Cara a cara sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU

Cara a cara sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU

Una clasificación sobre el cumplimiento de estas metas ubicó a EE. UU en el puesto 42 de 157 países.

Desigualdad en América Latina

En América Latina, la desigualdad se ha reducido, pero sigue siendo alta: 0,469 puntos Gini (1 es el nivel máximo).

Foto:

Juan Torres / AFP

06 de enero 2018 , 10:14 p.m.

Los errores de una medición

Se ha creado un nuevo tablero que pretende calificar el grado de avance de los países en los objetivos para el desarrollo, pero que poco nos dice sobre los grandes retos de la humanidad. En su lugar, pone en evidencia las insuficiencias de la desenfocada agenda global que hoy se sigue para el desarrollo.

El nuevo informe, supervisado por Jeffrey D. Sachs y publicado por la Red de Soluciones Sostenibles de las Naciones Unidas y la Bertelsmann Stiftung de Alemania, grafica en colores el avance de los países en su implementación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), la importante agenda que sucedió a los muy eficaces Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) desde enero del 2016. El verde indica que todos los indicadores de un objetivo se han logrado satisfactoriamente, mientras que, respectivamente, el amarillo, el naranja y el rojo apuntan a distancias crecientes para alcanzarlo.

Se podría esperar que la calificación revelara cuán bien los países ricos asignan su ayuda para el desarrollo y cómo los países con menos recursos destinan sus fondos propios para asegurar que más gente tenga acceso a educación, atención médica, seguridad alimentaria y un ambiente seguro y limpio, es decir, los retos fundamentales para el desarrollo del planeta. Pero en lugar de ello, el índice nos muestra que Camboya (donde más del 20 por ciento de la población vive con menos de 1,90 dólares al día) obtiene un verde, superando a una España, naranja, en la implementación del ODS 1: ‘Acabar con la pobreza en todas sus formas en todo el planeta’.

En cuanto a eficiencia gubernamental, el informe afirma que Italia lo está haciendo peor que todos los países, excepto Venezuela, en una lista encabezada por Singapur y, lo que es más sorprendente, Ruanda.

Estados Unidos alcanza una sorprendente cantidad de rojos y amarillos, y sale en el puesto 42 de un total de 157 países. De hecho, no logra verde en ninguno de los 17 ODS y comparte este dudoso honor con Grecia, Italia, Letonia, México, España y Turquía, entre otras naciones. En contraste, Yemen, país asolado por la guerra, obtiene verde tanto para ‘Acción climática’ como ‘Colaboración para el logro de los objetivos’.

Es popular y fácil atacar a Estados Unidos, pero los contribuyentes de ese país representan casi un cuarto de todo el dinero destinado a la ayuda directa para el desarrollo. Pareciera que un informe que da al mayor donante global la clasificación más baja posible para ‘Colaboración para el logro de los objetivos’ tiene algunos problemas de fondo. Basta con señalar que Birmania y Uzbekistán comparten marcas verdes en esta categoría.

Estados Unidos obtiene apenas un amarillo para el ODS 3, que cubre la sanidad y el bienestar. ¿Por qué, si la expectativa de vida en Estados Unidos es relativamente alta y la mortalidad neonatal y maternal es baja?
Resulta que su puntuación general cae por su alto número de muertes en accidentes de tráfico. Pero mezclar accidentes automovilísticos en Ohio con mortalidad neonatal no hace más que enturbiar la agenda para el desarrollo internacional.

De hecho, Australia recibe un rojo en el ODS ‘Acabar con el hambre’, no debido a altos niveles de inanición ni deficiencias de micronutrientes, sino a sus altos índices de obesidad y los menores rendimientos de su agricultura extensiva.

No hay duda de que la obesidad y la eficiencia agrícola en los países ricos son importantes. Pero perdemos de vista lo que realmente importa: unos 795 millones de personas en el mundo no comen lo suficiente como para tener una vida activa y saludable. Eso es cerca de uno de cada nueve habitantes de la Tierra.

Tras todo esto hay un problema mayor: los ODM funcionaron porque eran pocos (19) y muy específicos, mientras que los ODS abarcan 17 objetivos y 169 metas.

Solucionar las deficiencias de micronutrientes fue uno de los 19 objetivos específicos identificados por un panel de economistas premiados con el Nobel que estudiaron las maneras más eficaces, en función de los costos, para ayudar a la gente, proteger el planeta e impulsar la prosperidad.

Los análisis demostraron que centrarse en los 19 objetivos principales lograría cerca de cuatro veces más en términos de bienestar que tratar de distribuir fondos entre 17 objetivos y 169 metas. Y por eso hoy los países están haciendo la priorización que la ONU no pudo hacer.

El peligro real es que no sean los objetivos con los que se podría lograr el mayor bien por cada dólar, libra o peso, sino los que tengan el mayor atractivo para los medios, atención de las ONG o interés de las grandes empresas.

Necesitamos llevar la agenda para el desarrollo a sus temas más básicos y centrarnos en las áreas donde cada dólar gastado pueda lograr lo mejor para la humanidad.
Solo así un tablero de puntuación nos ayudará a lograr el máximo avance en estos temas.

