La tormenta que desató el exjefe del FBI al hablar de Trump

La tormenta que desató el exjefe del FBI al hablar de Trump

La declaración de James Comey en el Congreso de EE. UU. creó un tsunami político en el Gobierno.

James Comey testifica ante el Congreso

El exdirector del FBI James Comey dio su testimonio ante el Congreso de Estados Unidos.

Foto:

Jonathan Ernst / Reuters

11 de junio 2017 , 12:00 a.m.

Hacía rato Washington no se veía sacudida por un drama tan intenso como el que vivió el jueves de esta semana con el testimonio ante el Congreso del exdirector del FBI James Comey.

En el ambiente hiperpolarizado que se respira hoy día entre republicanos y demócratas, sus declaraciones en contra del presidente Donald Trump se sintieron como un tsunami político que dejó todo más revuelto de lo que ya estaba y en el que todos cantaban victoria.

Nada nuevo, el presidente terminó acusando a Comey de mentir bajo juramento y se valió de Twitter a primera hora de la mañana del viernes para asegurar: “Pese a los muchos testimonios falsos y mentiras. Total y completa reivindicación... y ¡Guau, Comey es un filtrador!”

Dicho eso, hay algunas conclusiones que emergieron de la jornada y que podrían indicar el futuro de un escándalo en Estados Unidos que no para de dar sorpresas.

1. Sin duda fue un golpe fuerte

Se puede creer o no creer en las palabras de Comey. De lo que no hay duda es de que su testimonio ante el Congreso este jueves fue explosivo y demoledor.

En un hecho con pocos antecedentes, el exdirector del FBI llamó al presidente de Estados Unidos “mentiroso” en al menos 3 ocasiones diferentes: cuando dijo que había sido Comey el que le había pedido una audiencia y no al revés; cuando negó que le había sugerido abandonar la investigación que se adelantaba contra el asesor de seguridad Michael Flynn por sus contactos al parecer irregulares con funcionarios rusos, y cuando le dijo al país que lo había removido de su cargo por incompetente, cuando Trump mismo reconoció luego que había sido por la investigación que adelantaba contra su campaña por posibles nexos con el Kremlin.

Comey pintó además a Trump como una persona poco confiable, razón por la cual decidió hacer memos tras cada una de las nueve conversaciones que sostuvo con él y lo acusó no solo de enlodar su imagen sino, más grave aún (según dijo), la del FBI.

Y si bien se abstuvo de opinar sobre si las acciones del presidente constituían un crimen, catalogó sus acciones como “perturbadoras y preocupantes”.

2. Polarización sigue siendo la norma

Las reacciones al testimonio de Comey entre ambos bandos de esta disputa fueron tan diametralmente opuestas que parecían sacadas de una película diferente.

Para Trump y su entorno más cercano, las palabras de Comey fueron una “reivindicación total y absoluta”. Según ellos, Comey corroboró que el presidente no era el blanco de una investigación y que la interferencia de Rusia no había alterado el curso de las elecciones del año pasado en su favor.

Algunos republicanos más moderados, como Paul Rayn, el presidente del Congreso, reconocieron que si bien la interacción de Trump con Comey pudo ser inapropiada, la atribuyeron más a la falta de experiencia del nuevo presidente a la hora de lidiar con los bemoles del gobierno federal. Y se fueron lanza en ristre contra el exdirector por haber filtrado a la prensa los memos de sus conversaciones con Trump.

Para los demócratas fue todo lo contrario. “El exdirector acaba de testificar bajo juramento que Trump abusó de su poder y le mintió al país al respecto”, sostuvo el congresista de Virginia Don Beyer. Charles Shumer, líder de este partido en el Senado, catalogó lo escuchado de “gravísismo”, pues confirmaría que Trump intentó descarrilar la investigación del FBI presionando a Comey y luego le cortó la cabeza cuando este no quiso someterse a sus designios.

3. La ‘prueba reina’

En lo que sí coincidieron la mayoría de expertos es en que de la audiencia no emergió una prueba concreta capaz de provocar un juicio de destitución contra el presidente.

Si bien Comey testificó que en varias oportunidades Trump le pidió “dejar pasar”, la pesquisa contra Flynn, también admitió que no había sido una orden directa, pese a que, viniendo del presidente, esas palabras pudieran interpretarse como tal.

Los expertos legales sostienen que en casos de obstrucción de la justicia –como este podría serlo– lo que cuenta es si la intención era dolosa o no.
Y si bien algunos sostienen que la sumatoria de las acciones del presidente podrían indicar intención criminal, a la larga termina siendo la palabra de Trump contra la de Comey. Esa valoración es la que tendrá que hacer Robert Mueller, el exdirector del FBI al que se le encargó una investigación independiente sobre lo acontecido.

“Lo que Mueller tiene que decidir es si lo que pasó acá fue el caso de un presidente sin experiencia que rompió el protocolo de Washington, pero sin mala intención, o si sus llamadas a Comey fueron hechas de manera corrupta y con toda la intención de presionarlo para que archivara la investigación”, sostiene el exfiscal Neil McBride.

4. ‘Trumpgate’ para rato

Si algo dejó claro el testimonio de Comey es que el llamado ‘Trumpgate’ está lejos de culminar, así el presidente haya clamado victoria y su abogado diga ahora que la nube que se posaba sobre la administración ha desaparecido.

Si bien el exdirector sostuvo que Trump no era materia de investigación (por el momento), dejó la puerta abierta al dar su opinión sobre si creía que el presidente había colaborado con los rusos durante la campaña electoral para golpear a su rival Hillary Clinton, y cuando tampoco quiso decir si la investigación ya apuntaba hacia otras personas distintas a Trump por el mismo caso. Es más, el exdirector les dijo a los senadores que las respuestas a esas preguntas quizá las podía contestar con más propiedad durante otra audiencia privada que se celebró el mismo jueves.

Así mismo, el exfuncionario sembró un manto de dudas sobre el fiscal general Jeff Sessions, al insinuar que estaba más untado en el caso Rusia de lo que se conocía en público.

Mueller puede que tarde al menos 6 meses revisando la evidencia y entrevistando testigos, mientras el Senado avanza en su propia investigación.

Eso asegura que la administración de Trump, quiéralo o no, culpable o inocente, siga bajo la lupa en el corto y mediano plazo.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
Washington
En Twitter: @sergom68

Ya leíste 20 artículos gratis este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido
desde $10.999 al mes.

¿Ya eres suscriptor? Ingresa

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta gratis y pódras disfrutar de:

  • Acceso ilimitado al contenido desde cualquier dispositivo.
  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta gratis y disfruta de acceso ilimitado al contenido, desde tu computador, tableta o teléfono inteligente.

Disfruta del contenido sin límites

CREA UNA CUENTA GRATIS


¿Ya tienes cuenta? INGRESA