¡Al Mundial de Rusia, con el corazón de un país!

¡Al Mundial de Rusia, con el corazón de un país!

Este viernes en la noche el equipo de Pékerman se despidió de sus hinchas en El Campín.

Selección Colombia

La selección se despidió ante unos 30.000 hinchas que fueron al estadio El Campín.

Foto:

Luis Acosta / AFP

25 de mayo 2018 , 10:09 p.m.

Si a la Selección Colombia le espera un frío helado en Rusia, este viernes en la noche se llevó de Bogotá un poco de calor. En el equipaje guardó un abrigo de 30.000 pieles. Una enorme cobija amarilla. Unos guantes de 60.000 manos. Y un abrazo de más de 40 millones de personas. Cuando los jugadores desempaquen en el Mundial, después de su escala por Italia, a donde viajarán este sábado, seguramente sentirán ese aroma cálido, como el de un café que se preparó este viernes en la noche en El Campín, cuando el país despidió a sus héroes.

La noche fue de un cielo negro, sin brillo. Las estrellas estaban en la cancha. Y el público aguardó por ellas desde temprano para despedirlos, como hace cuatro años. Quien haya estado en aquella despedida rumbo a Brasil 2014 recodará una noche parecida, de fiesta, música, emoción, solo que ahora James es más James, Falcao tiene los tiquetes al Mundial, y nuevos guerreros nutren a la Selección. Valía la pena estar allí, otra vez, para decirles adiós.

Los alrededores de El Campín se pintaron de tricolor. El ritual fue el de siempre cuando se trata de ver de cerca a la Selección: las filas, el tumulto, la reventa, la venta de camiseta “3 por 20.000”, las pelucas desteñidas del Pibe, las banderas que protegen del frío, el enjambre de vuvuzelas... Fue una larga espera para ver a los ídolos.
‘Show’, fiesta, adiós

Uno a uno fueron saliendo desde el túnel, cada uno con su propio resplandor. Todos avivados. Unos más que otros, pero todos con el caluroso aplauso. Ospina encabezó el desfile, luego Fabra, Zapata, Sánchez, Aguilar, Mateus, Arias, Murillo, Vargas, Tesillo, Lerma, Izquierdo, Barrios, Borja, Muriel, Dávinson, Bacca, Arboleda, José Cuadrado –quien fue aplaudido como si fuera Juan Guillermo–, Mojica, Mina, y ahora sí Juan Guillermo Cuadrado estremeciendo el estadio. Al fin asomó James Rodríguez y algún infarto tuvo que ocurrir en las tribunas, que se sacudieron como si hubiera hecho un gol sin siquiera pisar el pasto. Después de él salió su compadre, su inseparable socio Falcao García. “Tigre, Tigre, Tigre”, rugieron en las gradas. Fue el grito que quedó pendiente hace cuatro años. Luego pasó Quintero. La marcha la cerró Pékerman, que alzó los brazos para recibir los gritos que le cayeron como abrazos.

Pocas veces un hincha tiene la posibilidad de alentar a los dos equipos en disputa, de gritar los goles de ambos, de corear los apellidos de todos. Así fue la exhibición que dio la Selección anoche. Dos tiempos de 15 minutos. Lo único que fue como siempre fue la rechifla para el árbitro, para Wílmar Roldán. La ola amarilla arrasó por las tribunas, y en la cancha el artista Maluma dio el saque de honor. Así rodó la pelota. Un entrenamiento sin riesgos, sin alegatos, sin protestas. Un partido ideal.

En un equipo jugaron Vargas; Mina, Murillo, Mojica, Sánchez, Lerma, Quintero, James, Falcao, Muriel y un sub-20. En el otro, el azul, Ospina; Arias, Davinson, Tesillo, Fabra, Barrios, Izquierdo, Cuadrado, Borja, Bacca y otro sub-20. Fueron 15 minutos para que James hiciera uno de sus pases de gol y Muriel anotara. Y para que Borja demostrara que se aferra a Rusia, con el gol del empate.

En el segundo minitiempo, Falcao abandonó la cancha; ya había hecho su show con solo estar allí presente. Mejor que el Tigre no arriesgue. Hubo tiempo para un penalti que le atajó José Cuadrado a Quintero y para algún amague de James. Todo para desatar la locura de una multitud que no paró de corear: Colombia, Colombia, Colombia.

El partidito terminó. El resultado era lo de menos. Con el pitazo final entró a la cancha la atleta Catherine Ibargüen, con la bandera de Colombia en las manos. Falcao, el capitán, la recibió.

No era solo una bandera, era más que eso: “Le entrego el corazón de los colombianos; creemos en ustedes. Dios los bendiga, mi Selección”, dijo Ibargüen. Falcao tomó la palabra, desató la euforia. “Quédate tranquila que este grupo lo va a hacer. Llevamos el corazón de 50 millones de colombianos y vamos a defender esta bandera”, dijo, y todos aplaudieron: el público, los jugadores, Pékerman. Un solo aplauso, un solo corazón.

Fue cuando se prendió la fiesta en El Campín. El cielo se iluminó con un show de fuegos artificiales, y en la cancha, con el artista Maluma que puso a bailar a Cuadrado y a Mina y a toda la Selección. Falcao cogió el ritmo y a su paso de capitán, los demás jugadores se contagiaron. En la tarima practicaron el baile, el que quieren dar en la cancha, en el Mundial de Rusia.

La noche ya estaba completa. Pasó la fiesta, la alegre despedida. A los futbolistas les queda cerrar equipajes, guardar en el fondo la bandera, el corazón de un país, e iniciar su marcha rumbo al Mundial, en el que seguro no les faltará el calor de toda Colombia.

PABLO ROMERO
Redactor de EL TIEMPO
En twitter: @PabloRomeroET

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