Trump se retractó y dijo que violencia racial es de ambas partes

Trump se retractó y dijo que violencia racial es de ambas partes

Lo obligaron a condenar a supremacistas blancos por choques en Charlottesville, pero dio reversazo.

Donald Trump

Un Trump visiblemente enojado respondió las preguntas sobre su tibia respuesta a los choques raciales en Charlottesville.

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AFP / Nicholas Kamm

16 de agosto 2017 , 10:04 a.m.

El presidente de EE. UU., Donald Trump, responsabilizó el martes de la violencia de este fin de semana en Charlottesville, Virginia, tanto a grupos neonazis y supremacistas como a los manifestantes de izquierda que les hicieron frente.

“Hubo un grupo de un lado que fue malo y hubo un grupo del otro lado que también fue muy violento”, dijo Trump durante una conferencia de prensa en Nueva York.

Así, Trump recupera su línea inicial de repartir culpas, que tantas críticas le trajo y lo obligó, finalmente, a condenar la violencia racista de los supremacistas blancos. Pero esa rectificación no duró ni 24 horas.

El presidente calificó de “horrible” lo sucedido en Charlottesville, pero insistió en que no todos los que acudieron a la protesta eran neonazis o supremacistas blancos.
“He condenado a los neonazis, he condenado a muchos grupos. Pero no toda esa gente eran neonazis, créanme. No todas esas personas eran supremacistas blancos, ni mucho menos”, subrayó Trump.

“Mucha gente también estaba allí para protestar por la retirada de una estatua de Robert E. Lee. Esta semana es Robert E. Lee. (...). Me pregunto: ¿es George Washington la semana que viene? ¿Es Thomas Jefferson la siguiente?”, añadió el presidente.

Muchos de los círculos de extrema derecha y racistas de Estados Unidos mostraron su abierta simpatía hacia Trump durante la campaña y por él votaron en la disputa por la presidencia, en la que fue derrotada la candidata demócrata Hillary Clinton.

De hecho, algunos analistas consideran que el discurso de Trump y su llegada al poder les han dado alas a estos grupúsculos, que estuvieron bajo la superficie, aunque más vivos que nunca, durante los ocho años del gobierno de Barack Obama.

La marcha ‘Unir a la derecha’, que derivó en los choques de este fin de semana en Charlottesville, se convocó en protesta por la decisión de eliminar una estatua de Lee, general confederado considerado un símbolo de la defensa de la esclavitud y el racismo.

Aunque dio a entender que está en desacuerdo con la retirada de ese tipo de monumentos, Trump dijo el martes que, en su opinión, lo mejor es dejar esas decisiones a las autoridades competentes en cada caso. El presidente estadounidense defendió además con vehemencia su respuesta a lo sucedido en Charlottesville, tras las críticas que recibió por haber esperado dos días para condenar explícitamente al Ku Klux Klan (KKK), los neonazis y los supremacistas blancos que se dieron cita allí.

“Antes de hacer una declaración, necesito los hechos”, subrayó Trump, explicando que cuando hizo sus primeros comentarios, no sabía, por ejemplo, que el histórico líder del KKK David Duke estaba allí.

Originalmente, el presidente había responsabilizado a “muchas partes” del “odio y fanatismo” vistos en Charlottesville. El martes, tras censurar directamente a los grupos racistas un día antes, relativizó su rectificación e insistió en repartir culpas por los disturbios.

“¿Qué pasa con la 'alt-left' (izquierda alternativa) que atacó a lo que usted llama 'alt-right'? ¿Tienen alguna culpa?”, respondió a una periodista que le pidió un comentario sobre la supuesta responsabilidad de la nueva derecha estadounidense en los choques.

Trump también defendió a su controvertido jefe de estrategia, Steve Bannon, de extrema derecha, diciendo: “Me gusta Bannon. Es mi amigo, es un buen hombre, no es racista”.

Crece rebelión de los empresarios

La luna de miel entre Donald Trump y el mundo empresarial se interrumpió tras la reacción, considerada tibia, del mandatario a la violencia en Charlottesville, lo que incitó a grandes empresarios a abandonar los consejos asesores del presidente. La elección, hace nueve meses, de un empresario al frente de la Casa Blanca suscitó el entusiasmo de numerosos ejecutivos, pero cuando Trump puso al mismo nivel a militantes de extrema derecha y contramanifestantes en los enfrentamientos que causaron la muerte de una mujer el sábado en Virginia, algunos de ellos le dieron la espalda.

El presidente ejecutivo del gigante farmacéutico Merck, Kenneth Frazier, inició la rebelión. Le siguieron Kevin Plank, de Under Armour, y Brian Krzanich, del gigante informático Intel. Scott Paul, presidente de la Alianza para la Industria estadounidense, hizo lo propio el martes, y había presiones para que la CEO de Pepsi, Indra Nooyi, también se retirara.

EFE / AFP

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