Francia le puso algo de orden al Mundial y sacó a Bélgica

Francia le puso algo de orden al Mundial y sacó a Bélgica

Fue una linda semifinal, que mereció más goles, pero que solo tuvo uno.

Selección de Francia

Los jugadores de Francia celebran el gol contra Bélgica.

Foto:

Reuters

11 de julio 2018 , 11:47 a.m.

No todo en Rusia es locura, romper la banca, pararse de cabeza para ver el fútbol al revés. Francia es campeón Mundial y Francia ya es finalista del Mundial. Las aguas, de alguna manera, regresan a su cauce. Francia, reina en 1998 y subcampeona en el 2006, está a un partido de su segunda corona, ahora, en esta Copa del Mundo sorprendente y maravillosa.

Los merecimientos son todos, empezando por haberse deshecho de la deliciosa y corajuda Bélgica, una mezcla que cada vez se ve menos en el fútbol de alta competencia enfermo de resultadismo o lirismo puro, que también mata. Bélgica bien pudo haber estado en la final del domingo en Moscú, a la sombra de la estatua de Lenin en el estadio de Luzhniki. Seguro que el sábado en el partido del tercer puesto tendrá una flor al valiente soldado conocido.

El 1-0 de Francia, con cabezazo de Umtiti en un córner a los 5 minutos del segundo tiempo, es gigante desde las explicaciones técnicas, pasando por las fórmulas tácticas, adentrándose en los terrenos físicos de la hombría y entendido desde el diván de la mentalidad.

El partido amenazaba ser partidazo y cumplió. Del minuto 1 al 96 no se quedó en promesa de emociones. Hubo buen fútbol que provocó espasmos, pelos de punta, carne de gallina y gritos con epicentro en San Petersburgo y réplicas en los cuatro puntos cardinales del planeta. Le faltaron más goles a esta semifinal. La merecía.

Juventud, divino tesoro

A los franceses les cabía la sospecha de ser chicos prometedores sin el peso de los años en sus piernas y cabezas; y los más expertos les señalaron tantos sus virtudes como la desconfianza que les asaltaba quizás con el eco entre oreja y oreja de esa máxima futbolera que asegura que los partidos los ganan los jóvenes, pero los títulos son asunto de los veteranos.

Pues lo primero fue una demostración de agallas para soportar el infierno que los diablos belgas encendieron en el comienzo del partido con un Hazard gambeteador e inquieto y un De Bruyne cerebral y pausado, apoyados en la velocidad de crucero a lado y lado del campo. La superioridad de número en la media cancha se notaba. El 3-5-2 arriesgado de Bélgica se imponía en circulación, volumen e intensidad.

Fue entonces cuando las manos del portero Lloris y las piernas firmes de Varane y de Umtiti, las torres centrales, con el corazón de Pogba y Matuidi, aguantaron el partido en la caldera: tiro cruzado de Hazard, a los 15 minutos… ¡Uyyy! Remate de Hazard desviado por la coronilla de Varane, a los 18… ¡Ayyyy! Balón que cayó como una bomba al corazón de área y Lloris lo puñeteó imitando el vuelo de Supermán, a los 19… ¡Uffff! Potente mediavuelta de Alderweireld y atajadón bis del portero, para la antología de este Mundial, a los 21… ¡Nooo! Lloris congeló el infierno.

A la personalidad para soportar el fútbol belga le agregó los vectores del ordenador táctico de su técnico Deschamps, que aplicó el principio mínimo para equilibrar la mitad de la cancha para e irse sin daño al descanso sin modificar la posición de sus jugadores: hizo que las líneas fueran más cortas, que los defensas jugarán a 8 metros de los volantes y estos, a otros 8 de los delanteros y retrocedió a Mbappé y a Griezmann para dejar solo en punta a Giroud.

Así Francia equilibró el juego y tuvo lo suyo: un latigazo de Matuidi, un cabezazo en media vuelta -si, como lo lee, un cabezazo en media vuelta- de Giroud y disparo de fuego de Pavard que Courtois sacó con el tobillo.

Gol, aguante y final

El fútbol es misterioso y bello. Un juego. Lukaku, el temible goleador belga cabecea, recién empezando el segundo acto, pero su pelota es desviada por Varane. Tres minutos más tarde, recién empezando el capítulo final, Umtiti ataca la pelota lanzada desde la esquina por Griezmann y la clava en gol ante el desconcierto de Fellaini.

De ahí en más Francia clavó cemento en el alambrado alrededor de su área y en ese alambre pinchó la pelota de fantasía que se pasaban los belgas de guayo en guayo en busca del espacio para el pase letal o el tiro al gol. Francia contragolpeaba. Tenía el espacio y los jugadores para atacarlo, mientras el 62 por ciento de la tenencia de la pelota era del rival. Ese indicador engañoso con el que no se ganan los partidos y que, en cambio, lo vuelven triunfo las jugadas puntuales definitivas como un nuevo paradón de Lloris, en el minuto 81, a un bombazo de Witsel.

El partido prometía todo y cumplió. La semifinal fue digna de este Mundial maravilloso al que Francia, llena de jóvenes bien preparados y con un DT que está a punto de ser campeón mundial como entrenador y jugador, como solo lo son los legendarios Zagallo y Bekenbauer, pone ahora algo de orden al dejar en el camino a una Bélgica muy estética, muy admirada y, hoy, muy eliminada de la final.

GABRIEL MELUK
Enviado especial de EL TIEMPO
Rusia
En Twitter: @MelukLeCuenta

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