Últimas Noticias de Colombia y el Mundo - ELTIEMPO.COM

Últimas Noticias

Ver más últimas noticias

Patrocinado por:

Publicidad

Paute aquí

Mohamed Morsi, de la cárcel a la presidencia de Egipto

Por: |

Morsi

Quienes votaron por Morsi no lo hicieron por él, sino por el movimiento Hermanos Musulmanes.

Fue un estudiante brillante, pero su liderazgo no descolló hasta días antes de los comicios.

Hace una semana se instaló el hermano musulmán Mohamed Morsi en el palacio presidencial de Heliópolis, que hace solo 16 meses ocupaba el hombre que lo encarceló en varias ocasiones, Hosni Mubarak, caído en desgracia tras la revolución del 25 de enero de 2011. Con su victoria, la historia se da la vuelta en Egipto: los malos pasan a ser los buenos y el país inaugura una nueva época, con su primer presidente democráticamente elegido y el primero sin uniforme después de 60 años de régimen militar. (Lea también: Editorial: Egipto elige a un musulmán).

De 61 años, nacido en Sharquiya, en el delta del Nilo, en una familia de clase media, Morsi siempre fue un brillante estudiante. Se graduó en la Universidad de El Cairo en 1975 y obtuvo un máster en Ingeniería Metalúrgica en ese mismo centro, pocos años después. Posteriormente, siguió su formación en EE. UU., en California, donde trabajó también en dos facultades universitarias como profesor. Incluso, puso sus habilidades al servicio de una de las instituciones norteamericanas más prestigiosas y selectivas, la agencia espacial Nasa.

En los año 80, Morsi regresó a Egipto. A pesar de su estancia en California, o precisamente por ello, el sentimiento antiamericano siempre ha caracterizado su postura política, al igual que la oposición a Israel, compartida por todos los miembros de los Hermanos Musulmanes. Fue uno de los fundadores del Comité Egipcio de Resistencia al Proyecto Sionista, pero su discurso se ha moderado muchísimo desde que se convirtió en candidato presidencial.

Debido a su escaso carisma, Morsi no fue el elegido por la hermandad cuando esta decidió competir por la Presidencia, presentando a uno de sus grandes líderes en la sombra, Jairat al Shater, de gran personalidad. Morsi fue registrado como candidato de reserva, porque el grupo sabía que Shater podía ser descalificado de la carrera presidencial por las autoridades debido a sus antecedentes penales, tal y como ocurrió finalmente. El destino lanzó a Morsi a la fama y el tranquilo científico y fiel hermano musulmán tuvo que convertirse rápidamente en un líder político. (Siga este enlace para leer: Un islamista es el primer presidente democrático en Egipto).

"Hemos tenido 28 días para crear a nuestro candidato -explicó a EL TIEMPO Aisha Al Haddad, una de las portavoces del equipo de campaña electoral de Morsi-. Pero el pueblo egipcio ha demostrado que quiere un cambio y un determinado tipo de liderazgo para el país".

En su primer discurso ante la nación, el domingo hizo una semana, cuando fue declarado oficialmente ganador de las presidenciales, Morsi demostró que ha aprendido mucho: su discurso es ahora más de jefe de Estado que de islamista opositor, pero todavía le falta carisma y desparpajo. Morsi no tiene ni historial ni aspecto de extremista. Se inscribe más en el prototipo de profesionales calificados, de los muchos que integran los Hermanos Musulmanes (médicos, profesores, ingenieros, abogados), que no cuentan con una formación religiosa ni entrenamiento en los campos yihadistas de Afganistán o Irak.

En la última década, emergió como un líder importante dentro de la hermandad, en el sector más ortodoxo de la misma, que se oponía, por ejemplo, a la posibilidad de que una mujer o un cristiano pueda ser presidente de Egipto. Ahora que Morsi ha alcanzado la Presidencia, dice estar dispuesto a nombrar a un vicepresidente mujer y a otro cristiano, para que representen a estos colectivos y asegurarles que sus derechos estarán garantizados.

