‘La adicción a internet es una amenaza real de salud pública’: Cash

‘La adicción a internet es una amenaza real de salud pública’: Cash

Hilarie Cash es una de las fundadoras de reStart, un centro para tratar la adicción a internet.

reStart, centro para tratar adicción a internet

Cuando los pacientes llegan a este centro, se les retiran los móviles y computadores para mostrarles que la vida tiene cosas más importantes.

Foto:

Cortesía reStart

11 de noviembre 2017 , 11:51 p.m.

En las afueras de Seattle, en el estado de Washington, en una tranquila comunidad rodeada de árboles, se encuentra reStart, un centro para el tratamiento de adictos.

No es una clínica convencional. Tratan a pacientes cuyas vidas están siendo destruidas por el internet, los videojuegos o las redes sociales. En otras palabras, tecnoadictos o ‘interólicos’ o tecnópatas. El fenómeno es tan novedoso que nadie sabe en realidad cómo llamarlo. Al menos no en Estados Unidos, donde la comunidad médica aún no considera el problema como una enfermedad. Un tremendo error, según Hilarie Cash, fundadora de reStart, quien lleva casi dos décadas investigando este problema.

En entrevista con El TIEMPO, Cash sostiene que las sociedades occidentales parecen ciegas ante un fenómeno que está alterando, de manera destructiva, las fibras mismas que nos hacen lo que somos. Cree, por ejemplo, que el aumento de los diagnósticos de autismo y depresión que registra esta generación de adolescentes está directamente relacionado con el uso excesivo de redes sociales e internet.

¿Qué la llevó a fundar un centro como este?

Me especialicé en adicciones a internet en los 90, cuando esto no era muy conocido, y abrí una oficina para tratar este problema en 1999. Pero siempre me causó frustración que no existiera un centro específico donde se pudiera enviar a mis pacientes para un tratamiento más exhaustivo, como los que existen para rehabilitar alcohólicos o drogadictos. Un día me encontré con mi hoy socia para discutir casos de pacientes problemáticos que ella también tenía y coincidimos en que sería mucho más eficiente tener un centro donde se los pudiera internar por un tiempo.

¿Se sabía ya en esa época que internet en exceso podía generar adicción?


Algunos, como nosotras, que trabajamos en eso, lo sabíamos. Y tal vez en países de Asia, como China y Corea del Sur, que la década pasada equipararon esto a una enfermedad y hoy es considerado su amenaza número uno de salud pública. Pero muy poco en Estados Unidos. Ese reconocimiento ha comenzado a crecer, pero el proceso es muy lento.

¿El problema no está catalogado como una enfermedad en Estados Unidos?

No. En el Manual Diagnóstico de Desórdenes Mentales del año 2013, que se usa aquí como guía, dicen que se está considerando la adicción a internet y videojuegos como un desorden, pero que se necesitan más estudios. Es un primer paso, pero no tengo dudas de que será reconocido en los próximos años.

¿Existen otros centros que se dediquen a esto?

No, y me parece increíble. Hay un par, pero se dedican más a pacientes con altos índices de autismo que terminan enviciados con videojuegos o internet.

¿Qué ofrece su centro?

En el 2009 abrimos el programa para adultos, que básicamente tiene tres etapas. En la primera entran al centro y permanecen internados de ocho a diez semanas. Durante ese tiempo no tienen acceso alguno a ningún tipo de pantalla. Lo que hacemos entonces es atacar los múltiples problemas con los que llegan. La salud, por ejemplo, con un programa deportivo, comida sana y restauración de horas de sueño regulares. En la segunda fase pueden vivir por fuera del centro, pero en apartamentos con tres o más compañeros de tratamiento, que los acompañan y ayudan en esta parte del proceso, que contempla la restauración de sus vidas. Muchos de ellos llegan derrotados, sin empleo, expulsados de la universidad. Pero todavía no pueden tener teléfonos inteligentes, solo lo más básico, y tampoco pueden tener computadores.

¿Y la tercera?

Se mudan a apartamentos individuales si quieren, pueden aspirar a tener computadores, pero se monitorea su uso de internet. La segunda etapa dura unos seis meses y la tercera puede ser indefinida, a pesar de que en ella tienen mucha más independencia.

Estoy segura de que muy pronto habrá (de estos grupos) por todas partes, dado que este problema seguirá creciendo con el paso de los años

Suena muy parecido a los centros de rehabilitación para drogas y a los grupos de Alcohólicos Anónimos.

