Donald Trump, el antirrepublicano

Donald Trump, el antirrepublicano

El magnate perderá las elecciones del 8 de noviembre por la rebelión conservadora.

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El Partido Republicano es el heredero más claro del conservadurismo, especialmente desde los 80¿s de Ronald Reagan.

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Jim Lo Scalzo / EFE

01 de noviembre 2016 , 09:55 a.m.

Las teorías de la conspiración se difunden con facilidad en EE.UU y por muy descabelladas que parezcan consiguen adeptos en abundancia. 'Elvis is alive', 'Paul is dead', 'Obama es keniano' o 'Bush reptiliano', y ahora, 'Trump es demócrata'.

Desde el comienzo de la campaña hay quienes afirman que Trump es un infiltrado del bando liberal que llegó para hacer naufragar al Grand Old Party (GOP) y asegurar la victoria de Hillary Clinton. Aunque es una teoría de blogueros 'conspiranóicos' y no merece mayor atención, sí es razonable dudar de la identidad republicana del candidato. En el 2004 le dijo a Wolf Blitzer en una entrevista para 'CNN': “Probablemente me identifico más como demócrata”.

El Partido Republicano es el heredero más claro del conservadurismo, especialmente desde la década del 80 de Ronald Reagan. Una política exterior fuerte, defensa de la identidad nacional, de la familia tradicional, de las libertades económicas y una decidida militancia contra el aborto son puntos de la agenda que ha identificado al partido de Lincoln en las últimas décadas. Desde los defensores de las leyes de libertad religiosa hasta los enemigos del Estado de bienestar se han reunido en sus toldas. Trump no encarna esas causas ni representa a esos sectores.

El establishment y las bases del partido se han rebelado contra él en los últimos meses porque es un advenedizo que no hizo carrera en el GOP y porque no ha tomado las banderas conservadoras. Defensores del libre mercado como el Cato Institute han enfilado sus baterías contra el candidato –no menos que contra Clinton– advirtiendo que un hombre de negocios no necesariamente entiende de economía, y se inclinan a apoyar a un tercer candidato libertario aunque no tenga opciones reales de llegar a la Casa Blanca.

(Además: Por nuevos correos, Trump reduce ventaja a Clinton en encuestas)

Los conservadores sociales tampoco quieren a Trump. El escritor George Weigel y el profesor de Princeton Robert P. George, entre otros, han publicado cartas en rechazo a su candidatura porque no es fiable para quienes han dedicado su vida al 'culture war'. Por esa razón los dardos también le llegan desde las publicaciones más emblemáticas del mundo conservador como 'National Review'.

Trump tampoco recibe muchos aplausos en 'The Weekley Standard' o 'The National Interest', revistas vinculadas a los “neocons” –a esos que acusan de querer democratizar el mundo por la fuerza–. Su desconocimiento de asuntos diplomáticos, su propuesta difusa y sus coqueteos con Rusia, han motivado el rechazo de los llamados “halcones”, la línea dura de la política exterior norteamericana. Incluso Condoleezza Rice, ex secretaria de Estado de Bush Jr. y ahora profesora de Stanford, pidió otro candidato para su partido porque el magnate es indigno de ocupar el salón oval.

Además, los escándalos de Trump no solo son incómodos para los liberales, lo son más aún para los conservadores. Sus comentarios obscenos sobre las mujeres no solo ofenden a las feministas, sino a los 'churchgoers', esos cristianos de todas las denominaciones que tienen una visión tradicional de la sexualidad y que se convirtieron en las bases más sólidas del GOP. Su ostentosa personalidad, muy propia de Atlantic City o Las Vegas, no es el reflejo del conservador promedio de Alabama o Mississippi.

¿Por qué Trump es el candidato? Desató un fenómeno mediático que fue suficiente para ganar las elecciones primarias y que estuvo basado en un asunto que preocupa a los republicanos: la inmigración. Sin embargo, en el desarrollo de la campaña las bases del partido han visto que él no los representa en todas las materias y las frases destempladas contra los mexicanos ya no tienen el mismo efecto.

Es casi un hecho que Trump perderá las elecciones del 8 de noviembre, no derrotado por los demócratas de Clinton sino por una rebelión conservadora.

CRISTIAN ROJAS
PROFESOR DE CIENCIAS POLÍTICAS
UNIVERSIDAD DE LA SABANA

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