En su primer discurso, lanzó un mensaje de tranquilidad en ese sentido, sobre todo a la minoría cristiana (cerca del 10% de la población), y prometió ser el presidente de "todos los egipcios". Para ello, dimitió de su cargo de presidente del Partido Justicia y Libertad, brazo político de los Hermanos Musulmanes, al frente del cual fue nombrado cuando este fue creado, en la primavera del año pasado, poco después de la revolución.

Morsi había sido miembro del Consejo de Orientación de la Hermandad, órgano directivo del grupo, al que ascendió después de su actuación como "parlamentario clandestino". Entre el año 2000 y el 2005, el islamista lideró el bloque parlamentario de los Hermanos, que se presentaban a los escaños como "independientes", sin esconder su pertenencia a la organización ilegal. El dictador Mubarak toleraba la existencia del grupo e, incluso, su presencia en las cámaras, pero de forma cíclica llevaba a cabo campañas de arrestos y represión para debilitar a la organización, prohibida desde los 50.

El mismo Morsi acabó en la cárcel en repetidas ocasiones, la última el 28 de enero de 2011, el denominado "viernes de la rabia", uno de los más violentos de la revolución egipcia, en el que la cúpula de la hermandad fue encarcelada para evitar que tomara parte en las protestas. Su hijo, Ahmed, también fue encarcelado en varias ocasiones cuando Morsi fue parlamentario.

Valiente opositor, defensor y representante de las ideas de los Hermanos, nunca destacó como otros líderes más carismáticos y con más presencia mediática. Su nombre era casi desconocido por el gran público cuando fue nominado candidato a la Presidencia. Ahora, es el nuevo presidente de Egipto, y de su mano la hermandad llega al poder después de 84 años de lucha por la supervivencia.

Aquellos que votaron por Morsi no lo hicieron por la persona, sino por el grupo que está detrás de él y lo que representa. Los Hermanos Musulmanes son conocidos y apreciados no solo por su ideología religiosa, sino por su labor social. Durante décadas, han ofrecido al pueblo aquello que el Gobierno no podía o no quería darle: educación, sanidad, deporte para los niños y comida y ropa para los necesitados. La organización está muy estructurada y arraigada, alcanza todos los rincones de Egipto y penetra todas las clases sociales; por ello, consiguió llevar a su candidato a la Presidencia, pese a su falta de carisma y al poco tiempo que tuvo para darse a conocer por los electores. (Lea acá: La conservadora primera dama que inquieta a Egipto).

Morsi abandonó también la hermandad para alejar las sospechas de que el grupo gobernaría el país en la sombra, pero el nuevo rais tendrá que enfrentarse a aquellos que detentan el poder real en Egipto: los militares. La relación entre generales e islamistas siempre ha sido de amor/odio; ahora, deberán convivir y compartir el trono. "La presidencia de Morsi dependerá de hasta qué punto consiga presionar a los militares y de si será capaz de disminuir la influencia de estos sobre la transición democrática y asumir él el liderazgo -explica Jalil Al Anani, experto en grupos islamistas-. No será nada fácil".

FRANCESCA CICARDI
Especial para EL TIEMPO
El Cairo.

Herramientas

Publicidad

Paute aquí

Patrocinado por:

ZONA COMERCIAL

Paute aquí

Reportar Error

¿Encontró un error?

Para eltiempo.com las observaciones sobre su contenido son importantes, permítanos conocerlas para, si es el caso, tomar los correctivos necesarios, o darle trámite ante las instancias pertinentes dentro de la Casa Editorial El Tiempo (CEET). Por favor, incluya su nombre y correo electrónico para informarle del seguimiento que le hemos dado a su observación.

Los campos marcados con * son obligatorios.

*
*
*

Respuesta

Recordar clave

Recordar clave

Por favor, escriba la dirección de correo electrónico con la cual se registró.