrece legitimidad tras unas elecciones que dejaron al país polarizado al extremo y en las que ni siquiera obtuvo el triunfo del voto popular.

Para Obama, un convencido demócrata, el trámite es más que una obligación. Pero es consciente de que será Trump quien administre su legado así no espere de este favor alguno.

(Lea también: El plan de medidas que Trump ya tiene listo para el 2017)

De acuerdo con el portavoz de la Casa Blanca, Josh Earnest, la reunión entre ambos fue cordial pese a que dejaron en claro sus diferencias frente a algunos temas. Obama, además, le habló sobre su próximo viaje a Perú, Grecia y Alemania la semana entrante.

La historia de animosidad data de la campaña electoral del 2008, cuando Trump abandonó al Partido Demócrata y se pasó al republicano tras el triunfo de Obama.

El magnate no solo dejó clara su antipatía hacia el nuevo presidente, sino que se alcanzó a especular que algo tenía que ver con su color de piel. Cierto o no, desde entonces Trump arrancó a cuestionar si Obama era realmente un estadounidense y si profesaba el islam como religión.

Si bien esos rumores no los inició el magnate, sí fue él quien le dio alas al tristemente famoso ‘birther movement’, un grupo de gente que llevó al extremo el tema de su ciudadanía.

A tal punto que Obama se vio obligado a presentar una copia de su partida de nacimiento, certificada en Hawái. Algo nunca antes hecho por presidente alguno.

Pero Trump y sus seguidores no quedaron contentos con la explicación pues, según ellos, lo entregado por Obama era una versión corta del documento que podía ser falsificada.

‘Algo raro en el registro’

“No tiene un registro de nacimiento. Y si lo tiene, hay algo raro, quizá algo religioso, donde dice que es musulmán”, dijo Trump en el 2011.

Trump incluso envió a investigadores a Hawái y a África en busca de pruebas. Para evitar que el tema siguiera creciendo y le hiciera daño en la campaña presidencial del 2012, Obama presentó la versión larga de su partida (nuevamente, algo inusitado).

(Además: La 'tormenta perfecta' que elevó al magnate a presidente de EE. UU.)

Pocos meses después en la cena de corresponsales extranjeros que organiza todos los años la Casa Blanca, Obama tomó venganza de Trump humillándolo frente a miles de personas.

Nadie está más feliz que Trump por finalmente solucionar ese tema de mi nacimiento. Ahora se puede dedicar a los asuntos que verdaderamente le importan al país como si realmente fingimos el aterrizaje en la Luna, qué pasó en Roswell (localidad famosa por el supuesto hallazgo de extraterrestres) y dónde están Biggie y Tupac, dos raperos asesinados cuyos fans más furibundos se niegan a aceptar su muerte y especulan que están vivos en alguna parte”, dijo el presidente mirando a Trump, que estaba entre los asistentes.

Para rastrillárselo aún más, dijo que esa noche mostraría por primera vez una copia inédita del video de su nacimiento. En lugar de eso, las pantallas mostraron el comienzo de la película del Rey León cuando Zimba es presentado al reino animal.

Muchos dicen que fue ese día cuando Trump juró regresar a la Casa Blanca, pero para sacar a Obama de la mansión presidencial. En cualquier caso fue esa rivalidad con Obama la que se señala como el inicio de su ascenso hacia la presidencia.

Ya en la campaña para estas elecciones del 2016, el rencor entre ambos fue más que evidente. Trump lo llamó el peor presidente de la historia y se refirió a Obama como un debilucho que arrastró por el piso la imagen de Washington. Y prometió, de paso, destruir muchas de las iniciativas adelantadas por el mandatario y que son considerados parte de su legado una vez abandone la Casa Blanca.

‘Un peligro’

Obama le respondió llamándolo inepto, incompetente, incapaz y hasta un peligro contra la humanidad al que no se le podía dar acceso al arsenal nuclear del país.

Y si bien Obama actuó convencido de que Trump no estaba calificado para asumir la responsabilidad más grande del planeta, sus ataques contra el magnate y su abierto apoyo a la candidatura de Clinton fueron atípicos para un presidente en ejercicio.

El problema para Obama es que de ahora en adelante quedará a merced de un Trump que ya alista su bolígrafo para firmar órdenes ejecutivas donde elimina las adoptadas por Obama para dar alivio a millones de indocumentados, suavizar el embargo a Cuba, controlar la emisión de CO2 y otras muy cercanas a su corazón.

Así mismo, iniciará su mandato con el respaldo de un Congreso donde los republicanos controlarán las dos cámaras y tienen como primer punto de la agenda destruir Obamacare, la reforma de la salud a la que le dedicó los primeros dos años de su gobierno y es considerada la joya de la corona de su administración.

Y cuando esa batalla inicie, no hay duda, desaparecerá el tono cordial y para la tribuna que evidenciaron ayer este jueves.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
Washington
En twitter @sergom68

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