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Un especial de EL TIEMPO y Futbolred

Meluk le cuenta... (El fútbol no se queda con nada)

Archivo ETCE

El fútbol no se queda con nada. Alemania y Argentina, uno de los clásicos de la historia, juegan este domingo la final de la Copa del Mundo en la catedral mundial del balompié: el Maracaná. Es un partido que tiene tantas puntas como significados, tantas aristas como símbolos, repleto de coincidencias. En el fútbol jamás habrá una factura vencida.

Nunca una selección europea ha ganado el título mundial en América. Esta poderosa Alemania puede reescribir la historia y convertirse, además, en la más ganadora de mundiales de su continente (4). A su manera, es una magnífica fusión de lo mejor de los estilos de juego que han marcado la vida de este juego a lado y lado del Atlántico: la velocidad, la potencia física, el orden y la disciplina europea; con el toquecito rioplatense y el talento suramericano.

Alemania luce poderosa e invencible, más después del 1-7 a Brasil, con Klose consagrado como único y mayor goleador acumulado de todos los mundiales, batiendo el récord del 'Fenómeno' Ronaldo en su tierra.

Esta aguerrida, pero, en líneas generales, plana Argentina, es una réplica a escala de la Selección que ganó en México-1986 su segunda corona Mundial. Esa Copa fue levantada por "Maradona y 10 más", con la camiseta de rayas celestes y blancas. Hoy puede hacerlo "Messi y sus amigos". Aquella vez derrotaron 3-2 a Alemania. Aquella era dirigida por Carlos Bilardo, exfutbolista de Estudiantes de la Plata. La de este domingo tiene al frente del banquillo a Alejandro Sabella, también en el mosaico de honor estudiantil.

Cuatro años después, en Italia-90, Argentina jugó su última final mundial. Ya pasaron 24 años (¡increíble!) del desgarrado llanto de Maradona al perder 1-0 por un penalti que aún provoca ira contra el juez mexicano Edgardo Codesal cuando el reloj ya llegaba a los 90 minutos. Maradona metido lloró con la banda de capitán en la camiseta azul oscura del uniforme B. El mismo brazalete y la misma camisa que llevará Messi.

Argentina tiene sangre en el ojo. En el 2006, la local Alemania la eliminó, en penaltis, cuando su técnico, José Pékermán (¿les suena…?), dejó a Messi en el banco de suplentes y prefirió al grandote y 'acabarropas' de Julio Cruz, por aquello de la fortaleza del juego aéreo alemán. Y en el 2010, Alemania aplastó a Argentina con Maradona de DT y Messi en la cancha: 4-0.

Este domingo, de ganar, Messi se sentará a la derecha de 'Pele, dios padre', y correrá de ese lugar en la escalera del Olimpo de los mejores futbolistas a Maradona. Messi tiene este domingo una "nueva cita con la grandeza. Si triunfa, el lugar de los hechos le dará lógica retrospectiva a la historia y entenderemos que Lionel Messi necesitaba alcanzar su máximo trofeo en la cancha del archirrival de Argentina (Brasil)", como escribe Juan Villoro en 'Balón dividido' y, agregó, contra otro archirrival mundialista.

Alemania, podrá ser la favorita, pero Argentina tiene una piel especial para estos partidos. Se transforma. Se agiganta. El corazón se le sale del pecho.

El fútbol no se queda con nada. Alemania y Argentina, uno de los clásicos de la historia, jugarán este domingo la final de la Copa del Mundo en el Maracaná. En el fútbol jamás habrá una factura vencida...

Meluk le cuenta...

GABRIEL MELUK
Enviado especial de EL TIEMPO
Río de Janeiro

 

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