La 'tormenta perfecta' que elevó al magnate a presidente de EE. UU.

La 'tormenta perfecta' que elevó al magnate a presidente de EE. UU.

Blancos, en particular de clase media trabajadora y sin estudios superiores, fueron claves.

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Donald Trump, nuevo presidente de los Estados Unidos.

Foto:

AFP

10 de noviembre 2016 , 08:32 a.m.

Presidente Trump. Es una frase que tomará tiempo asimilar y que aún sorprende horas después de que el magnate sacudió al mundo entero con una inesperada victoria en las presidenciales del martes en EE. UU.

El multimillonario derrotó a la candidata demócrata Hillary Clinton al obtener por lo menos 290 votos del Colegio Electoral –necesitaba 270 para llegar a la Casa Blanca–, mientras que Clinton sumó 228.

A pesar de esos números, la victoria de Trump fue apretada. Prueba de ello es que la ex secretaria de Estado habría ganado el voto popular sumando 59’600.327 votos frente a los 59’389.590 de su rival, algo que solo ha sucedido un par de veces en la historia de EE. UU. La última de ellas, en el 2000, cuando George W. Bush derrotó a Al Gore, pero esto resulta irrelevante en el sistema electoral del país donde lo que cuenta es la votación a nivel estatal. (Vea nuestro especial: Estados Unidos decide 2016)

Aun así, nadie –ni siquiera sus más férreos críticos– le restaba méritos a Trump por la impresionante faena que desplegó el martes, cuando pasó de ser el bufón por el que nadie daba un peso –incluso entre el establecimiento de su propio partido– al padre de un movimiento que destruyó todas las convenciones de la política estadounidense.

Pero aunque la autopsia de las elecciones todavía es un proceso en marcha, sí hay varias pistas que permiten entender su triunfo.

La primera de ellas, citada por los principales medios y expertos del país, es el voto masivo de personas de raza blanca y, en particular, aquellos sin educación superior.

De acuerdo con los 'exit polls', 58 por ciento de los blancos, que representan 70 por ciento de la población, votaron por Trump, frente a 37 por ciento, por Clinton. Esos rangos son muy similares a los que se registraron en el 2012, cuando Barack Obama le ganó a Mitt Romney.

Pero la gran diferencia está en el voto de los blancos sin educación superior, que Trump se llevó con 72 por ciento, frente a 23 de Clinton, comparado con los resultados de Obama en el 2008 y 2012, en los que obtuvo 35 por ciento.

Este subgrupo, además, aumentó su participación electoral en más de 15 por ciento. Llamó mucho la atención también la victoria del magnate entre las mujeres de este grupo con 53 por ciento contra 47 de Clinton. (También: Dólar y peso mexicano, las monedas más golpeadas por triunfo de Trump)

Si bien es una proporción muy similar a la registrada en las elecciones pasadas, se asumió que a Clinton le iría mejor con ellas por el hecho de ser mujer y por los comentarios denigrantes de su rival.

Por eso, muchos se refieren a esos resultados como el ‘brexit EE. UU.’, pues las encuestadoras no detectaron el despertar de ese gigante –el voto blanco no educado– que se dejó seducir por Trump, su posición antiestablecimiento y su estilo frentero y populista.

Para Van Jones, asesor político que trabajó con la administración de Obama, el auge del voto blanco también sería una especie de castigo de un sector del país que nunca aceptó la llegada de un afroamericano a la Casa Blanca y que demuestra que EE. UU. sigue marcado por el racismo.

Pero quizás el argumento más importante de su victoria es uno económico. Aunque EE. UU. viene saliendo de una profunda recesión económica, este grupo ha sido particularmente golpeado por el desempleo y lleva décadas marginado, esperando a que se materialicen las promesas de cambio de sus dirigentes.

Cinturón industrial

Eso, en particular, fue cierto en los estados del llamado ‘cinturón industrial’ ('rust belt') de EE. UU., que incluye a Pennsylvania, Michigan, Wisconsin, Ohio y Minnesota, primordialmente. Salvo Ohio, esos estados llevaban casi 25 años favoreciendo a candidatos demócratas, y Clinton los contaba como triunfos casi seguros.

