La 'doctrina Trump': Deriva estratégica con consecuencias globales

La 'doctrina Trump': Deriva estratégica con consecuencias globales

El presidente de EE. UU. delineó en su discurso de posesión su ideología. /Análisis

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El presidente de EE. UU., Donald Trump, asumió su cargo el pasado viernes en Washington.

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Efe

22 de enero 2017 , 11:53 p.m.

Marcando su debut como 45 presidente de Estados Unidos, Donald Trump delineó el viernes pasado en su discurso de inauguración la ideología que guiará la toma de decisiones de su administración por los siguientes cuatro años—a la que podríamos llamar la 'doctrina Trump'.

El eje central de la 'doctrina Trump' hace eco con el lema de su candidatura: que él hará que EE. UU.  vuelva a ser grande (o 'Make America Great Again',  en inglés), “…promulgando un nuevo decreto que se escuchará en cada ciudad, en cada capital extranjera… A partir de este momento, siempre será América Primero.”

¿Cuáles serán las implicaciones de esta política de EE. UU. primero? En su reciente discurso y en sus acciones desde su victoria se empieza a vislumbrar las formas que toma esta política: la renegociación de acuerdos comerciales para que beneficien a la industria y trabajadores estadounidenses (Nafta); reconsiderar antiguas alianzas que han servido los intereses de otros a cuestas de los de Estados Unidos (Otán) y crear nuevas con países como Rusia para combatir amenazas emergentes; frenar la migración ilegal en la frontera (la muralla con México) e internamente; y usar el capital estadounidense para fortalecer las fuerzas armadas e infraestructura del país en lugar de las de otros (Paz Colombia).

En otras palabras, la política de  EE. UU. primero establece que en su toma de decisiones el gobierno norteamericano se basará exclusivamente en los intereses nacionales y de ser necesario acudirá al uso de medios inusuales e inescrupulosos: el proteccionismo, el uso de la tortura, las verificaciones adicionales para migrantes musulmanes, entre otros.

Y aunque algunos querrán debatir las implicaciones morales de aquella 'doctrina Trump' que considera que los fines justifican los medios, una pregunta mucho más trascendental es si la estrategia tendrá éxito. ¿Puede la 'doctrina Trump' servir los intereses de Estados Unidos?

Hasta ahora, la respuesta es que posiblemente no lo hará, principalmente porque en su articulación la 'doctrina Trump' ha hecho gran alarde de los medios a la disposición del presidente sin definir sus fines. Trump habla mucho de los intereses de Estados Unidos en el abstracto, pero ¿cuáles son esos intereses y cómo establecerá prioridades entre ellos? ¿Cuándo sabremos que América vuelve a ser grande?

Identificar y priorizar intereses ha sido un aspecto clave dentro de la gran estrategia del país desde los tiempos de George Washington. Al terminar su mandato, el primer presidente hizo un llamado a la joven república a enfocarse en su desarrollo doméstico y a ser neutral frente a los asuntos europeos, tomando ventaja de su geografía privilegiada al mismo tiempo que evitaba ser aplastada por poderes mayores en el viejo continente.

Hoy, en una época en el que el poder estadounidense está en declive, es especialmente relevante seguir ese prudente ejercicio de identificar lo necesario a partir de lo posible. Sin embargo, parece ser un aspecto ausente en la 'doctrina Trump'. Por ejemplo, parece que Trump quiere revitalizar la industria en el país, pero ¿estaría dispuesto a sumergir al mundo en una gran depresión por traer trabajos manufactureros de vuelta al país?

Vale añadir un último punto acá: Trump no es responsable de la deriva estratégica que padece el país. Desde el fin de la Guerra Fría, empezando por la presidencia del primer presidente George Bush hasta la de Barack Obama, EE. UU. no ha definido con claridad los fines de su política exterior. ¿Su objetivo es la protección de los derechos humanos? ¿La propagación de la democracia? ¿Acabar con el terrorismo en todas sus formas y en todas partes del mundo? ¿Contener el surgimiento de posibles competidores como China y Rusia?

Lo que hace a Trump diferente es que, aun estando a oscuras, él ha prometido avanzar sin escrúpulos y a ciegas, sin importar a dónde lo lleven sus acciones o cuáles las consecuencias. Si cumplir su propósito de hacer que América sea grande de nuevo—aún sin saber qué significa eso—acaba con el orden liberal mundial, que así sea.

“Ahora ha llegado la hora de la acción,” dijo Trump en su discurso. Aunque la incertidumbre reina, lo que es cierto es que la acción a ciegas de la nueva Doctrina Trump no servirá los intereses del mundo ni de las masas que ayer celebraban su revolución populista en las calles de Washington.

DAVID CASTRILLÓN KERRIGAN
Docente-Investigador de la Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales
Universidad Externado de Colombia

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