De sobreviviente de Hiroshima a nobel de paz

De sobreviviente de Hiroshima a nobel de paz

Setsuko Thurlow tenía 13 años cuando la bomba de Hiroshima explotó cerca de donde estaba.

De sobreviviente de Hiroshima a nobel de pazSetsuko Thurlow recibió este domingo el galardón.
Setsuko Thurlow, nobel de paz

Cortesía ICAN

11 de diciembre 2017 , 12:25 a.m.

Setsuko Thurlow tenía trece años cuando la bomba atómica de Hiroshima explotó a menos de dos kilómetros de donde vivía el 6 de agosto de 1945.

72 años después de esa experiencia que marcó el fin de la Segunda Guerra Mundial, y su vida para siempre, recibirá este domingo de manos del Comité Noruego el premio Nobel de Paz, otorgado este año a la Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares (Ican, por su sigla en inglés), una coalición de 468 organizaciones no gubernamentales que desde hace 10 años trabaja para crear conciencia sobre las catastróficas consecuencias humanitarias de cualquier uso de armas de este tipo.

A sus 85 años, las memorias de ese día fatal siguen intactas, pero son el motor que impulsa su activismo para evitar que tragedias como las de Hiroshima y Nagasaki, que acabaron con la vida de cerca de 200.000 personas, vuelvan a repetirse. Un colombiano también participó en este proceso.

A pocos días de su viaje a Oslo, en donde recibirá el galardón junto con Beatrice Fihn, directora de Ican, Thurlow habló con ‘Citynoticias de las 8’.

¿Qué recuerdos tiene de ese día?

Ese día no estaba en el colegio. Tenía trece años y Japón estaba perdiendo la guerra. Tenían que utilizarnos a nosotros los estudiantes como mano de obra barata para propósitos militares. Me encontraba en un cuartel de la Armada, en donde, después de varias semanas de entrenamiento, aprendí a descifrar mensajes secretos.

Un grupo de 30 niñas trabajábamos en una habitación grande, del segundo piso de un edificio de madera, a 1,8 kilómetros de donde cayó la bomba atómica.

A las ocho de la mañana estábamos reunidos todos y un mayor del ejército nos estaba dando una charla motivacional: “Ustedes, niñas, han tenido un buen entrenamiento. Este es el momento de mejorar su patriotismo y lealtad al emperador”. Y nosotras decíamos: “Sí señor, haremos nuestro mejor esfuerzo”. En ese preciso instante vi un resplandor blanco y azul a través de la ventana, y mi cuerpo voló por los aires. Tuve la sensación de estar flotando en el aire. Y ahí perdí la conciencia.

Desperté en total silencio y oscuridad y me encontré atrapada bajo un edificio colapsado. Traté de moverme, pero no pude. Ahí me di cuenta de que estaba enfrentando a la muerte, pero extrañamente no estaba alterada o en pánico. Estaba muy calmada y pensé: ‘Finalmente, los americanos nos atraparon. La bomba explotó sobre nuestras cabezas’.

Traté de moverme, pero no pude. Ahí me di cuenta de que estaba enfrentando a la muerte, pero extrañamente no estaba alterada o en pánico

Luego escuché voces de las otras niñas llamando a sus mamás. ¡Mamá, ayúdame! ¡Dios, ayúdame! ¡Aquí estoy!

De repente, alguien por detrás sacudió mi hombro izquierdo y me dijo con voz fuerte: ‘¡No te rindas, continúa empujando, continúa pateando!, mira la luz que se filtra por ese hueco, muévete hacia allí tan rápido como puedas’. Y eso fue lo que hice. No sé cuánto tardé, pero cuando salí, los escombros estaban en llamas. Volteé por un segundo y pensé en las otras niñas que estaban conmigo en la misma habitación. Pero yo ya no podía volver a ese infierno.

Después vi a otras dos niñas saliendo, y nos quedamos las tres juntas.

Era de día, pero estaba muy oscuro. Una vez mis ojos se acostumbraron a esa oscuridad, vi que algo se movía y que se acercaba a mí, pero no sabía qué era, luego pensé que era una procesión de fantasmas, pero resultaron ser personas heridas, aunque no parecían seres humanos. Su pelo estaba de puntas, sus pieles quemadas, negras, hinchadas; algunas partes de sus cuerpos faltaban, la piel les colgaba de los huesos. Todos estaban huyendo del centro de la ciudad a la parte donde nosotros estábamos. Mientras caminaban, algunos colapsaban y otros incluso sostenían sus propios ojos en sus manos.

