La agorafobia de Hillary Clinton

La agorafobia de Hillary Clinton

La demócrata volvió al escenario público y admitió que la victoria de Trump la devastó.

fg

A Hillary Clinton le da miedo salir de su casa. La aversión por el exterior se intensificó después de que Trump la derrotara -con el voto electoral- y se convirtiera en el sucesor de Obama.

Foto:

Jewel Samad / AFP

22 de noviembre 2016 , 10:20 a.m.

A Hillary Clinton le da miedo salir de su casa. La aversión por el exterior se intensificó después de que Trump la derrotara –con el voto electoral- y se convirtiera en el sucesor de Obama. La agorafobia de la ex secreataria de Estado es su nueva compañera. La esposa del ex presidente demócrata Bill Clinton reapareció la semana pasada en la gala del Children’s Defense Fund (CDF) para fungir como catalizadora de una campaña de 'fundraising' para ayudar –como reza la misión de esa ONG- a los niños pobres, débiles y desprotegidos de esa nación.

Trump le ganó a Clinton con el amén del sistema electoral norteamericano, en el que el voto del colegio elector es más influyente que el popular. El magnate ganó con 270 escaños electorales. No hay más que decir.

A Hillary, según admitió en la celebración del CDF, le duele hoy más que nunca esa victoria. Sabe que quien expresó islamofobia, ‘latinofobia’, inestabilidad y tozudez en los debates puede ser una caja de pandora desde el Despacho Oval.

Y además de admitir que “no le gusta” salir de su casa y que fue “muy difícil” cambiar eso para asistir a la gala del CDF, en Washington, Clinton se mostró vulnerable. Quizás, esta vez, lo hizo adrede. Su intención fue mostrarse más humana que nunca. Tan mujer como cuando recibió hace década y media los vejámenes, la sorna y el morbo de la opinión pública, tras conocerse el affair Clinton-Lewinsky en la Casa Blanca.

Los niños llorones

Clinton reapareció demacrada. Sin maquillaje. Con visos de ojeras. Con las comisuras de su rostro más marcadas que de costumbre. Las arrugas y las prominentes líneas del tiempo marcaron su fas de tristeza. Estaba apesadumbrada. Su cara bien podría emular los retratos de “Los niños llorones” del pintor veneciano Bruno Amadio. Él se caracterizó por el drama, la desolación y la profunda amargura que emanaban de las caras angelicales de los menores de edad que retrataba.

Y Clinton, desde casi siempre, ha estado pendiente del llanto de los niños. Desde hace año y medio trató de velar por ellos, mientras competía por ser la primera presidenta de Estados Unidos, en 240 años de vida democrática. Ella no llegó al CDF por casualidad. Según la biografía de su web oficial, la madre de Chelsea trabajó –en su juventud- como abogada investigadora de esta ONG para desenmascarar las “academias de segregación”, en el estado sureño de Alabama.

Y precisamente ese sitio ha sido un bastión político importante, al menos desde hace medio siglo, cuando el Tribunal Supremo de Estados Unidos determinó la inconstitucionalidad de las leyes estatales de Alabama que permitían un sistema de escuelas públicas diferenciadas para gente de tez blanca y para afroamericanos. Clinton luchó por esa causa. Como años después también lo hizo, siendo primera dama de Arkansas, por aumentarle el nivel académico a las escuelas y subirle el sueldo a los profesores. Todo ello, porque presidió la Comisión de Estándares Educativos de Arkansas.

La resiliencia

La aparente maldición de Clinton por llegar a la Casa Blanca tiene un nuevo capítulo: la imagen de Trump atiborrado de júbilo. Pese a todos los pronósticos, Clinton se repuso paulatinamente y en la gala del CDC le dio esperanza a sus electores y votantes.

Con su apariencia física, la ex subordinada de Obama demostró su naturalidad. Fue valiente. Y seguramente esa aparición en público no fue un descuido. Su equipo de trabajo, el mismo que durante meses de campaña trabajó en pro de la pulcritud y sobriedad de sus vestidos y maquillaje, seguramente la asesoró para que le dieran el día libre a los asesores de imagen.

Y si de imagen se trata, nadie mejor que Amadio para demostrar cuán superflua puede ser la rigidez y cuán valiosa puede resultar la naturalidad. Este pintor italiano del siglo XX también es mundialmente conocido como El Pintor Maldito, un adjetivo que el nuevo Presidente estadounidense podría tener de parte de los millones de norteamericanos que votaron en su contra. Justo de ahí estriban las facciones apesadumbradas de Clinton, pues en el escrutinio definitivo se comprobó que la demócrata venció al republicano por casi un millón de votos populares y que, además, lo venció en las elecciones anticipadas.

Clinton es el ave fénix que ha sido vapuleada por la opinión pública mundial y machista. Es posible que deje, poco a poco, esa agorafobia y continúe su lucha por Estados Unidos. Ojalá y sea así. No es la política ejemplarizante, pero tampoco la más deplorable. Esperamos que fortalezca su partido y le haga contrapeso al ‘niño’ que estrenará ‘juguete’ el próximo 20 de enero.

JUAN CAMILO VELANDIA
PROFESOR DE LA FACULTAD DE COMUNICACIÓN
UNIVERSIDAD DE LA SABANA

Sigue bajando para encontrar más contenido

Ya leíste 20 artículos gratis este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido
desde $10.999 al mes.

¿Ya eres suscriptor? Ingresa

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta gratis y pódras disfrutar de:

  • Acceso ilimitado al contenido desde cualquier dispositivo.
  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta gratis y disfruta de acceso ilimitado al contenido, desde tu computador, tableta o teléfono inteligente.

Disfruta del contenido sin límites

CREA UNA CUENTA GRATIS


¿Ya tienes cuenta? INGRESA