De hecho, a esa zona del país se le llamaba la ‘pared azul’ (color de los demócratas), pues parecía inexpugnable para los republicanos. Pero Trump logró triunfos en dos de ellos (Pennsylvania y Wisconsin), y estaba muy cerca de Michigan (donde todavía no hay resultados oficiales) gracias a un aumento del voto blanco en su favor.

Su éxito, todo indica, fue cuestionar agresivamente los tratados de libre comercio que EE. UU. ha firmado en las últimas tres décadas y a los que le atribuyen la migración a otros países de fuentes de trabajo que antes eran el corazón de esa zona industrial.

Trump les prometió renegociarlos y planteó una serie de iniciativas que, según sus cálculos, harán que regresen los empleos que se perdieron.

El planteamiento, en cierto sentido, fue contradictorio, pues si un partido es responsable por avanzar en la agenda de libre comercio es el republicano.

En cualquier caso, esa zona del país ya había enviado claras señales que, al parecer, el equipo Clinton desatendió o no supo interpretar. De hecho, Wisconsin y Michigan fueron dos estados en los que el senador Bernie Sanders le ganó la batalla durante las elecciones primarias usando precisamente el mismo argumento: que los TLC se habían robado sus empleos y la clase dirigente les daba la espalda.

En lugar de reforzar sus filas en ellos, Clinton optó por hacer campaña a invertir recursos en otros dando por descontado que ganaría.  (Además: Largas filas en puntos de votación en la jornada electoral)

Aunque Trump obtuvo triunfos importantes en Florida, Carolina del Norte y Ohio –estados que por tradición siempre son competitivos–, fue su desempeño en el 'cinturón industrial' lo que lo llevó a la presidencia.

De forma paralela a esto, algunas de las minorías que apoyaron con creces a Obama no lo hicieron con tanta contundencia por Clinton.

En el caso de los afroamericanos, la ex primera dama se llevó el 88 por ciento de sus votos, 5 puntos por debajo de la votación que recibió el actual presidente.

Los latinos, por su parte, tampoco inclinaron la balanza como se llegó a pensar. De hecho, los primeros resultados indican que votaron de manera similar a las elecciones del 2012, cuando un 70 por ciento favoreció a Obama y solo un 29, a Romney.

Lo cual no deja de sorprender, pues se esperaba una reacción muy fuerte en las urnas contra Trump dada su retórica antiinmigrante.

Pili Tobar, del Latino Victory Fund, cree que los hispanos cumplieron, pero no fue suficiente para contrarrestar el auge del voto blanco. Sin lugar a dudas, otro factor que pesó en las elecciones y que explotó Trump con acierto fue definir a Clinton como una política clásica, parte del establecimiento que la mayoría detesta, y que llevaba 30 años incumpliendo promesas.

Así mismo, aprovechó los escándalos de Clinton, como el del uso de su correo privado para manejar asuntos de Estado –que le valió una investigación del FBI– y el supuesto tráfico de influencias de la Fundación Clinton (que encabeza su marido), para definirla como una persona poco confiable y corrupta.

Por supuesto, en nada le ayudó la reapertura de esa investigación a solo 11 días de las elecciones, aunque se archivó nuevamente pocos días después.

De hecho, muchos demócratas enfilaron sus críticas contra el director del FBI, James Comey, a quien responsabilizan en parte por el fracaso electoral de Clinton.

Aunque las encuestas demostraron estar erradas por algunos puntos, su ventaja antes de que el tema resucitara era mucho más amplia de lo que terminó siendo cuando llegó la hora de votar.

A eso habría que añadirle el impacto que tuvieron en estos comicios los candidatos de terceros partidos que se llevaron entre un 3 y un 5 por ciento de los votos en muchos de los estados claves.

Para cerrar, hubo otro factor que influyó en las elecciones y que no dejó de sorprender. Pese a todas las críticas y amenazas de votar por Clinton o en blanco, 90 por ciento de los republicanos terminaron apoyando a su candidato, mientras que solo 85 por ciento de los demócratas lo hicieron por Hillary.

De voto en voto y sumando todas estas variables se fue fraguando una tormenta perfecta que truncó el sueño de una primera mujer presidenta y coronó, en su lugar, a la primera persona que llega al cargo más importante del planeta sin contar con experiencia alguna en la vida pública, un mediático magnate.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Washington
EL TIEMPO

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