La ‘supremacía blanca’ alarma a Estados Unidos

La ‘supremacía blanca’ alarma a Estados Unidos

El Ku Klux Klan tiene 130 organizaciones en el país, otras 193 impulsan la separación de razas.

Disturbios en Charlottesville, Virgina

Cientos de supremacistas blancos se tomaron la ciudad de Charlottesville, en Virgina.

Foto:

Chip Somodevilla / AFP

19 de agosto 2017 , 10:48 p.m.

La noticia de la marcha que supremacistas blancos realizaron en Charlottesville, Virginia, Estados Unidos, le dio esta semana la vuelta al mundo. La movilización –considerada una de las más grandes de los últimos años– fue motivada por la decisión de la alcaldía de la ciudad de retirar de uno de sus parques una estatua de Robert E. Lee, el general que encabezó los ejércitos de los Estados Confederados durante la Guerra de Secesión (1861-1865).

La noche del viernes 11 de agosto un río de personas recorrió las calles de esta localidad con antorchas y coreando consignas como “los judíos no nos reemplazarán”, “las calles nos pertenecen” o “prometemos recuperar nuestro país”.

Al día siguiente, cientos de estas personas, muchas de ellas con palos, bates de béisbol, cascos y escudos, salieron nuevamente a las calles. Lo hicieron con banderas confederadas y símbolos alusivos al Ku Klux Klan (KKK) e incluso al nazismo, y, durante horas, volvieron a corear consignas racistas y xenófobas.

En el parque de la Emancipación se encontraron con un grupo de contramanifestantes que los enfrentó con arengas como “No nazis, no KKK, no fascist USA”. El encuentro derivó en unos enfrentamientos que dejaron decenas de heridos y capturados, y una tragedia: una joven perdió la vida tras ser atropellada por un supremacista blanco de 20 años que arrolló con su carro a un grupo de personas que se oponían a la movilización de estos grupos racistas.

“Lo ocurrido en Charlottesville demuestra una capacidad inédita de planificación y coordinación entre diferentes sectores de la derecha extrema y racista. Los representantes de grupos como 'Vanguard America', 'Identity Evropa', 'League of the South', 'Traditionalist Worker Party', 'National Socialist Movement', 'Council of Conservative Citizens', entre otros, hicieron a un lado sus desacuerdos y lograron articularse bajo la consigna de ‘unir a la derecha’ ”, advierten los investigadores del Southern Poverty Law Center (SPLC), una ONG de abogados defensores de los derechos civiles.

Dicha organización, que cuenta con el observatorio más riguroso de movimientos extremistas en Estados Unidos, ha documentado un dramático incremento de los grupos de odio en los últimos 18 años. Mientras en 1999 había 457 grupos, en el 2016 fueron registradas 917 organizaciones de este tipo, la mayoría ligadas al Ku Klux Klan y al movimiento nacionalista blanco.

Pero ¿quiénes son estas personas, dónde están, cuántos son y qué reivindican?

De los 917 grupos de odio registrados por el SPLC, 193 se inscriben en el movimiento separatista, el cual reivindica la separación total de blancos y negros, se reconoce como antisemita y plantea, incluso, la necesidad de una nación blanca y una nación negra.

El KKK ha profesado su odio a los negros y a los homosexuales, pero en los últimos años le ha declarado también la guerra a los inmigrantes

Otras 130 organizaciones forman parte del Ku Klux Klan, que fue fundado en 1865 como una organización unitaria, pero con el tiempo se fue multiplicando en subgrupos que se regaron por todo el país. Históricamente, el KKK ha profesado su odio a los negros y a los homosexuales, pero en los últimos años le ha declarado también la guerra a los inmigrantes.

El martes, la periodista colombiana Ilia Calderón, presentadora de Univisión, reveló en La W las agresiones que recibió por parte de Chris Barker, líder del grupo Los Leales Caballeros Blancos, del KKK, durante una entrevista en la casa del extremista, en Carolina del Norte. “Eres la primera persona negra en pisar este lugar”, le dijo Barker al verla. Luego, durante la conversación –que transcurrió en medio de un ritual realizado por hombres vestidos con los típicos atuendos del clan–, el líder se despachó contra Ilia usando insultos racistas y le dijo que en lugar de “echarla del país” la iba a “quemar viva”.