Las cifras son elocuentes

Al medir los avances hacia el logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, Estados Unidos se situó en el puesto 42 de 157 países, según el más reciente reporte del Índice de ODS, en cuya dirección participo. Esto ha dejado perplejo al autor danés Bjørn Lomborg. ¿Cómo puede un país tan rico obtener un puntaje tan bajo? “Es popular y fácil atacar a Estados Unidos”, conjeturó.

Estados Unidos se ubica muy por detrás de otros países de altos ingresos porque su plutocracia les ha dado la espalda a la justicia social y la sostenibilidad ambiental durante años

Pero esto no se trata de criticar a Estados Unidos. El Índice de ODS se basa en datos comparables internacionalmente sobre los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible. El verdadero punto es este: el desarrollo sostenible abarca la inclusión social y la sostenibilidad ambiental, no solo la riqueza, y Estados Unidos se ubica muy por detrás de otros países de altos ingresos porque su plutocracia les ha dado la espalda a la justicia social y la sostenibilidad ambiental durante años. Y hoy estos intereses particulares –de las grandes petroleras, la asistencia médica privada, el complejo militar-industrial y Wall Street, principalmente– se sienten especialmente fuertes con la administración de Donald Trump.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible piden mitigar el cambio climático a través de la descarbonización (ODS 7 y 13), pero Trump anunció, por influencia de los grandes intereses petroleros y del carbón, que retirará al país del acuerdo climático de París: un país con las emisiones anuales per cápita de CO2 (relacionadas con energía) más altas del mundo para una economía grande. Esto, mientras que la Agencia de Protección Ambiental desmantela regulaciones medioambientales cada semana.

Los ODS también demandan una reducción de la desigualdad de ingresos (ODS 10), lo que ha aumentado mucho en Estados Unidos en los últimos 30 años: el coeficiente de Gini se sitúa en 41,1 y es el segundo más alto entre las economías de altos ingresos, justo detrás de Israel (42,8). Y las iniciativas republicanas de recortes de impuestos incrementarían la desigualdad aún más.

La tasa de pobreza relativa de Estados Unidos (hogares con menos de la mitad del ingreso medio) es del 17,5 %, también la segunda más alta en la Ocde (nuevamente detrás de Israel).

De la misma forma, aunque los ODS apuntan a empleos dignos para todos (ODS 8), los trabajadores estadounidenses son casi los únicos en la Ocde que no tienen garantizada la licencia por enfermedad retribuida, el permiso familiar ni los días de vacaciones. Y alrededor de nueve millones de trabajadores están por debajo de la línea de pobreza.

Estados Unidos también sufre de una epidemia de malnutrición a manos de la poderosa industria de la comida rápida, que ha envenenado a la población con dietas llenas de grasas saturadas, azúcar y aditivos químicos. El resultado es una tasa de obesidad del 33,7 por ciento, la más alta en la Ocde. La esperanza de vida saludable (años sin morbilidad) del país es de solo 69,1 años, frente a los 74,9 años de Japón y los 73,1 de Suiza.

Si bien los ODS ponen énfasis en la paz (ODS 16), el complejo militar-industrial de Estados Unidos busca guerras abiertas (Afganistán, Irak o Siria son solo algunas)
y la venta de armas a gran escala. En su reciente visita a Arabia Saudita, Trump firmó un acuerdo para vender más de 100.000 millones de dólares en armas a ese país y alardeó que eso significaría “empleos, empleos y empleos”.

La tasa de homicidios del país asciende a 3,9 por 100.000, la mayor de la Ocde y varias veces superior a la europea (en Alemania es del 0,9). Cada mes hay tiroteos masivos, como la masacre de Las Vegas, pero el poder político del grupo de presión a favor de las armas se opone incluso a limitar las armas de asalto.

Otro tipo de violencia es la encarcelación masiva. Estados Unidos tiene la tasa de encarcelamiento más alta del mundo: 716 reclusos por cada 100.000 personas. Cabe destacar que el país ha privatizado parcialmente sus prisiones, creando una industria cuyo interés prioritario es maximizar el número de presos. El expresidente Obama promulgó una directiva para eliminar gradualmente las cárceles privadas, pero la administración Trump la revocó.

Lomborg también se pregunta por qué Estados Unidos obtiene un bajo puntaje en ‘Colaboración para el logro de los objetivos’, pese a que en 2016 otorgó alrededor de 33.600 millones de dólares en Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD). La respuesta es fácil: con un ingreso nacional bruto de casi 19 billones de dólares, el gasto en AOD del país ascendió a solo un 0,18 % del mismo, alrededor de una cuarta parte del objetivo mundial del 0,7 % del PIB.

La baja clasificación de Estados Unidos en el Índice de ODS no es una crítica al país, es más bien un triste y preocupante reflejo de la realidad. Confío en que un Estados Unidos posterior a Trump se vuelva a comprometer con los valores del bien común, tanto dentro del país como en calidad de socio global para el desarrollo sostenible.

BJØRN LOMBORG Y JEFFREY D. SACHS
Project Syndicate
* Bjørn Lomborg es profesor en la Copenhagen Business School y director de Copenhagen Consensus Center.
* Jeffrey D. Sachs es profesor en la universidad de Columbia y columnista.

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