Correcto. Al principio los hacemos ir a tres grupos: uno de Adictos Anónimos a Internet y la Tecnología, en nuestras dependencias; otro de adictos al sexo y las relaciones, pues esta es un área donde la mayoría tiene problemas, y además a uno de alcohólicos, pues queremos que vean cómo funciona eso en la vida real y porque hay grupos de AA en todo el mundo. En la fase dos también les pedimos que sigan asistiendo a por lo menos tres de estas sesiones y que desarrollen el programa de 12 pasos de AA, que es un camino hacia una rehabilitación permanente. Y la idea es que después los sigan usando.

Entonces, ¿no hay grupos especializados para trabajar este problema como los que ofrece AA?

Aparte del nuestro, no. Pero estoy segura de que muy pronto habrá por todas partes, dado que este problema seguirá creciendo con el paso de los años.

Hoy, todo el mundo tiene un teléfono inteligente o una tableta en la mano. ¿Cómo se diagnostica que alguien tiene un problema?

Hay una lista de signos que buscamos y preguntas que las personas deben hacerse. Cosas como cuántas horas dedica al día a estos temas, qué tanto piensa en estar en internet cuando no lo está, si ha perdido el interés en otras actividades, si miente sobre estas, etc.

Todas las adicciones tienen puntos en común y tienen que ver con un cambio neuroestructural que ocurre por sobreestimular puntos de placer en el cerebro. Cuando una persona suspende esa actividad, sigue un síntoma de abstinencia, que en el caso de los adictos a internet se transforma en ansiedad, depresión e irritabilidad, que solo se quita repitiendo el patrón. Cuando este se suspende del todo pueden pasar semanas antes de que el cerebro vuelve a autorregularse.

¿Cómo llegan los pacientes a ustedes?

Por lo general sufren de insomnio o llevan años sin dormir lo suficiente, los han botado del trabajo o de sus estudios, no se llevan bien con otras personas, tienen ansiedad social, son depresivos, a con tendencias suicidas a veces, con problemas de salud, han dejado de lavarse los dientes, no comen bien.

¿Pero llegan de manera voluntaria o son referidos?

Por lo general son referidos por la familia. La gran mayoría están en negación y no quieren aceptar su condición. Los han amenazado con sacarlos de la casa o algo por el estilo.

¿Cuál es el perfil de las personas que tratan?

Por lo general son hombres. En todo este tiempo solo hemos tratado siete mujeres entre más de 250 que hemos atendido. Son jóvenes entre los 18 y los 30 años, inteligentes, que provienen de familias de clase media, bien educados, y a la mayoría los han diagnosticado con desorden de déficit de atención, depresión y casi un tercio de ellos con síndrome de Asperger. En nuestra experiencia nos hemos dado cuenta de que esas condiciones están relacionadas con la adicción, por lo que desaparecen una vez se trata la adicción estos desaparecen.

¿Por qué tan pocas mujeres?


Todavía no hay estudios suficientes sobre eso. Mi teoría es que afecta igualmente a las mujeres, pero estas siguen siendo funcionales durante la adicción. Siguen con sus trabajos, estudios, etc. Además, no están tan metidas en juegos de video, que son muy intensos y consumen a los hombres, y recurren menos a contenido pornográfico. Está demostrado también que cuanto más tiempo se pase a solas con una pantalla mayor es la depresión. Las mujeres tienden a ser más sociales, a necesitar más contacto físico y a tener relaciones de carne y hueso, y eso las protege un poco.

Los padres están entregando estos aparatos a sus bebés desde que nacen

El período de ocho años que ha pasado desde que abrieron hasta ahora se ha caracterizado por una explosión de teléfonos inteligentes y de redes sociales. ¿Qué tanto se ha agravado el problema?

Lo ha vuelto mucho peor. Y lo agrava aún más que los padres estén entregando estos aparatos a sus bebés. Cuando arrancamos, lo normal era que se los entregaran cuando estaban en la escuela elemental, y eso ya era equivocado. Pero ahora se los entregan desde que nacen, los usan para reemplazar a las niñeras, al chupo, para que los papás puedan tener tiempo para usar sus propios teléfonos.

El cerebro de ese bebé está siendo programado para la tecnología, que causa toda una serie de problemas de desarrollo. Un niño necesita una gran cantidad de contacto físico y estimulación de sus padres, y lo que estamos viendo es cómo el uso de pantallas en las familias está interfiriendo con ese proceso.

¿Qué diferencia existe entre la televisión, que también se consume en exceso, y este nuevo problema?

Son bastante diferentes. La televisión también es y era un problema, pero solo era de una vía, no interactiva como lo que sucede ahora. No limitaba ese contacto uno a uno por ejemplo. Además, las nuevas tecnologías permiten estar conectado 24-7-365. Son mucho más poderosas y generan mayor daño que lo que hacía la televisión.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
Washington@sergom68

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