Kanté: el pequeño guerrero francés que nunca se cansa

Kanté: el pequeño guerrero francés que nunca se cansa

Ha sido uno de los motores de Francia para llegar a la final en Rusia.

M’Golo Kanté

M’Golo Kanté, jugador francés.

Foto:

AFP

12 de julio 2018 , 07:13 p.m.

Cuesta creer que algún día a M’Golo Kanté le dijeron que no, que lo rechazaron en sus primeros equipos, que lo miraron por encima del hombro por ser pequeño. Cuesta creer que no le veían el porte de futbolista y mucho menos para llegar a la selección francesa. Pero Kanté no es de los que se rinden. Si le cierran una puerta se mete por una ventana. Le queda fácil. Mide 1,68 de estatura. Lo que para algunos fue una desventaja él lo convierte en enorme virtud.

Kanté empezó a sonar con fuerza en Rusia desde la primera ronda del Mundial. Mientras el mundo esperaba ver otras figuras francesas como Pogba, Mbappé o Griezmann, Kanté no se amilanó. Al contrario, se devoró el medio campo, como lo hace en el Chelsea de Inglaterra, donde en el 2017 fue elegido como el Mejor Jugador de la Liga Premier.

Kanté hace el trabajo sucio, pero lo hace con tanta eficacia que se roba todos los aplausos. Siempre va a los choques con la fortaleza de un camión. Corre como si la cancha fuera una pista de atletismo sin meta. Y como si eso fuera poco, también entrega bien la pelota. Es tan efectivo que a sus 27 años ya se le compara con Makelele, mítico volante galo.

Kanté nunca está quieto. Hay que verlo en los partidos, no donde está la pelota, sino donde está él, y siempre se lo ve corriendo, dueño de la mitad de la cancha, machacando rivales y no necesariamente con faltas. Ha cometido 8 en todo el mundial. Poco para su posición. En total ha corrido 62,7 kilómetros en los 6 partidos de Francia. El estelar Pogba, su compañero en el medio campo, registra 48,5.

“Con él jugamos con 12. Corre por todos los sitios. ¡Tiene 15 pulmones!”, dijo su compañero Olivier Giroud, el atacante que desde bien arriba de la cancha ve cómo el volante destruye, levanta la cabeza y lo busca a él, o a Mbappé, con un pase profundo.
Esa costumbre de correr y de no cansarse la tiene desde chico, porque a Kanté le tocó recorrer los terrenos más duros: los suburbios de París, para reciclar chatarra y ayudar a sus hermanos y padres, que nacieron en Malí, y llegaron como inmigrantes.

Kanté comenzó a jugar a los 8 años, cuando lo menospreciaban por pequeño. Su arranque profesional fue en el Boulogne y en el Caen, de la Liga 2 de Francia, y luego dio el salto a Inglaterra, al Leicester, donde fue campeón, y al Chelsea, donde lo respetan. “Cuando él está top, tienes el 95 % de posibilidades de ganar”, dijo el belga Eden Hazard antes de enfrentarlo en la semifinal.

Ahora les toca a los croatas superar esa muralla móvil, al pequeño Kanté, que en la cancha es gigante, y que no se cansa.

PABLO ROMERO
Redactor de EL TIEMPO
En Twitter: @PabloRomeroET

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