Melania Trump: una eslovena llega a la Casa Blanca

Melania Trump: una eslovena llega a la Casa Blanca

Si la esposa de Donald Trump se convierte en primera dama, cumplirá varias condiciones inéditas.

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Melania Trump sería la primera dama nacida en el extranjero en 216 años.

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EL TIEMPO

09 de noviembre 2016 , 02:54 a.m.

En las últimas semanas, Melania Trump se convirtió en la carta de defensa de Donald Trump frente a los escándalos sexuales que sacudieron su candidatura. La “compañera silenciosa” del presidente electo –como fue calificada por ‘The New York Times’– rompió el silencio y se convirtió en la cara más amable de la candidatura de Trump a la Casa Blanca.

Súper modelo, diseñadora de joyas y políglota, Melania Trump ocupará la silla de honor de la esposa del presidente de Estados Unidos y, como ha dicho la revista ‘Vanity Fair’, será la Primera Dama “más sui generis de Estados Unidos”.

La primera dama de las primeras veces

Ahora que Trump ha sido elegido presidente, Melanie será la primera esposa presidencial del país estandarte del capitalismo en haber nacido bajo un régimen socialista. Melanija Knavs –su nombre de cuna– nació en Eslovenia en 1970, cuando ese país hacía parte de la Federación de Repúblicas Socialistas de Yugoslavia, un régimen más laxo que los de corte soviético. Es decir, Melania nació apenas siete años antes del primer matrimonio de Trump con Ivanka Trump, también europea.

El padre de Melania, Víctor Knavs, hizo parte del partido socialista. Knavs ha sido comparado por la prensa con el esposo de la súper modelo “por su personalidad ambiciosa y parecido físico”, en palabras de Univisión.

Durante su discurso frente a la Convención Republicana, el 18 de julio de este año, Melania se refirió a sus padres así: “Mi hermana y yo crecimos con unos padres maravillosos. Mi elegante madre me introdujo en el mundo de la moda y la belleza y mi padre Víctor me inspiró la pasión por los negocios y los viajes”, dijo.

En efecto, el influjo de su madre, costurera, fue determinante para que Melania Trump desembocara en la pasarelas europeas desde joven. Comenzó como modelo a los 16 años, descubierta por Stane Jerko, un prestigioso fotógrafo de la capital eslovena, Lubliana. Melania se fue a esta ciudad a estudiar arquitectura y diseño, carrera que no terminó pero que, según sus palabras, sigue en la órbita de sus pasiones.

Sin embargo, Melania Trump no es la primera dama en llegar a ese puesto con un pasado en el modelaje. Es la tercera, después de Pat Nixon y Betty Ford, esposas de Richard Nixon y Gerald Ford, respectivamente.

En lo que Melania Trump sí rompe todos los cánones es en que será la única primera dama, hasta ahora, en haber posado desnuda. Así lo recordó el ‘New York Post’ cuando revivió una serie de fotos tomadas por el fotógrafo Alé de Baseville en 1996 en las que Melania Knavs –todavía soltera– figura junto a la modelo Emma Ericksson.

Esa no fue la única ocasión en que Melania posó desnuda. También lo hizo en otra serie de fotos publicada por la revista ‘GQ’ en el año 2000. Aunque en ese momento no eran esposos, Melania posó dentro del jet privado de Trump, esposada a un maletín, sobre una alfombra de piel de oso.

Por otro lado, Melania Trump será la primera dama nacida en el extranjero en 216 años. Solo una lo fue en el pasado: Louisa Adams, esposa de segundo presidente de Estados Unidos, John Adams. Era inglesa. No obstante, Trump obtuvo la nacionalidad estadounidense en 2006.

Finalmente, Melania será también la primera ‘first lady’ en llegar a la Casa Blanca como tercera esposa del presidente y la segunda en haberse casado con un hombre divorciado, después de Nancy Reagan.

(También: Trump, el magnate y 'antipolítico' sin pelos en la lengua)

Una multimillonaria historia de amor

Melania Knavs llegó a Nueva York en 1996, ocho años después de haber firmado su primer contrato en Milán. Después de pasar por las capitales de la moda europea, figurar en revistas de la talla de ‘Vogue’ y ‘Vanity Fair’ y aprender a hablar inglés, alemán, francés e italiano –además de esloveno y serbocroata–, se fue a ‘la gran manzana’.

En 1998, ya instalada en el mundo de la moda neoyorquina, conoció a Donald Trump en una fiesta en el Kit Kat Club durante la semana de la moda de Nueva York. Para entonces, Trump se había separado de su segunda esposa, la actriz Marla Maples, pero seguían casados legalmente.