Pero hay más expresiones de esta corriente supremacista. El SPLC ha contabilizado otros 100 grupos de nacionalistas blancos, es decir, personas a quienes une la idea de que la raza blanca es superior. Entre esta línea están los neoconfederados (43), los neonazis (99), los ‘skinhead’ racistas (78) y la corriente de identidad cristiana (21).

Por otro lado, hay 52 grupos anti-LGBTI, normalmente integrados por radicales cristianos, y 101 grupos antimusulmanes, que se multiplicaron tras el ataque del 11-S al World Trade Center.

Por último, hay otras 100 organizaciones ligadas a lo que se conoce como el movimiento de odio general, que se subdivide en tres grupos: los antiinmigrantes, los que niegan el Holocausto y los de posiciones religiosas extremas.

A todos estos grupos los une un sentimiento de furia que podría resumirse en una frase que Jason Kessler, la nueva figura del nacionalismo blanco estadounidense, dio a la prensa durante la marcha de Charlottesville: “Lo que hoy estamos viendo es un genocidio blanco, el reemplazo cultural y étnico de nuestra gente”.

No hay un estado de EE. UU. que no tenga al menos uno de estos grupos, pero los nacionalistas blancos y los neonazis son los que están presentes en más zonas.

En términos generales, se puede decir que los supremacistas blancos se concentran en la parte este del país, con un énfasis notorio en estados como Florida, Tennessee, Kentucky, Carolina del Sur, Carolina del Norte, Georgia, Alabama, Texas, Misuri y Virginia.

En los últimos meses, ha tomado especial impulso el movimiento Derecha Alternativa, mejor conocido como Alt-Right, el cual congrega a diferentes grupos que reivindican la superioridad de la identidad blanca y rechazan las “fuerzas multiculturales” que “minan su civilización”.

Alt-Right, uno de los bastiones de la campaña presidencial de Trump, tiene una fuerte presencia en redes sociales y se inscribe en la corriente del etnonacionalismo blanco.

Abandono y frustración

Pero ¿qué alimenta a estos grupos? “En Estados Unidos hay una clase media-baja blanca que ha recibido fuertes golpes a causa de las transformaciones de la economía de ese país. Muchas personas han encontrado en los grupos de extrema derecha un canal para expresar una sensación de abandono y frustración que, sumada a los históricos y no superados discursos de superioridad racial, ha desencadenado el estallido de diferentes manifestaciones xenófobas y racistas”, explica la politóloga Carolina Cepeda, docente de la carrera de Relaciones Internacionales de la Javeriana.

Para Cepeda, es equivocada y reduccionista la idea según la cual las actuales condiciones socioeconómicas de esa clase media-baja son producto de las dinámicas de inmigración o de las acciones afirmativas encaminadas a favorecer a grupos minoritarios como los afrodescendientes y los hispanos. “Este imaginario –anota–, además de legitimar los extremismos, ha generado una profunda confusión respecto de los procesos históricos que sí han precarizado la vida de vastos sectores”.

A causa de la neoliberalización de la economía –explica–, las estructuras del mercado laboral empezaron a sufrir drásticas transformaciones debido a la desindustrialización de Estados Unidos, situación que restó poder a la fuerza de trabajo. A eso se sumó un proceso de deslocación de la producción al extranjero (México, China, etc.), lo que propició el desempleo. Además, el capital financiero buscó afuera mayores tasas de beneficio.

“Eso, más las políticas de desregulación en todos los ámbitos y la restringida atención del Estado a áreas como la educación, la salud y la seguridad social han abierto el camino a la precarización de la clase media y baja”, dice Fabio López, director del Instituto de Estudios Políticos y Relaciones Internacionales de la U. Nacional, quien agrega que la crisis financiera del 2008, causada por el colapso de la burbuja inmobiliaria, agudizó aún más las cosas.

Todo esto –dicen los expertos– sirvió como caldo de cultivo para los movimientos extremistas. La misma lógica subyace, destaca el analista de conflictos Víctor de Currea, en la capacidad de reclutamiento del Estado Islámico. “¿Qué explica que más de 3.000 jóvenes franceses se hayan vinculado a las filas de ese grupo extremista? ¿Acaso todos ellos se vieron genuinamente atraídos por el islam radical? No, esa solo es la excusa. La verdadera razón es el sentimiento de desazón que comparten”.

El filósofo esloveno Slavoj Žižek dice que, en momentos de crisis, las personas tienden a proyectar su rabia y su dolor en una figura a la que atribuyen la culpa de sus males. Pero eso no solamente sucede en el plano individual, sino también en el colectivo. Y las crisis de orden geopolítico y socioeconómico que hoy sacuden a buena parte del mundo han puesto de manifiesto una vieja tendencia a prefigurar falsos enemigos para desviar la atención del verdadero origen de los conflictos.

