Harvey, una oportunidad para que Trump se reinvente como líder

Harvey, una oportunidad para que Trump se reinvente como líder

Enarbolar la bandera de la unidad que tanto falta es el desafío para un líder en crisis.

Estragos del huracán Harvey

En algunas zonas del sureste de Houston el agua alcanzó 1.5 metros, un récord histórico en el estado, según el Centro Nacional de Huracanes.

Foto:

Carlo Allegri / Reuters

02 de septiembre 2017 , 11:30 p.m.

Han pasado nueve días desde que el huracán Harvey tocó tierra en el sur Texas y aún las autoridades no acaban de lidiar con la estela de destrucción que dejó a su paso. Ni, muchos menos, de cuantificar, con algo de precisión, los daños, que ya abarcan un territorio como el de la costa atlántica colombiana.

Lo que sí se sabe, desde ya, es que se trata del fenómeno natural más devastador en toda la historia de EE. UU., al menos desde que existen mediciones, y que su impacto no solo se sentirá por varios lustros sino que podría definir buena parte de la joven administración de Donald Trump.

Para poner en contexto su magnitud, los expertos vienen invocando al huracán Katrina, que irónicamente cumplió su duodécimo aniversario justo cuando Harvey soltaba su diluvio sobre Texas y el estado de Luisiana. Mientras Katrina dejó caer unos 45 centímetros de agua a su paso por Nueva Orleans, los totales de Harvey son casi el triple: 135 centímetros de lluvia en poco más de 48 horas. Suficiente como para llenar un estadio de fútbol tan grande como el Maracaná unas 100.000 veces.

De momento hay más de 100.000 casas destruidas, pero se espera que la cifra vaya subiendo durante los próximos días, y se estima que al menos un millón de personas tendrán que reubicarse durante meses, si no años. Y si bien sus costos todavía no se acaban de calcular, los estimados más modestos hablan de 250.000 millones de dólares en un periodo de diez años. Más del doble de los daños que dejó Katrina, que le lleva la delantera a Harvey solo en cuanto a número de víctimas fatales (más de 1.800). En Texas solo han encontrado unas 50, pero las autoridades advierten que el número será mucho mayor pues apenas están comenzando la búsqueda de cuerpos.

No hay nada en los récord históricos que le haga rivalidad

De acuerdo con un informe de la Universidad de Wisconsin, Harvey fue un monstruo como ningún otro jamás visto y cuyas posibilidades de ocurrencia estarían en el orden de uno en 1.000 años. Es decir, un chance de sufrirlo equivalente a solo el 0,1 por ciento.

“No hay nada en los récord históricos que le haga rivalidad. He estado mirando eventos en EE. UU. a lo largo de los últimos 100 años y no aparece nada de esta magnitud. Esto es algo que no había sucedido en nuestra historia moderna”, dice Shane Hubard, que encabezó el estudio de la Universidad de Wisconsin.

Harvey, como Katrina, también será medido en términos políticos. Y eso comenzará esta misma semana, cuando el Congreso regrese de su receso de agosto y comience el tire y afloje por los recursos que serán necesarios para dar una mano a Texas.

En principio, es muy probable que demócratas y republicanos lleguen a un rápido acuerdo sobre un paquete de asistencia inicial, pues ante semejante debacle sería muy mal visto que pusieran primero sus diferencias partidistas. Para mediano plazo, el asunto es a otro precio. El Congreso, controlado por republicanos, no solo debe aprobar una ampliación del techo de la deuda estadounidense para continuar pagando sus obligaciones financieras, sino recursos para financiar las operaciones del propio gobierno federal.

La enorme factura de Harvey seguramente generará nuevas fisuras con los conservadores fiscales que de por sí se oponen a la ampliación de la deuda, y desatará competencia por el destino de los fondos.

Trump, por ejemplo, viene amenazando con propiciar el cierre del gobierno si no le aprueban fondos para construir el muro. Pero, ahora que Harvey es prioridad, nadie sabe cómo saldrán de ese conflicto sin propinarle otra derrota al presidente.

Dicho eso, sobre el papel y en el futuro inmediato, Trump puede salir, incluso, beneficiado. Desde su llega a la Oficina Oval en enero, Trump se la ha pasado capoteando escándalos, algunos de ellos golpes autoinfligidos.

La investigación sobre el rol de Rusia en la campaña, por ejemplo, lo ha perseguido como una sombra, y la sumatoria de todo probablemente explica una popularidad que no llega ni al 40 por ciento y que es la peor para un presidente en la historia de este tipo de mediciones.

“Harvey le ofrece a Trump una oportunidad de oro para reinventarse como el líder de todos los estadounidenses y acentuar el tono de unidad que tanto le ha faltado a su presidencia. Y, de momento, todo indica que parece haber entendido el nuevo chance que se le ofrece”, sostiene Glen Thrush, en ‘The New York Times’.

A diferencia de George W. Bush, al que sorprendió Katrina en vacaciones y cuya tibia respuesta aún es cuestionada, Trump ha estado involucrado con el huracán desde el comienzo. Con la de este sábado ya completa dos visitas a la zona, e incluso prometió donar un millón de dólares de su propio dinero. Y ha garantizado además que muy pronto habrá amplitud de recursos para enfrentar la enorme tarea de reconstrucción.

Pero, como dice Kyle Kondik, de la Universidad de Virginia, todavía es prematuro para medir el veredicto del público. De hecho, ya han comenzado a criticarlo. Algunos analistas hablan de su falta de empatía por las víctimas, o por ensalzarse mientras visitaba la zona del desastre aludiendo a la gran cantidad de público que acudió a verlo.

Otros hasta le han pasado factura a su esposa por haber llegado a la inundada Texas montada en altos tacones.

Hacia adelante, además, vendrá la prueba de fuego. “A diferencia de todas las polémicas anteriores, Trump enfrenta ahora su primera crisis real, y será juzgado por su desempeño”, sostiene Kondik.

El presidente, a su vez, tendrá que lidiar con daños colaterales. Como, por ejemplo, justificar a la luz de Harvey su postura frente al cambio climático, la salida del Acuerdo de París y decisiones que ha tomado para revertir políticas de Obama que buscaban mitigar el impacto de este tipo de fenómenos naturales.

“No es posible cerrar los ojos antes semejante devastación –sostiene David Titley, profesor de meteorología de la Universidad de Pennsylvania–. Lo más grave es que el récord de Harvey será batido en los próximos cinco o diez años. Estamos padeciendo ya los efectos del cambio climático. Esta administración debe reconocerlo y cambiar de dirección”.

Así como Harvey marcó un antes y un después en la historia de los desastres naturales, también podría marcar para siempre la presidencia de Trump. Y eso es lo que está por verse.

SERGIO GÓMEZ
Corresponsal de EL TIEMPO
En Twitter: @sergom68
Washington

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