Cuentos de marionetas contra el abuso infantil en Nairobi

Cuentos de marionetas contra el abuso infantil en Nairobi

32 % de mujeres y el 18 % de hombres aseguran haber sido víctimas de agresión sexual cuando niños.

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Cientos de niños siguen con atención el desarrollo de un espectáculo de marionetas sobre abusos sexuales en una escuela primaria de Nairobi.

Foto:

EFE/Xavi Fernández de Castro

07 de noviembre 2016 , 03:04 a.m.

Cuando Baba Ngwashe, un hombre de facciones duras y piel áspera, se acerca a la pequeña Kasupu y le ofrece un caramelo a cambio de un beso, centenares de voces gritan al unísono para prevenir a la niña y ahuyentar al agresor, que no tiene más remedio que desistir.

Baba Ngwashe y Kasupu solo son marionetas y los chillidos salvadores proceden de las gargantas de los niños que asisten a una función organizada por Médicos Sin Fronteras (MSF) en la que, además de divertirse, aprenden a reaccionar ante casos de violencia sexual, muy comunes en Kenia.

"Las marionetas cuentan historias que los niños pueden identificar con sus propias experiencias. Son situaciones que han visto en casa, en el colegio o en su barrio", explica Katherin Bikery, que coordina los programas de concienciación de MSF en Mathare y el resto de barrios chabolistas del este de Nairobi.

Las agresiones sexuales a menores de edad son una lacra que tiene un gran impacto en la sociedad keniana: el 32 % de las mujeres y el 18 % de los hombres aseguran haber sido víctimas de algún tipo de agresión sexual cuando eran menores, según datos de Unicef.

La clínica de MSF en Mathare, uno de los pocos centros que da servicio a una zona donde viven alrededor de dos millones de personas, recibe una media de unos 200 casos de agresión sexual al mes, de los cuales casi el 60 % son menores y, de estos, prácticamente la mitad tienen 12 años o menos.

"Después de comenzar a tratar a niños víctimas de agresiones o abusos sexuales vimos que muchos de ellos no podían describir lo que les había ocurrido o ni siquiera sabían que no está bien que un adulto haga ciertas cosas", añade Katherin.

Por eso decidieron contactar con la compañía de teatro Dynamic Puppetry, que lleva más de cinco años creando espectáculos sobre violencia sexual, para que diseñara una obra que tuviera un mensaje claro y fácil de recordar.

"Los niños son más listos de lo que creemos y pueden recordar muchas cosas... si se las presentamos de la forma adecuada, ya que a veces tienen poca capacidad de atención y se distraen con facilidad", confiesa entre risas Yusuf Kolya, miembro de la compañía.

Katherin y su equipo vuelven de forma periódica a escuelas en las que han realizado algún tipo de campaña, y en la mayoría de las ocasiones "los niños recuerdan el argumento de la obra y el nombre de las marionetas e incluso hay padres que nos dicen que sus hijos les han contado la historia".

El hecho de hacer campañas para niños también permite trabajar desde muy temprano los tabúes que existen alrededor de las violaciones y el estigma que sufren las víctimas cuando denuncian el caso ante las autoridades, que a menudo tardan en actuar.

Cuando MSF abrió la clínica de Mathare en 2008, apenas un centenar de personas se atrevía a visitarla para recibir tratamiento.

Ahora, tras años de duro trabajo para ganarse la confianza de la comunidad, el centro trata a más de 2.000 víctimas de violencia sexual al año.

Kolya y su compañero plantean escenarios realistas en los que hay un conflicto, en este caso un hombre que intenta aprovecharse de una niña, y los menores los analizan para encontrar opciones que ayuden a Kasupu a prevenir el abuso o, en una situación más grave, denunciarlo.

En la obra, el inspector Macho (inspector Ojos, en swahili), cuya marioneta es un Homer Simpson de mirada fija y ausente, llega justo a tiempo para evitar que Baba Ngwashe siga atosigando a la pequeña y le da un par de coscorrones para espantarlo.

Luego se gira hacia el público, que le vitorea por haber puesto fuera de peligro a la niña, y recita un número de teléfono de MSF al que pueden llamar las 24 horas del día en caso de que tengan una emergencia: "Cero, Cinco, Cero..." y antes de que haya podido acabar los niños se le adelantan y completan el número.

EFE

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