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Un especial de EL TIEMPO y Futbolred

El fútbol sigue... (Opinión)

Archivo ETCE

Fue tan fuerte lo que generó la Selección Colombia en el Mundial, que cada nuevo acontecimiento aviva emociones. Este martes, mientras Alemania humillaba a Brasil, más de un romántico se preguntó si no debimos estar ahí, si no hubiéramos hecho una actuación más digna, quizá heroica. Han pasado cinco días desde la eliminación, ya hubo bienvenida descomunal y gracias infinitas, pero el sinsabor de creer que pudimos lograr más, sigue fresco, tan real que hasta celebramos venganzas ajenas.

El país quedó con esa sensación agridulce. Con un convencimiento: hicimos historia, pero merecíamos más. Lo curioso es que no es solo un sentimiento nacional. Este martes en un diálogo con periodistas de GDA (Grupo de Diarios de Latinoamérica), en la aplicación en internet hangout, nos preguntamos qué equipo hizo falta en las semifinales. “Colombia faltó”, aseguró el colega de México. “Colombia”, coincidió el de Perú. “Por supuesto que Colombia”, dijo el de Venezuela. Y así, otros más (Chile, Ecuador…) dijeron que Colombia mereció más. Aún no había jugado Brasil.

Todo esto nos lleva a repensar que Colombia se reinsertó en la órbita futbolera. Eso es muy valioso. Pero es una gran responsabilidad. Nos ganamos un respeto que hay que defender. Ahora creemos que podemos dar más, no nos conformamos. Y hay equipo para anhelar nuevas emociones. Pero no nos podemos detener en lo que pudo ser.

Por supuesto que siguen las nostalgias. Muchos aún deben tener pesadillas con el árbitro español al que acusan sin piedad; otros siguen con la idea de la semifinal en la que “Colombia debió estar”; o anhelando un gol que ya no fue. Hasta se celebraron los goles alemanes como propios. Quizá es hora de ir pasando la página. La verdadera revancha es nuestra. La Copa América es en un año.

Colombia debe aprovechar este aprendizaje. A la Copa América llegará con más experiencia y con el respeto ganado. Debe codiciarla. Lo hecho en Brasil despertó elogios y responsabilidades, pero hay nuevos objetivos. El fútbol sigue.

PABLO ROMERO
Redactor de EL TIEMPO

 

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