El magnate y 'antipolítico' sin pelos en la lengua

El magnate y 'antipolítico' sin pelos en la lengua

Su estilo ha hecho que gane millones de seguidores, pero también le ha generado muchos enemigos.

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Así como es en los negocios, Donald Trump se metió en la política de forma muy agresiva.

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Carlo Allegri / Reuters

05 de noviembre 2016 , 11:25 p.m.

Nació en Queens, Nueva York, en 1946. Tiene 70 años y, de ganar las elecciones, sería la persona de más edad que llega a la Casa Blanca.

Estudió economía en la Universidad de Pensilvania y a los 25 años tomó el control de la empresa inmobiliaria de su padre, Fred Trump, ya en esa época una de las personas más ricas en Nueva York. Nunca ha ejercido un cargo público.

Sus abuelos paternos eran alemanes y los maternos, escoceses. Ninguno nació en EE. UU., lo cual plantea una contradicción con su conocida posición antiinmigrantes.

(Además: El mundo según Hillary Clinton y Donald Trump)

Tuvo cuatro hermanos. Tres de ellos aún siguen con vida. Fred Junior, el mayor, murió en 1981 a causa del alcoholismo, razón que siempre cita el magnate para evitar bebidas alcohólicas y cigarrillos.

Actualmente es presidente de la Organización Trump, un emporio que ha puesto su nombre en edificios, casinos y canchas de golf, no solamente en Estados Unidos sino en varios países del mundo. La construcción más conocida es la Trump Tower, un enorme edifico de 58 pisos en todo el corazón de Manhattan.

Siempre le ha gustado rodearse de mujeres hermosas. Quizá por eso compró el concurso de Miss Universo, al igual que Miss USA y Miss Teen USA. Así mismo, es codueño de una agencia de modelaje que opera en Nueva York.

Se ha casado en tres ocasiones. Dos de sus esposas, Ivana y Melania (la actual), eran modelos de profesión cuando las conoció, y ambas nacieron en países de Europa Oriental (la antigua Checoslovaquia y Eslovenia).

También estuvo casado con la actriz Marla Maples, con quien tuvo primero un ‘affair’ mientras aún vivía con Ivana. De esos tres matrimonios han nacido cinco hijos, y los tres mayores trabajan en su organización. Tiffany, la hija que tuvo con Maples, es actriz, cantante y modelo.

(En fotos: Los hijos de Donald Trump y Hillary Clinton)

Además de sus negocios inmobiliarios, Trump ha incursionado en toda otra serie de empresas que incluyen la lucha libre profesional, el fútbol americano, comida y hasta su propia universidad (Trump University) que resultó ser un fiasco.

Aunque Trump siempre se ha codeado con celebridades, su verdadero salto a la fama llegó con ‘El Aprendiz’, un popular ‘reality’ de la cadena NBC que encabezó entre el 2003 y el 2015. Se estima que NBC le pagaba alrededor de un millón de dólares por episodio. La cadena le canceló su contrato en junio del año pasado cuando lanzó su campaña presidencial llamando a los inmigrantes mexicanos “violadores y criminales”.

Incluso se especula que su próximo negocio, si pierde las elecciones, será una cadena de televisión a la que llamaría, por supuesto, Trump TV.

Según la revista ‘Forbes’, el valor neto de la fortuna de Donald Trump es de unos 3.700 millones de dólares. El magnate sostiene, no obstante, que la cifra es más cercana a los 10.000 millones. La discrepancia está en el valor que Trump le pone a su nombre como marca, algo que ‘Forbes’ promedia en unos 500 millones de dólares únicamente mientras que él lo cifra en miles de millones.

Esta misma publicación lo ubicó en el puesto 156 entre los más ricos de Estados Unidos y en el 324 a nivel mundial.

Se ha declarado en bancarrota en seis oportunidades. En todas fue una estrategia para rescatar a alguno de sus negocios y usar las leyes para renegociar las deudas con sus acreedores. Personas como el exalcalde de Nueva York Rudolph Giuliani lo ha han llamado un “genio de los negocios”, por su habilidad para usar el sistema en su favor. Para el periódico ‘Politico’, se trata más bien de una figura compleja donde se mezclan buenos instintos de negociante, pero a la vez malas decisiones empresariales y “muchas exageraciones causadas por un ego desbordado”.

A lo largo de sus años ha cambiado de partido varias veces. Antes de 1999 se identificaba como republicano. Entre ese año y el 2001 se convirtió en independiente respaldando un tercer partido. Del 2002 hasta el 2008 dijo ser demócrata para luego volver al Partido Republicano al final de la era de George W. Bush. Aunque ganó las primarias y representa al partido, es el candidato más atípico que ha escogido este electorado, por lo general muy conservador y de valores religiosos.

(Lea: Donald Trump, el antirrepublicano)

Sus frases más polémicas

Un signo de la campaña de Donald Trump ha sido su falta de filtro para declarar lo que quiera y en términos, en ocasiones, muy chocantes. En sus primeros discursos, el multimillonario enfiló contra los inmigrantes, especialmente los de origen mexicano. “Cuando México envía a su gente, no envía a los mejores. Envía gente con muchos problemas, que traen consigo drogas, crimen. Son violadores. Y algunos, supongo, son buena gente”, dijo el 17 de junio del 2015, día del lanzamiento de su candidatura, en el que también expuso la idea de la construcción del muro en la frontera entre Estados Unidos y México. “Construiré un gran muro, y nadie construye muros mejor que yo, créanme. Lo construiré sin gastar mucho. Será una gran muralla en nuestra frontera sur y haré que México pague por ella”, fue su frase exacta.

