Minuto a minuto de una fiesta que no fue

Minuto a minuto de una fiesta que no fue

Así vivieron los demócratas la derrota que Donald Trump le propinó a Hillary Clinton en La Florida.

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Ya pasada la medianoche, pocos mantuvieron viva la esperanza de ver en el corto plazo a una mujer en la Oficina Oval.

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Michael Reaves / AFP

09 de noviembre 2016 , 03:21 a.m.

 La alta participación latina hacía prever una gran fiesta en el lobby de la 4299 noroeste con calle 36. Hasta allí, al hotel EB de Miami, llegaron los principales líderes demócratas del sur de la Florida. La fiesta duró poco.

Los primeros conteos de votos mostraban a un Donald Trump mucho más fuerte de lo que las encuestas pronosticaban. Entonces los seguidores de Hillary Clinton celebraban con aplausos y gritos las victorias menores, como el hecho de que se estuvieran imponiendo por un buen margen en los condados cercanos a Miami. Palm Beach, Broward y Miami-Dade registraban sólidos números a favor de la candidatura azul. La batalla por la Florida estaba aún caliente.

“Judíos-americanos por H”, “Familias trabajadoras por H”, “Hispanos por H”. Los carteles a favor de Hillary, ‘her’, o simplemente “H” daban cuenta de la diversidad cultural a la que la candidatura demócrata quiso seducir. A las 8:40 de la noche, no obstante, la cadena CNN le informaba a los votantes que Donald J. Trump tenía el 49,1% en la Florida frente a un 47,8% a favor de Clinton. La tendencia se mantuvo.

Ya a las 8:50 se sentía el ambiente enrarecido, esa tensa calma que los colombianos padecimos durante los pocos minutos que transcurrieron entre el cierre de las urnas y el veredicto de los árbitros electorales, el pasado dos de octubre. Trump parecía un contrincante mucho más solido de lo que cualquiera hubiera esperado, y la televisión informaba sobre la ventaja que mantenía en estados claves, como Ohio y Carolina del Norte. “Va a ser una noche larga”, dijo entonces Josefina Batista, una demócrata cubana de 71 años.

“Aquí somos 27 millones de hispanos que tenemos voz, y ahora demostramos que tenemos voto. Yo confío que, así como ganamos en Miami-Dade, también ganemos los otros condados donde hay una gran cantidad de hispanos”, decía a EL TIEMPO Leonarda Durán, del Consejo Hispano Demócrata. Minutos atrás, el anuncio de la reelección del senador republicano Marco Rubio daba cuenta de la tendencia en Florida.

“Siempre está fea la cosa”, se escuchó decir a alguno a eso de las 10:06 p.m. A esa hora seguían vendiéndose en el bar las ‘Margaritas de la victoria’, las ‘Burbujas de Hillary’, los ‘Mojitos de Bill’. Y si había dudas de que iba a ser una noche larga, el análisis de CNN dejaba entrever que, tal como lo había denunciado Trump incontables veces, las encuestas pudieron haber pasado por alto una gran cantidad de votantes seducidos por el estilo pugnaz del magnate.

Cuatro minutos más tarde, a las 10:10 p.m., la resignación. El mapa del Colegio Electoral mostraba 139 delegados a favor de Trump y 104 en el bolsillo de Clinton. “Tengo miedo”, dijo entonces una de las muchas cubano-americanas en el hotel EB. “Lo que no puedo creer es que tantos millones de personas voten por él. Eso de agarrarnos la vagina… Tengo miedo por mi hija”.

Y cuando los brazos cruzados habían reemplazado por completo los brindis, los abrazos y el confeti, la última proyección de CNN prendió de nuevo la fiesta. Los 55 delegados de California, el estado con mayor número de votantes, pasaron a engrosar las cuentas demócratas. A las 11:00 p.m., hora de Miami, Hillary lideraba una vez más en la cuenta del Colegio Electoral. “No pierdan la fe”, se oyó entonces en el salón.

Media hora después, el New York Times informaba que los Estados Unidos y el mundo entero estaban ‘ad portas’ de una nueva era. Con la victoria republicana en Carolina del Norte, Donald Trump “abre un claro camino hacia la victoria”, consideraba el diario neoyorkino. Apenas ocho minutos después, Florida caía definitivamente.

Estaba claro que sin este estado, Trump simplemente no podía llegar a la Casa Blanca. El voto blanco de las zonas rurales se impuso sobre el voto latino de los principales centros urbanos. Bocas abiertas, brazos en la cabeza, lágrimas y silencio.

A las 11:48 p.m., Viviane Cacancio seguía confiando en una victoria general de Clinton. “Tenemos tres estados por ganar, y eso puede levantarnos”, dice. “En un lado está la gente que quiere amor, esperanza, que quiere hacer un mundo mejor, y gente que está asustada, temerosa, que ve que el mundo se está moviendo y que no pueden seguirle el ritmo”, resumía Irene Janssen, una holandesa que trabajó como voluntaria en la campaña de Clinton, en la sede muy chic del barrio Wyndwood, durante el último mes.

Pasada la medianoche, pocos mantienen viva la esperanza de ver en el corto plazo a una mujer en la Oficina Oval. “El tema del racismo será crucial”, señala del Emilio del Veccio, de origen venezolano, frente al inminente gobierno de Donald J. Trump. “Resulta que este señor siente un odio perverso hacia la gente como nosotros”.

Y a las 12:20 de la madrugada, un poco otorgándole la victoria a sus contrincantes, Viviane Cacancio busca un cigarrillo en la barra del bar, a pesar de que usualmente no fuma. Luego, contrariada, abandona la que iba a ser la gran fiesta del partido Demócrata en el sur de La Florida. “Donald Trump es nuestro Estado Islámico”, concluye.

Juan Montoya Alzate
Editor EL TIEMPO Express
Enviado especial a Florida*
@morcheros en Twitter

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