Historia del genocidio camboyano escrita en los huesos de las víctimas

Historia del genocidio camboyano escrita en los huesos de las víctimas

Según estudio la mayoría de los 1,7 millones de personas fueron asesinadas con golpe en la cabeza.

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"Conservamos y consolidamos los huesos, y mantenemos pruebas para que el régimen de Pol Pot nunca vuelva" dijo el director del departamento de arqueología, Voeun Vuthy.

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AFP

16 de agosto 2016 , 09:06 a.m.

Entre arrozales y cocoteros, la estupa (monumento funerario) de Kraing Ta Chan aparece al final de un pequeño camino de tierra en Camboya con cientos de cráneos y otros huesos que llevan escrita la historia del genocidio camboyano.

La antropóloga forense estadounidense Julie Fleischman y el departamento de Arqueología y Prehistoria del ministerio de Cultura de Camboya completaron en junio el segundo estudio sobre restos óseos de las fosas comunes del régimen del Jemer Rojo (1975-1979) en Kraing Ta Chan, en la provincia de Takeo, a unos 90 kilómetros al sur de Phnom Penh.

"El objetivo era determinar qué pasó con la gente, y con eso me refiero a cómo murieron. Tenemos los registros históricos y los testimonios pero nadie ha vuelto a las evidencias físicas, que son los huesos, para ver si concuerdan", declaró a EFE Fleischman.

"Conservamos y consolidamos los huesos, y mantenemos pruebas para que el régimen de Pol Pot nunca vuelva", dijo por su parte el director camboyano del departamento de arqueología, Voeun Vuthy, durante la ceremonia budista que se celebró al terminar el estudio.

Pol Pot, llamado en la República de Kampuchea Democrática 'hermano número uno', lideró un régimen que, en busca de una utopía agraria comunista, causó la muerte de cerca de un cuarto de la población de Camboya o 1,7 millones de personas.

Las ciudades fueron vaciadas, se impuso el trabajo colectivo agrícola y el país se llenó de cárceles y fosas comunes para encerrar a los enemigos de Angkar (la Organización), que incluían a cualquiera que representara a la 'corrupta' clase urbana.

El grupo liderado por Voeun Vuthy ha sido pionero desde 2014 en este tipo de investigación en Camboya, primero en los 'campos de la muerte' de Choeung Ek, asociados a la infame cárcel S-21 de Phnom Penh, y después en la prisión Kraing Ta Chan, la principal de la Zona Suroeste.

Unos 6.500 cráneos han sido analizados en Choeung Ek y cerca de 1.600 en Kraing Ta Chan, y también se realizaron trabajos de conservación, segmentación demográfica según género y edad y clasificación de acuerdo con el método de la ejecución.

"Camboya tiene más de 20.000 fosas comunes del periodo de Pol Pot", indicó Voeun Vuthy, más que ningún otro país, "y hasta el momento solo hemos investigado cinco".

Según Fleischman, la política y la falta de financiación y formación han sido los responsables de que hayan pasado casi 35 años para poder realizar este tipo de estudio en el país. "La política, es un tema delicado, no ha sido particularmente popular, la gente no quiere hablar sobre ello o siente que es demasiado difícil hacerlo", señaló la estadounidense.

"Es caro, cuesta dinero ya sea contar con un equipo local para hacerlo o contratar a expertos, y en general, definitivamente, no ha sido una prioridad", añadió la investigadora.

En 2001, el difunto rey Norodom Sihanuk (1922-2012) pidió al primer ministro, Hun Sen, que retirara los restos de la estupa de Choeung Ek y los cremase según el rito budista, pero el jefe de Gobierno se rehusó para preservar evidencias de los crímenes del Jemer Rojo.

En el caso del estudio de Kraing Ta Chan, el proyecto se financió con una subvención de 20.000 dólares de la Academia Estadounidense de Ciencias Forenses y una campaña de micromecenazgo iniciada por Fleischman que consiguió recaudar más de 4.500 dólares.

En la ceremonia en Kraing Ta Chan, los asistentes portan el cráneo de las víctimas mientras rodean por tres veces la estupa, antes de introducir los huesos de vuelta en el macabro altar, entre rezos y rituales que garantizan el descanso de las almas.

Los huesos exhumados en varias de las fosas comunes descubiertas en la principal prisión de la Zona Suroeste revelan que la mayoría de las víctimas fueron hombres, que también se ejecutó a niños y ancianos con, en general, un golpe en la cabeza mediante un objeto contundente como una barra de hierro.

Una de los pocos supervivientes de Kraing Ta Chan, Soy Sen, contó en 2014 que se hacinaban en la cárcel en tandas de 400 personas y que cada día se ejecutaba a 20 o 30.

"Les hicieron caminar en fila y mi padre estaba al frente. Ataron sus manos a su espalda, le vendaron los ojos y le golpearon con una azada en la cabeza", recordó Soy Sen, forzado a trabajar como enterrador durante el régimen de terror del Jemer Rojo.

EFE

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