El grupo religioso objeto de su furia son los musulmanes, a quienes en múltiples discursos los convierte en blanco de generalizaciones muy polémicas.

“Estoy haciendo un llamado a una total prohibición de entrada de musulmanes a EE. UU. hasta que los congresistas de nuestro país puedan entender lo que está pasando”.

La frase fue pronunciada el 8 de diciembre del 2015, a solo una semana de un ataque en San Bernardino (California), en el que una pareja de musulmanes radicalizados mató a catorce personas.

Sus rivales políticos también han sido blanco de su mordacidad. Los capítulos más recientes se remiten a los debates con Hillary Clinton, de quien aseguró que era una mujer “asquerosa” (“nasty” en inglés, la palabra de más grueso calibre empleada jamás en una deliberación entre candidatos en la historia de Estados Unidos).

Pero son memorables frases como “Me gusta Jeb (Bush, hermano e hijo de los expresidentes republicanos Bush). Es un buen hombre. Pero debería dar ejemplo hablando inglés mientras está en Estados Unidos”. El menor de la dinastía Bush y exgobernador de Florida habla un excelente español y está casado con la mexicana Columba Garnica desde 1974.

Otra opinión que le hizo apretar los puños a más de uno, y de su propio partido, fue la que emitió contra el excandidato presidencial John McCain, piloto de guerra hecho prisionero en Vietnam.

“John McCain no es un héroe de guerra. Fue capturado”, dijo Trump el 18 de julio del 2015, provocando una reacción inmediata de las directivas republicanas.

El magnate ha asegurado que la lealtad de sus votantes es tal que no le reprocharían nada, incluso extremos que rozan con la violencia y la locura.

“Tengo a la gente más leal, ¿Alguna vez han visto algo así? Podría pararme en mitad de la Quinta Avenida (de Nueva York) a dispararle a la gente y no perdería votantes”, dijo el 28 de enero de este año, a muy pocos días del inicio del largo proceso de primarias electorales en el estado de Iowa.

También ha resultado muy polémica su posición sobre el comprobado científicamente fenómeno del calentamiento global, al que se refirió como una “invención por y para los chinos, para volver a la industria manufacturera estadounidense menos competitiva”.

Fortalezas

Trump ha demostrado que es un maestro de las comunicaciones. A punta de frases y posiciones controvertidas dominó el ciclo noticioso desde el comienzo de la campaña, convirtiendo a Twitter y otras redes en su caballo de batalla. Fue tanta la atención mediática, que invirtió en publicidad solo una fracción de lo que terminó gastando Clinton.

Cerca del 60 por ciento de los estadounidenses se encuentra profundamente insatisfecho con la clase política de su país. Trump se ha presentado como el verdadero ‘antipolítico’. Su falta de experiencia en cargos públicos, que en otros momentos sería una desventaja, le sumó puntos, pues supo venderse como alguien no contaminado por la cultura de Washington.

Trump ha construido un emporio avaluado en miles de millones de dólares y ha construido su campaña sobre la idea de que una persona como él, “que sí sabe de negocios”, puede hacer mejor las cosas: como resolver el problema del desempleo, hoy en reducción, y “volver a EE. UU. grande nuevamente”, su lema de campaña.

Trump ha sido una especie de candidato teflón al que todo le resbala. A lo largo de estos 14 meses ha dicho y hecho cosas que habrían hundido a cualquier otro. Como cuando cuestionó a la familia que perdió un hijo en Irak, remedó a un minusválido o incentivó la violencia contra sus opositores. Por no hablar de sus comentarios racistas, antiinmigrantes o sexistas.

Debilidades

Pese a que Trump insistió en que su temperamento era su mejor cualidad, la campaña estuvo llena de ejemplos en las que se mostró errático, vengativo, altamente impredecible y explosivo. No muy buenos atributos para el líder de la máxima potencia mundial con control sobre el ‘botón nuclear’. Eso alejó no solo a votantes independientes sino también a republicanos.

Las mujeres. Fueron muchas quienes lo acusaron de tratos insultantes. La gota que colmó la copa fue un video en el que se le escucha hablar muy lascivamente de ellas y confiesa que las besa y las manosea sin su autorización porque es famoso. En un país donde el 51 por ciento del electorado es femenino, ese comentario podría ser fatal.

Trump ha dejado claro en múltiples ocasiones su falta de preparación y conocimientos, especialmente en política internacional. A tal punto que el presidente Barack Obama lo calificó de ignorante. En gran parte fue por este aspecto que perdió rotundamente los tres debates presidenciales que sostuvo contra Hillary Clinton.

El magnate ha coqueteado con ideas demasiado extremas, incluso para militantes de derecha. En alguna ocasión defendió al Ku Klux Klan. En otra sostuvo que la tortura era un arma válida. Así mismo, ha sugerido que los musulmanes son personas violentas a las que no se les debe permitir la entrada y ha sido evidente su prejuicio hacia los latinos.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
En twitter: @sergom68
Washington.

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