Colombia: adiós al Mundial de Rusia con honor y sin gloria

Colombia: adiós al Mundial de Rusia con honor y sin gloria

La Selección quedó eliminada luego de perder en la tanda de penaltis con Inglaterra.

Selección Colombia

Los jugadores de la Selección Colombia se lamentan por la eliminación del Mundial Rusia 2018.

Foto:

AFP

03 de julio 2018 , 11:00 p.m.

Un minuto, solo debo tener uno de reposo. Es solo tomar aire y exhalarlo de un golpe fuerte de pulmón. Para teclear las primeras palabras de esta crónica de la eliminación de Colombia, hay que bajar las pulsaciones y escoger uno entre tantos retratos triste de nuestro final en el Mundial de Rusia. De antemano, ofrezco mis disculpas por narrar en primera persona, pero la verdad es que no encuentro otra forma –ni persona, en serio- para hacerlo.

Si así estoy, no quiero imaginar el drama de Carlos Bacca, que con la camiseta de pañuelo secaba sus lágrimas en su salida rápida de la cancha rumbo al camerino. A cinco metros de él, en nuestros escritorios muy cercanos a la cancha y encima del banco colombiano, se le veía la mueca de dolor llanto. Sufría. Lerma intentó darle un abrazo solidario, pero Bacca siguió sin freno en su ruta de la derrota.

Pascual Lezcano, el mánager del cuerpo técnico, se le atravesó en la boca oscura de túnel y lo abrazó con fuerza. Bacca, que acababa de errar el segundo penalti de Colombia en el desempate contra Inglaterra tras un milagroso 1-1 en 120 minutos, descargó la eliminación en el hombro del argentino. Y a ambos se los tragó el estadio. En la serie desde los 12 pasos ellos ganaron 4-3.

De pronto veo a Mateus Uribe, que camina de frente hacia donde estamos, tan desencajado como Bacca, con tantas lágrimas como las de Bacca, con tanto dolor como el de Bacca. También falló su cobro al reventarlo contra el horizontal.
Intento retener cada uno de sus gestos cuando aparece James Rodríguez, el crac ausente por una lesión que lo hizo sufrir el partido en la tribuna, y lo arropa con su brazo, lo protege, como si le tirara un manto poderoso para esconderlo de la pesadilla. Lo mete en el banco de suplentes y se sientan. James que llegó de superhéroe se derrumba con él y ambos no pueden parar sus llantos con sollozos de niño y ojos colorados. Descansan sin descansar, conmocionados, esa frustración de lo que pudo haber sido y no fue.

Se quedan ahí tres, cinco, siete minutos mientras las cámaras siguen la cara triste de James, que jugó quizás el papel determinante del partido al no poder jugarlo por lesión. Un contrasentido tan real como definitivo.

Y también llora incontenible más atrás, más lejos, David Ospina, el portero que hizo su tarea al atajar el penalti de Henderson con el que ponía adelante a Colombia en el desempate.

Y en el piso, con la cabeza metida entre la tierra, Carlos Sánchez lamenta otro de los sufrimientos que le dejó este Mundial, los que empezaron con su penalti cometido y con expulsión a los tres minutos en la derrota contra Japón en el debut. Este martes, en Moscú, Sánchez provocó el penal gigante y sin excusas contra Kane: lo agarró, lo embistió, lo obstruyó, se le echó encima y lo derribó. Kane ejecutó el 1-0 a los 7 minutos del segundo tiempo.

Ni la inmediatez, ni los sentimientos encontrados, imposibilitan el análisis. Lo complican, eso sí; como se complicó la Selección en el primer tiempo defensivo con tres pernos de marca en el mediocampo (Carlos Sánchez, Barrios y Lerma) para estar firmes y detener a los ingleses. El principio era evitar un gol en contra, pues el fin era la esperanza de triunfo en el 0-0, mucho más sin tener a James y la espera de la zurda de Quintero que esta vez no apareció. Una cosa es con violín y otra con guitarra.

En el trabajar el partido y rozar y chocar y forcejear en cada pelota quieta en contra se fue yendo el duelo en roces y peleas con la paranoia nacional de culpar al árbitro estadounidense Mark Geiger, que disparaba tarjetas amarillas a los nuestros que peleaban el partido de manera literal. Eso sí, el juez apenas sacó dos para los ingleses. Le faltaron un par. Nada más.

Con el 1-0 ya no había que defender nada y Bacca, Uribe y Muriel entrando por Lerma, Quintero y Carlos Sánchez en busca del ataque del empate.

No hay otra vía distinta a la del milagro para entender que en la última jugada del tiempo reglamentario, a los 93 minutos, luego de que Uribe disparara su última bala por sorpresa y a 22 metros para que Pickford estirara el balón al córner. Pues de esa esquina voló la pelota que volvió a martillar Yerry Mina, como cabeceó contra Polonia y Senegal, y empató lo que ya estaba perdido. Inverosímil.

Pasó la media hora del alargue entre intentos de lado y lado, peleas con el juez, quejas y reproches y un remate de apretar los dientes en el área de Ospina. Luego fue el final ya contado...

Ahora que la cancha está vacía y que Inglaterra bajó a Colombia del Mundial en la estación de los octavos de final, y que vienen a echarnos de la tribuna de prensa porque ya es hora apagar las luces y cerrar los teclados, comprendo eso de que Dios es colombiano cuando metió con la cabeza de Mina el 1-1 impensado e inesperado y entiendo también que Él salvó a la reina cuando estrelló el penalti de Uribe en el palo y le puso la corona al portero Pickford para atajar el remate de Bacca.

Colombia se reconforta en su honor reafirmado en la cancha del Spartak, pero se quedó sin la gloria en una noche en la que derramó sudor y lágrimas de hombre.

GABRIEL MELUK
Enviado especial
Moscú
En Twitter: @MelukLeCuenta

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