En esa fiesta, Trump, de 52 años, le pidió a Melania su número de teléfono, según ha contado ella. La modelo, de 28 años, no se lo dio, pero accedió a recibir el de él. Semanas más tarde lo llamó y comenzaron un romance, al principio intermitente, que le valió una fama de caza fortunas que ella misma desmintió después a ‘The New York Times’.

Pese a que Trump se divorció en 1999 de Maples, no fue sino hasta 2004, en el reality show ‘El Aprendiz’, que el magnate inmobiliario hizo oficial su relación con la modelo.

Un año después, Donald y Melania protagonizarían la que, para entonces, fue considerada una de las bodas más caras de la historia. Tan solo el vestido de ella, de la casa de modas Dior, costó cerca de 200.000 dólares. La recepción fue en la joya de la corona del imperio Trump: el resort Mar-a-Lago, en Florida.

En 2006, Melania Trump obtuvo la nacionalidad estadounidense y nació Barron, hijo del matrimonio Trump-Knavs y quinto hijo de Donald. Hoy viven entre un lujoso apartamento de la Trump Tower y un palacio de verano en Palm Beach.

La esposa en medio de los escándalos

“No soy política en público. Soy política en casa”, dijo Melania Trump a la revista ‘Us’ en enero de este año. “¿Estoy siempre de acuerdo con él? No. Le doy mis opiniones, le digo lo que pienso. A veces escucha, a veces no”, fueron las palabras de la mujer que ha salido a defender a su esposo, más que por temas políticos, por escándalos de tinte sexual.

Su vida no ha estado exenta de polémicas. Una periodista de ‘GQ’ en Gran Bretaña, Julia Ioffe, asegura que después de viajar a Eslovenia a preguntar por Melania recibió amenazas. La razón, como recoge ‘Vanity Fair’, es que “se airean algunos antiguos trapos sucios familiares como la acusación al padre de contrabando o un medio hermano nacido de una madre distinta a la de Melania que el padre no tuvo más remedio que acabar reconociendo después de una larga batalla legal”.

Al margen de estos episodios, a Melania Trump, 24 años menor que su esposo, le ha correspondido ser la cara positiva tras el incendiario discurso de Trump.

Después de que él, ya en campaña, acusara a los inmigrantes mexicanos de criminales, narcotraficantes y violadores, ella dijo al canal de noticias MSNBC: “No creo que insultara a los mexicanos. Dijo inmigrantes ilegales. No habló de todos”.

Más recientemente, frente a la reciente polémica por un video de 2005 en el que el magnate se refería a las mujeres en términos ofensivos, Melania bajó el tono de las palabras de su esposo al calificativo de una “conversación entre chicos”. Según dijo a CNN, su esposo fue incitado a decir “cosas sucias y malas”, pero, según ella, él nunca se comportaría de forma inapropiada.

No sólo los escándalos de su esposo han puesto a Melania Trump en el foco de los medios de comunicación. Más allá de la controversia por sus fotografías desnuda, el punto máximo de cuestión a la esposa del presidente electo fue justo durante la Convención Nacional de ese partido.

Ella fue la responsable de dar el discurso durante la primera noche de la convención. Horas después, daba la vuelta al mundo la comparación de sus palabras con las que había pronunciado Michelle Obama durante la campaña presidencial que llevó a Barack Obama a la presidencia en 2008. Trump fue acusada de plagio.

En esa intervención, antecedida por la presentación poco protocolaria de su esposo y por ‘We Are the Champions’, de Queen, Melania habló de su familia y del valor del trabajo, con líneas muy similares a las de Obama. También dijo que hacerse ciudadana de Estados Unidos era “el privilegio más grande en el planeta Tierra”.

“Si soy honrada con el honor de servirles como primera dama, yo usaré este privilegio maravilloso para tratar de ayudar a aquellas personas en nuestro país que más lo necesitan”, fue la idea con la que cerró su discurso.

Sin embargo, la mayor expectativa que muchos analistas depositan sobre Melania Trump no radica en su promesa de promover “la amabilidad, el amor y la compasión de unos por otros”, sino en que podría ser la más bella y elegante primera dama desde Jackie Kennedy.

Y no queda duda de que la eslovena, protagonista de polémicas y defensora de su esposo, llevará la Casa Blanca a un periodo de lujo y elegancia como pocos en la historia reciente. Esa será su particular manera de convertirse en un nuevo símbolo de la nación de Estados Unidos.

JUAN DAVID LÓPEZ MORALES
ELTIEMPO.COM
En Twitter: @LopezJuanDa

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