Colombia, optimista, exhibió su fe en Kazán contra Polonia

Colombia, optimista, exhibió su fe en Kazán contra Polonia

Los originales atuendos de los aficionados crearon el ambiente ideal para espantar los demonios.

Hinchas de Colombia

Hinchas colombianos que no abandonan a la Selección, ni en Rusia ni en Kazán.

Foto:

Mauricio Moreno / EL TIEMPO

24 de junio 2018 , 05:49 p.m.

Es curioso, pero parecía que el clima en Rusia se empeñara también en una victoria de Colombia. Como en Barranquilla, a 31 grados centígrados, pero sin humedad, así era el calor intenso que acompañó la llegada de los aficionados al hermoso estadio de Kazán, que parecía una procesión.

Venían en familia, en pequeños grupos, muchos de ellos conformados aquí, con la excusa de la necesidad de transporte, hospedaje o traducción, que de eso sí que había urgencia. O venían en manada, como el enorme grupo de Fuerza Cafetera, que se tomó el paso subterráneo peatonal para hacerse sentir con sus tambores, sus gritos, su emocionante y contagiosa fe.

“Hoy te venimos a ver, hoy venimos a alentar; para ser campeón hoy hay que ganar”, retumbaba en el túnel donde todo era color, optimismo y una confianza que en la cancha se necesitaría a raudales. Estaban todos. Pero los que se animaron a usar los disfraces más pintorescos parecían estar solos en el parque.

Hoy te venimos a ver, hoy venimos a alentar; para ser campeón hoy hay que ganar

Pasaban los ocho amigos enfundados en una sola camiseta, cantando la misma barra del túnel, pero sin poder dar más de tres pasos antes de ser interceptados por polacos, canales de televisión de todas las nacionalidades, hinchas y más hinchas de Colombia. Y más solicitadas que nadie fueron tres bailarinas, cada una vestida con trusa y tul de un color de la bandera, escondiendo la identidad de tres amigos de quienes apenas supimos su origen: “¡somos de Pereira”, gritaban. ¿Y cómo se llama? “¡Deje así!”, regañaba la de rojo, mientras del traje de la de azul brotaba el pelo de una barba poblada. Disfrazados mejor que nadie, eran ellos los amos del celular: no hubo un solo asistente que se resistiera a pedirles un recuerdo.

Y estaba Lady Vanessa, nombre artístico de la ‘Princesa’, un cantante salsero que dispara canciones con el solo saludo y no se guarda ninguna de las estrofas, como el himno nacional cuando se juegan los mundiales, sin derecho a interrupción.

Pasaba el señor de la cresta tricolor y la barba de Papá Noel que parecía made in Russia, pero no: “Yo vengo de Cali, la barba es Santacruz”, aclaraba, antes de cualquier confusión.

La chiva de Pamplona, Norte de Santander; la familia de Medellín, con papá, mamá y tres hijos vestidos con tocados indígenas, la máscara de la bandera colombiana que solo atinó a explicar que venía de Bogotá.

En lo que hubo unanimidad sí fue en los autores de los goles: Falcao, el debutante, y James, el goleador de Brasil 2014. Sin asomo de duda: los nombres se dispararon entre la ilusión y la confianza, la seguridad y la firmeza, la certeza de que la historia iba a ser distinta en estas lejanas tierras donde, por mucho que se esfuercen, ningún rival logra arrebatarle la localía a Colombia.

Los hinchas cumplieron, porque cumplen siempre. De su fe se nutren todos los sueños.

Del color que le ponen al Mundial se alimentan las transmisiones de radio y TV de todo el mundo. Con esa voz, potente y sonora, se construyó un sueño en Rusia.

JENNY GÁMEZ
ENVIADA ESPECIAL FUTBOLRED @jennygameza

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