Žižek lo ha planteado de esta manera: la expandida sensación de frustración causada por los embates de un modelo económico que toca sus propios límites y que ha puesto en jaque el bienestar de inmensas poblaciones suele proyectarse en los extranjeros, los inmigrantes y las minorías étnicas, sexuales y religiosas, que tienden a ser presentadas como ‘enemigas’ dignas de rechazo, odio y repulsión.

Lo más grave, explica Žižek, es que esta tendencia a la construcción de falsos enemigos conduce, inevitablemente, a “la configuración lenta y gradual de nuevos fascismos”. “Paradójicamente, el capitalismo global funciona conforme a una lógica potencialmente peligrosa de aislacionismo, de muros, de ‘apartheid’, que no solo opera entre países, sino también dentro de ellos”, sostiene el filósofo en ‘Fascist mystification of ideology’.

“Estas comunidades –explica De Currea– se fundan en un discurso de ‘ellos’ y ‘nosotros’, donde ‘ellos’ (los musulmanes, los judíos, los latinos, etc.) se convierten en los chivos expiatorios de la crisis económica y, en consecuencia, en objetos de persecución, marginación social y violencia. La islamofobia, la antiinmigración y el antisemitismo se han extendido por el planeta con la misma fuerza con que lo ha hecho el discurso del miedo y el racismo”.

Señales peligrosas

Durante décadas, los llamados grupos de odio permanecieron al margen de la esfera pública en Estados Unidos. “Pero la oleada de nacionalismos en el mundo los sacó de nuevo a la calle y les permitió posicionarse como nunca antes”, dice Mark Potok, investigador del SPLC.

Con la llegada de Trump al poder los extremistas blancos se han sentido claramente estimulados para salir a la luz pública

Carlos Patiño, analista de asuntos internacionales, agrega que con la llegada de Trump a la presidencia de Estados Unidos los extremistas blancos se han sentido claramente estimulados para salir a la luz pública.

“Durante su campaña electoral, Trump se apoyó en los grupos más radicales de la derecha del país y en la furia de la clase baja blanca, a la que prometió ‘devolverle América’ ”, señala Patiño.

“Como candidato y como presidente ha tenido claras manifestaciones de racismo. Suele referirse en los peores términos a los mexicanos y a los musulmanes. Sus políticas para contener la migración tienen un fuerte componente xenófobo. De su gobierno formó parte el famoso supremacista blanco Steve Bannon y propuso al Senado la nominación como fiscal general del polémico Jeff Sessions, un abogado de Alabama acusado de racismo. Todos esos gestos, sumados a su falta de contundencia a la hora de condenar hechos como los de Virginia, constituyen una suerte de guiño a los grupos de odio”, dice el analista.

El peligro de los racismos, las xenofobias y otras manifestaciones de odio radica, según De Currea, está en que operan como el cáncer: “Su potencia está en su capacidad de contagiar cada célula de la sociedad para movilizar odios, inseguridades y miedos que, finalmente, y como lo vemos en Estados Unidos y en muchos países europeos, terminan resonando en un punto común: el gobierno”.

La noche del miércoles, cientos de personas salieron a las calles de Charlottesville para realizar una vigilia por el derecho a vivir en una ciudad libre de odios, un gesto que ilustra lo que, en opinión de De Currea, la humanidad está abocada a hacer en momentos de crisis como el que ahora atraviesa: aferrarse a la razón.

Donald Trump, en aprietos

El presidente Trump ha recibido duras críticas por la ambigüedad y la falta de contundencia de sus declaraciones tras la marcha de supremacistas blancos en Charlottesville. Su insistencia en equiparar a los extremistas con los contramanifestantes ha sido interpretada como un espaldarazo a los grupos de extrema derecha.

“Gracias, presidente, por su honestidad y coraje al decir la verdad”, dijo en un tuit el exlíder del Ku Klux Klan, David Duke, tras los pronunciamientos del mandatario, que han tenido serios costos políticos. El miércoles, varios miembros del consejo empresarial de Trump anunciaron su renuncia para expresar su molestia ante sus comentarios. Además, el presidente ha recibido fuertes reproches de su propio Partido Republicano.

MARÍA LUNA MENDOZA
Redacción Domingo
lunmar@eltiempo.com

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