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Un especial de EL TIEMPO y Futbolred

Meluk le cuenta... (¡La pesadilla puede ser peor!)

Archivo ETCE

Cuando Brasil se despertó una mañana -la de hoy- después de un sueño intranquilo, se encontró sobre su cama convertido en un monstruoso insecto de fútbol. Estaba tumbado sobre su espalda en forma de caparazón y al levantar su cabeza dura -como la de su técnico- vio un vientre oscuro, hinchado de goles en contra, dividido en ¡siete partes! y le vibraba frente a sus ojos gigantes y salidos una tenacilla de defensa y ataque ridículamente pequeña…

Monstruosa fue esta metamorfosis, esta humillación nunca antes soportada por Brasil que resultó eliminada de la Copa del Mundo, de 'SU' Copa del Mundo, al ser triturada ¡7-1 por Alemania!, que sin ningún esfuerzo, como sin darse cuenta, aplastó a ese bichito ínfimo con el dedo meñique de su pie. Bichito ínfimo… ¡En eso terminó Brasil!

Lo de este martes en Belo Horizonte fue más terrible que el 'Maracanazo' de 1950, cuando Uruguay le ganó la final de aquel Mundial. La goleada es histórica. ¡Jamás vista hasta este martes! Dentro de cincuenta, sesenta o setenta años los nietos se enterarán de esto en quien sabe qué nuevo y maravilloso aparato y sabrán de un odio infinito contra un tal Fred, como ahora se lee igual de un tal Barbosa en blanco y negro que fue condenado a morir en vida.

Brasil renunció a sus principios de siempre y los dioses del fútbol muy ofendidos lo castigaron sin piedad, con tortura extrema: querían que sufrieran por su ofensa, también histórica. Abandonó sus valores tradicionales de juego de pases, de futbolistas inteligentes, habilidosos y talentosos. Guiado por la codicia, bajó a los infiernos y vendió su alma: cambió el toque, las gambetas y la picardía por golpes, choques y, así, repartió guayo a la uruguaya; se preocupó más por poner candados italianos y por poner el juego sobre los aires de los ingleses.

El gran pecado de Brasil fue que quiso levantar su Copa del Mundo con obreros y plomeros… ¡pero sin arquitectos! Y este martes fue peor, pues el único dibujante talentoso real, Neymar, no estuvo en el campo, y su 'maestro jefe de obra', Thiago Silva, tampoco se pudo poner el overol.

Paradójicamente, Alemania, se bajó de los tanques, de sus poderosos Panzer, y como si fuera la verdadera Brasil, jugó al pase simple por el piso, al "tómala vos, dámela a mí" y la destrozó, la humilló, la trituró… Le resultó tan, pero tan fácil jugar, como si estuvieran en el parque, en el potrerito, o descalzos en la arena de Copacabana.

Uno, dos, tres, cuatro, cinco… Así fueron cayendo sencillamente los goles en el primer tiempo. En su primer avance serio, un córner, a los 11, y luego ¡hicieron cuatro en 6 minutos! ¡Del 23 al 29 fue pase, disparo y gol! Y no hicieron más porque sintieron pena ajena entre tanto pega patadas burlado.

Para el segundo tiempo no quisieron atacar. Cuando lo hicieron, apenas dos veces, entonces contaron seis y siete con ridícula facilidad. El descuento al final no fue ni siquiera un gol de honrilla, pues ¡ya no quedaba nada de honra en Brasil!

Y la pesadilla, la metamorfosis de Brasil al amanecer convertida en un monstruoso insecto puede ser peor: ¡Argentina aún puede ser el campeón mundial!​

Meluk le cuenta…

GABRIEL MELUK
Editor de Deportes
Enviado especial de EL TIEMPO
Río de Janeiro

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