El poder blando no es lo mismo que el poder agudo / Análisis

El poder blando no es lo mismo que el poder agudo / Análisis

La situación de Rusia y China da cuenta de las estrategias políticas en regímenes autoritarios.

Vladimir Putin y Xi Jinping

Los presidentes de China y Rusia, Xi Jinping y Vladimir Putin.

Foto:

Mikhail Klimentiev / AFP

23 de junio 2018 , 09:33 p.m.

En los últimos años, Rusia y China han destinado recursos considerables a ámbitos que por lo general se asocian con el poder blando, término acuñado por el politólogo estadounidense Joseph S. Nye y que se entiende como la “capacidad de afectar a los demás por la atracción y la persuasión”. Ya sea directamente o a través de suplentes complacientes, los dos países han gastado miles de millones de dólares en aumentar su influencia mediante los medios de comunicación, la cultura, los centros de estudios, el mundo académico y otras esferas. No obstante estas inversiones, los observadores se rascan la cabeza y se preguntan por qué estos regímenes autoritarios siguen sufriendo un déficit de poder blando, incluso después de haberse vuelto más asertivos en el ámbito internacional.

A Rusia y China les tiende a ir mal en las encuestas globales de opinión pública e índices de poder blando, reforzando la noción de que la atracción y la persuasión son incompatibles con el autoritarismo. En lo internacional, los autócratas no están ganando los corazones y las mentes. Sin embargo, Rusia, China y otros regímenes ambiciosos y con abundancia de recursos proyectan más influencia fuera de sus fronteras que en cualquier momento de la historia reciente, y no principalmente a través de lo que Nye llama poder duro, es decir la potencia militar o la coerción económica bruta. No hay duda de que Rusia ha utilizado la fuerza militar con cierta frecuencia en la última década; por ejemplo, en Georgia, Ucrania y Siria. Pero sus aviones de combate y sus tanques no impulsan el aumento global de la influencia de Moscú. De manera similar, China está mostrando sus fuerzas militares en el mar del Sur y a lo largo de su frontera en disputa con India. Pero, al igual que Rusia, ha sido mucho más activa en el uso de otras formas de influencia.

Por consiguiente, los teóricos están en apuros: son regímenes que no dependen principalmente del poder duro, no consiguen generar poder blando, pero siguen siendo capaces de proyectar una influencia real en el extranjero. Considerando el resurgimiento del autoritarismo en el mundo, se trata de una buena oportunidad para reflexionar sobre esta aparente paradoja.

Hace poco, ‘The Financial Times’ observaba que en los “esfuerzos de China por generar poder blando más allá de sus fronteras”, el país debe “correr más ligero y adoptar un enfoque más recíproco y menos autoritario”. Nye hace la observación similar de que “China podría generar más poder blando si relajara parte del firme control de su partido sobre la sociedad civil”.

Lo mismo se podría decir de Rusia y otros países con gobiernos que priorizan el control estatal sobre la apertura, la cultura independiente y la sociedad civil, todos ingredientes del poder blando. Pero estas exhortaciones a las autoridades chinas o rusas seguramente caerán en oídos sordos. Cualquier liberalización importante iría en dirección contraria a las necesidades y objetivos políticos de estos regímenes de retener el control a cualquier costo.

Son regímenes que no dependen principalmente del poder duro, no consiguen generar poder blando, pero siguen siendo capaces de proyectar una influencia real en el extranjero

Las formas, pero no la sustancia

La trampa analítica es suponer que los gobiernos autoritarios, que suprimen el pluralismo político y la libre expresión para conservar el poder interno, se inclinarían a actuar distinto en el plano internacional. Son regímenes que han adoptado hábilmente algunas de las formas, no la sustancia, del poder blando. Buscan lo que se podría entender como poder agudo, cuyos atributos claves son la censura, la manipulación y la distracción abiertas, en lugar de la persuasión y la atracción.

Si bien las guerras de la información forman parte del repertorio de los regímenes autoritarios, por sí mismas son una descripción inadecuada del poder agudo. Gran parte de la actividad de los regímenes autoritarios queda fuera de esta definición, como detallamos mis colegas y yo en un informe de diciembre del 2017, ‘Sharp Power: Rising Authoritarian Influence’ (‘Poder agudo: influencia autoritaria en aumento’). En retrospectiva, podemos advertir la idea equivocada que se asentó al fin de la Guerra Fría, cuando el análisis convencional supuso que los regímenes autoritarios se liberalizarían y democratizarían. Hace casi tres décadas, cuando Estados Unidos salió de la Guerra Fría como el poder hegemónico global y se acuñó el término poder blando, los analistas políticos no tomaron lo suficientemente en cuenta a los regímenes que hoy controlan Rusia y China.

Como escribí junto con mi colega Jessica Ludwig en ‘Foreign Affairs’, “la complacencia de las democracias respecto de un poder maligno y agudo se ha ido formando por su confianza en el paradigma del poder blando”.

Los analistas que ven la conducta de los autoritarios en términos de esfuerzos por “reforzar el poder blando de sus países pierden el punto y se arriesgan a perpetuar un falso sentido de seguridad”. Es preciso un diagnóstico sólido para dar una respuesta adecuada. Los regímenes autoritarios no están siguiendo las reglas de las democracias gobernantes. Su rasgo característico es la represión sistemática y el poder agudo que generan no se puede forzar en el marco más familiar y tranquilizador del poder blando.

Sin terminología más precisa, las democracias del mundo tendrán pocas esperanzas de contrarrestar la creciente y multifacética influencia de estos Estados.

CHRISTOPHER WALKER
Vicepresidente de Estudios y Análisis del Fondo Nacional para la Democracia
© Project Syndicate

Sigue bajando para encontrar más contenido

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Ya leíste los 800 artículos disponibles de este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido digital
de forma ilimitada obteniendo el

70% de descuento.

¿Ya tienes una suscripción al impreso?

actívala

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.