Reforma de salud, la papa caliente de los republicanos y Trump

Reforma de salud, la papa caliente de los republicanos y Trump

Tras meses de debates, republicanos no logran ponerse de acuerdo para reemplazar el 'Obamacare'.

Reforma sanitaria de Trump

Esta semana, decenas de personas se manifestaron en Washington, frente al Senado, en contra del plan de los republicanos.

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Shawn Thew / EFE

02 de julio 2017 , 12:00 a.m.

Durante más de 6 años, los republicanos en EE. UU. utilizaron la reforma a la salud del expresidente Barack Obama como caballito de batalla para su regreso al poder.

Fue gracias a esa estrategia que recuperaron la Cámara de Representantes en las elecciones del 2010 y luego el Senado en las del 2014. Y, sin duda, también les sirvió para tomarse la Casa Blanca en los comicios presidenciales del año pasado.

Por estos días, sin embargo, parece que les está tocando tomar de su propia medicina.
Este martes, y tras semanas de negociaciones clandestinas, el líder de la colectividad en el Senado, Mitch McConnell, tuvo que posponer –y por ahora indefinidamente– la votación sobre un proyecto de ley con el que se supone pretenden desmontar y reemplazar el llamado ‘Obamacare’, como se conoce la reforma sanitaria de Obama.

En resumidas cuentas, McConnell tuvo que aceptar que no posee los 50 votos que necesita para aprobarlo, pese a que los republicanos, por sí solos, suman 52 asientos en esta Cámara del Legislativo (al menos cinco senadores de este partido se declararon en abierta oposición a los términos de la reforma).

El proyecto no está muerto. De acuerdo con McConnell, la idea es intentar aprobarlo en unas dos semanas, cuando los congresistas ya hayan regresado del receso de este próximo cuatro de julio.

Pero los prospectos no son los mejores. Y, como sucedió con Obama y los demócratas durante este lustro, tanto el presidente de EE. UU., Donald Trump, como los republicanos han comenzado a entender que reformar el sistema de salud para unos 350 millones de habitantes no solo es toda una madeja, sino que viene atado a consecuencias políticas de alto impacto.

Ellos llevaban siete años despotricando contra el ‘Obamacare’ e insistiendo en que tenían un plan que era mucho mejor

“Sobre la superficie el problema actual es uno de imagen”, sostiene Evan Siegfred, estratega republicano. “Ellos llevaban siete años despotricando contra el ‘Obamacare’ e insistiendo en que tenían un plan que era mucho mejor. La excusa antes era que no lo podían ejecutar porque Obama estaba en la Casa Blanca. Ahora que no está –y controlan las dos ramas del poder– tienen que cumplir, pero no están ni cerca de un acuerdo. Y eso los hace lucir muy mal”, añade.

Especialmente a Trump, pues durante la campaña prometió que en los primeros meses de gobierno sacaría adelante una reforma que reduciría los costos de la salud –en ascenso en los últimos años– y mejoraría el cubrimiento.

Pero el fondo es más complejo. Parte de ello emana de la calificación que emite la Oficina para el Presupuesto del Congreso (CBO, su sigla en inglés), un organismo independiente en el Legislativo que se encarga de evaluar los costos, ahorros e impacto de todos los proyectos que se presentan.

Y en el caso de la reforma presentada por los republicanos del Senado, su veredicto fue devastador.

Si bien le ahorraría al fisco unos 320.000 millones de dólares en 10 años, más de 22 millones de personas perderían su seguro de salud en ese mismo periodo. Y de ellos, 15 millones durante el primer año de aplicación. Los más afectados serían pobres y personas de la tercera edad.

Un sector del partido en el Senado, los más conservadores, aplauden el proyecto, pues les permitiría reducir el déficit.

De hecho, les parece que no es lo suficientemente agresivo, pues deja intacto algunos aspectos del ‘Obamacare’ a los que se oponen.

Pero a otro sector, el más moderado, le aterra el impacto sobre los más vulnerables. Especialmente por que provienen de estados, como Ohio, que se habían beneficiado por la expansión del cubrimiento a la salud del ‘Obamacare’ y ahora lo perderían.

Legisladores, además, que no provienen de estados marcadamente republicanos y que podrían –por cuenta de una reforma de este tipo– perder su curul en las próximas elecciones.

Esa, en esencia, es la disyuntiva en la que está el partido. Si se inclinan por las exigencias de los conservadores, ahuyentan a los de centro y viceversa.

Es la misma dinámica que existió en la Cámara cuando este órgano tuvo que sudar sangre durante el debate y posterior aprobación de su propia versión de la reforma.

Para rematar, las últimas encuestas han sido demoledoras. En una del miércoles de NPR y PBS solo el 17 por ciento aprueba la reforma. En otra de Suffolk del jueves ese número es del 12 por ciento, con solo el 26 por ciento de los mismos republicanos a favor.

Pero aun si el Senado llega a la fórmula mágica, tendrá luego que debatir con la Cámara para armonizar los dos proyectos. Y ambas son bien diferentes.

De hecho, hay quienes dicen que la mejor opción para los republicanos es dejar morir la reforma que tanto prometieron para no tener que cargar luego con el lastre que hoy arrastran los demócratas por el ‘Obamacare’.

Como dice Chris Cillizza, experto de la cadena CNN, los republicanos padecen una encrucijada muy típica de los políticos: predicar y ejecutar son harinas de un costal diferente.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
En Twitter: @sergom68

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