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Un especial de EL TIEMPO y Futbolred

Ahora, por toda la gloria... (Opinión)

Jorge Barraza

¡Argentina finalista del mundo…! Esta modesta y laboriosa celeste y blanca llega por quinta vez en su historia centenaria a definir una Copa. Parece increíble, salió de Buenos Aires en medio de la incredulidad general, pero no quedan dudas: esa camiseta rezuma tradición y el domingo estará en el Maracaná.

Antes de comenzar las semifinales veíamos mejor a Alemania que a Brasil y a Holanda que Argentina. Y después de la brutal paliza germana temimos lo peor. “Por Dios, que no nos hagan cinco…”, rezaban familiares y amigos. Pero ahí apareció el temple, la sagacidad, el corazón, la fibra del futbolista argentino. Y también su extraordinaria capacidad táctica. Siempre decimos que el jugador rioplatense, cuando llega a una instancia grande, crece hasta límites insospechados, juega más de lo que puede, traba con los dientes, se transforma en lobo. No quiere perder

Javier Mascherano, de quien no somos devotos, jugó el partido de su vida, ponerle diez sería hereje. ¿Se puede veinte…? Los merece. Él comandó la estrategia, la actuación global del equipo, fue el capitán templado, el mariscal clarividente, la bandera del orden, de la entrega, del riguroso planteamiento cuya consigna era no dejar espacios bajo ningún concepto porque equivalía a perder, estar súper concentrados los minutos que se jugaran, dar el 110 por ciento.

Salió un partido de altísima tensión, en el que ambos se estudiaron, se midieron, se temieron, se buscaron para herirse mortalmente, pero ninguno ofreció un milímetro de terreno, no se dieron la más mínima ventaja. Holanda cercó a Messi y Argentina maniató a Robben. Los dos sabían que si les daban un metro se volvían a casa. Se dio una paridad notable, aunque en el segundo suplementario Argentina estuvo más cerca de ganarlo. Pero fue una mínima luz de ventaja, apenas. Ninguno quería arriesgar de más por temor a que un error los dejara fuera de la final. Y así se dirimió.

Argentina ganando por penales, ¡parece mentira…! No son buenos los argentinos desde los doce pasos. Pero esta vez no dieron posibilidad ninguna al excelente arquero Cillesen, y a su vez Romero se vistió de héroe parando dos disparos en gran estilo.

Ahora viene lo mejor, el reto de la gloria, y también lo peor: Alemania. De sólo pensar en Neuer, Muller, Kroos, Lahm, Schurrle, Hummels, Ozil, Klose… uno se sobrecoge. Pararlos será una tarea titánica, una hazaña. Aquí caben justas las palabras de Alejandro Sabella, que de cara al domingo fue sincero: “Vamos a ver qué podemos hacer. Lo nuestro va a ser lo mismo que expusimos hasta acá: humildad, trabajo y tratar de dar el 100 por ciento”. No cabe más.

Último tango...

JORGE BARRAZA
Para EL TIEMPO

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