Un soldado nos dijo: ‘Ustedes, niñas, únanse a esta procesión y escapen a la colina más alta’. Tuvimos que caminar entre cadáveres, pues el suelo estaba cubierto de ellos, de gente herida también. Nadie gritaba ni pedía ayuda, lo único que podían hacer era susurrar, rogar por agua, con sus últimas fuerzas físicas y psicológicas.

Como nosotras tres no estábamos gravemente heridas, quisimos ayudar a esos miles de personas moribundas.

Para el momento en que llegamos a la colina, el lugar estaba repleto de gente muriendo, pero era un espacio igual al de dos canchas de fútbol. Volteé a mirar si había personal médico, pero no había ninguno. Cerca del 80 por ciento de todo el personal médico de la ciudad murió ese día. El 20 por ciento restante estaba ayudando en otras áreas, pero no donde estábamos.

No había medicamentos, ni tratamientos ni agua, solo un puñado de gente con suerte que logró succionar algunos trapos mojados que logramos traer de un arroyo cercano para bañarnos y mojar nuestras blusas para ponérselas a los heridos sobre su boca. Ese fue el único apoyo que pudimos dar. Nos mantuvimos ocupadas todo el día, y cuando llegó la noche, nos sentamos en esa colina con otros sobrevivientes a ver nuestra ciudad arder toda la noche.

¿En qué momento decidió dedicar su vida al activismo para la prohibición de las armas nucleares?


Tras la guerra, quedó mucha gente sin hogar, con hambre, pobres, discriminados y enfermos. Gente como nosotras que estuvo expuesta a la radiación, pero en ese momento no se conocía de ello o de armas nucleares.

Pero un tiempo después, cuando descubrieron que había algo llamado arma nuclear y que la radiación era peligrosa, la gente empezó a evitar a los sobrevivientes de la bomba atómica porque pensaban que era algo que se podía contagiar y temían ser contaminados. Hubo gente que terminó con cicatrices muy graves en su cara, y no podían esconderse, por lo que la gente los evitaba. Incluso hubo padres que no querían que sus hijos se hicieran amigos de ellos, o que se casaran con esas mujeres, porque creían que podrían concebir hijos con deformidades. Y efectivamente, muchas mujeres que quedaron embarazadas en esa época tuvieron hijos con deformidades, no sabemos cuántas, y eso ha sido un misterio.

Una semana después de la bomba, Japón se rindió en la Segunda Guerra Mundial, pero nosotros teníamos una propaganda tan poderosa sobre el mito japonés, y creíamos que el emperador era un hijo de Dios en la Tierra, que nunca pensamos que perderíamos la guerra. Luego el emperador dejó de ser el gobernante, y en su lugar se posicionó el general MacArthur como Comandante en Jefe de las Fuerzas Aliadas. Ya se podrán imaginar el escenario de caos político, económico y social que había.

Después de eso, mi cabeza estaba llena de preguntas. ¿Cómo pudo suceder algo como esto? ¿Y cómo pudo ser causado por los estadounidenses, si se supone que son cristianos? ¿Por qué el Dios cristiano permitió que pasara una cosa así? Era muy difícil de entender. Fueron 10 años de mi vida con estos cuestionamientos morales y éticos lo que causó que pensara en mi vida y mi futuro, y mi activismo social podría decirse que nació en ese momento, pues quise convertirme en una persona generosa, que pudiera apoyar a los demás y hacer alguna contribución al mundo.

Quise convertirme en una persona generosa, que pudiera apoyar a los demás y hacer alguna contribución al mundo

Cuando terminé mis estudios de bachillerato, tuve la oportunidad de ir a Estados Unidos porque quería convertirme en una trabajadora social. Llegué en 1954 y la prensa en ese momento me pidió que hiciera algún comentario sobre lo que estaba sucediendo en Japón y las Islas Marshall, en el Pacífico.

Ese mismo año, EE. UU. hizo una de las pruebas nucleares más grandes con la bomba de hidrógeno en el atolón Bikini que llevó a una situación muy parecida a la de Hiroshima y Nagasaki.

El caso es que pidieron mi opinión y dije que Hiroshima y Nagasaki debieron haber sido los últimos ensayos nucleares, pero que continuaban y debían detenerse. Dije que la política de armas nucleares estadounidense era inhumana y peligrosa.

A la mañana siguiente, los periódicos me señalaron como la sobreviviente de Hiroshima que se atrevió a criticar las políticas americanas, y empecé a recibir cartas amenazantes y de odio: “Cómo se atreve a criticar la política de nuestro país, el que le está dando una beca para que estudie. ¡Váyase a casa!”, decía alguna.

Eso me asustó, acababa de llegar y no podía volver, pero tampoco entendía cómo podría sobrevivir en Estados Unidos. Fue un tiempo traumático y de mucha soledad, pero después de eso volví con más fuerza. Me pregunté: ‘si yo no hablo de esto, ¿quién más lo hará?’. Si yo lo viví, lo experimenté. Así que sentí que era mi responsabilidad compartir mi experiencia, y es lo que he hecho desde entonces.

¿Cómo recibe la noticia del premio?

Ha sido una lucha de muchos años. Pero estoy tan emocionada de que haya llegado el momento para que millones sepan en qué clase de mundo vivimos y lo peligroso que es esta era nuclear.

Lo que pasó en Hiroshima y Nagasaki podría pasar ahora en una dimensión mucho más destructora. Pero ahora la gente ha salido a decir “¡no queremos armas nucleares!, queremos deshacernos de ellas y que sean ilegales!”. Eso fue lo que pasó en julio pasado cuando 122 países votaron en contra de las armas nucleares y dijeron que querían un tratado. Pero no fueron solo los gobiernos, sino también los ciudadanos y las ONG, iglesias, colectivos de mujeres y estudiantes que empezamos a trabajar juntos.

Lo que pasó en Hiroshima y Nagasaki podría pasar ahora en una dimensión mucho más destructora

Es satisfactorio sentir que vamos por el camino que es, pero tenemos que recordar que esto es solo el principio, no hemos alcanzado la meta aún, que es deshacernos de todas las armas nucleares. No sé cuántos años pasarán, pero estamos preparados para lograrlo.

¿Qué opina de las tensiones que han tenido EE. UU. y Corea del Norte?

Es la peor crisis desde la cubana de los misiles (1962) durante la Guerra Fría. Simplemente, no pueden usar las armas nucleares, no importa qué razones o excusas tengan. Nunca más un ser humano debe morir por culpa de ello. Lo único que hay que hacer es apelar a la diplomacia y a la negociación, a una solución política y no militar.

¿Algún mensaje para Colombia?

Recuerdo cuando su presidente recibió el premio Nobel de Paz y sé que su nación vivió muchos años de guerra. Espero que sus vidas estén tornándose más seguras, enriquecedoras y plenas, pero sobre todo espero que su gobierno se una a nuestra campaña y decida firmar el tratado para prohibir las armas nucleares. No tienen por qué pasar otros 72 años, como yo he esperado, para ver algo así.

Un colombiano contra las armas nucleares

El pasado 7 de julio, en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, 122 países firmaron el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares, marcando así un hito para esta causa de más de 70 años. César Jaramillo, director de la ONG Project Ploughshares, en Canadá, pudo vivir de primera mano ese momento.

“En general, el ambiente allí es muy frío y de procedimientos, pero ese día fue diferente. Se nos salían los aplausos. Anteriormente, en esos foros siempre se hablaba en términos muy secos y políticos. Pero en esta ocasión pusimos al ser humano en el centro. Hablamos del cáncer que produce la radiación de las armas nucleares, las malformaciones al nacimiento, hablaron también algunos sobrevivientes. El impacto emocional era evidente. Queremos pensar que se ha partido en dos la historia de la búsqueda de un mundo libre de armas nucleares”, dice este paisa que lleva más de 10 años involucrado con esta causa.

“Dirijo una organización y ‘think tank’ en la que trabajamos con temas relacionados al desarme, la seguridad internacional y el desarme nuclear. En ese contexto he trabajado activamente como parte de Ican, y este proceso me ha llevado por diferentes foros y países del mundo para crear conciencia y presionar para que se adopten las medidas que prohíban el uso de las armas nucleares”, añade.

Pero la felicidad no es completa. Las nueve potencias y principales poseedoras de armas nucleares en el mundo, entre ellas los cinco miembros del Consejo de Seguridad de la ONU, no firmaron este tratado. “Hay gobiernos que se oponen vehementemente al Tratado y están ejerciendo mucha presión tras bambalinas para socavar el esfuerzo, y para tratar de que sus aliados no lo apoyen”, asegura Jaramillo, que se pregunta también por las razones de Colombia para no firmarlo.

El camino es largo, y las estadísticas, preocupantes. Según Ican, en el mundo hay 15.000 bombas nucleares, de las cuales 1.800 están en estado de alerta máxima y a punto de ser usadas en cualquier momento. Las causas que desatan el peligro van desde un accidente, errores de cálculo, hasta líderes volátiles de quienes depende la estabilidad nuclear del planeta.

JULIANA PLATA S.
Periodista internacional
Citynoticias de las 8

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